¡Arde, bruja, arde! O Las muñecas de Madame Mandilip (reseña del libro)

¡Arde, bruja, arde! (1932) Es una novela de Abraham Merrit, escritor estadounidense nacido a finales del siglo XIX, quien se destacó en los géneros de fantasía y ciencia ficción (sí, también me gusta la fantasía como género literario y la ciencia ficción cuando es amiga del terror) 👻. Inicialmente, el nombre del texto iba a ser Las muñecas de Madame Mandilip, pero por cuestiones de marketing se descartó este título (claro, nombrar brujas ardiendo suena más macabro, supongo).

En su experiencia profesional, el autor tuvo la oportunidad de involucrarse con temas de corte arqueológico, motivo por el cual su obra está permeada por toques relacionados con culturas y razas antiguas, temática que entremezcla exitosamente con el horror, la fantasía y el ocultismo, llegando a tener influencia, incluso, sobre autores como H.P. Lovecraft.

Hacía buen tiempo que no me dedicaba a leer ninguna historia de este género 👹, y en una búsqueda no muy ardua me encontré con este título y me llamó la atención, incluso por el hecho de que tiene una segunda parte (la cual estoy apenas leyendo) llamada ¡Arrástrate, sombra, arrástrate!

Nota: hago esta reseña varios meses después de concluir la lectura, así que es probable que incurra en algunas imprecisiones.

😍 Si vas a leer el libro:

Este libro no es muy extenso y es súper digerible. Nada de romanticismo, de técnicas literarias complejas ni de darle muchas vueltas al asunto. Es de esos textos que te mantienen ávido de curiosidad de principio a fin (a veces hace falta leer historias que se mueven rápido, sobre todo para las personas que tienden a aburrirse pronto con los libros o que no son lectores muy frecuentes). Si te sientes identificado y quieres una historia emocionante para desoxidar un poquito, te recomiendo este libro.

La historia del libro se encuentra enmarcada en un capítulo particular de la historia del doctor Lowell, hombre de mediana edad, quien era un reconocido médico especialista en neurología y trastornos cerebrales. Un día recibe en el hospital a un hombre que había sido víctima de una extraña y perturbadora parálisis, el cual fue llevado allí por un mafioso apellidado Ricori, quien le ofrece una enorme cantidad de dinero por salvar a su servidor, o, al menos, por descubrir de qué se trataba el extraño mal que le había atacado tan repentinamente.

A partir de este suceso, la historia empieza a tener un matiz de suspenso, intriga y, más tarde, de terror, pues el doctor Lowell empieza a investigar la causa de este mal, pues nunca en su vida había sido testigo de un trastorno con estas características tan singulares.

😓 Si no vas a leer el libro:

Entonces retomemos desde el párrafo anterior. El doctor Lowell quedó tan perturbado con el extraño caso (se trataba de una parálisis en la que la persona quedaba totalmente perdida en una mueca de horror y no respondía a ningún estímulo exterior, lo cual le llevaba a la muerte en un espacio de pocas horas, caracterizándose también por un rigor mortis excesivamente rápido y porque, además, ciertas células del cuerpo presentaban una fosforescencia que nunca se logra explicar) que decidió escribir a otros médicos preguntando si habían tratado a pacientes con síntomas similares.

Mientras transcurría su investigación, tuvo contacto mucho más frecuente con Ricori, quien estaba convencido de que lo sucedido tenía relación con el “arte negro” (como se le va a denominar definitivamente) y la brujería, ideas que eran drásticamente rechazadas por el doctor Lowell, en correspondencia con su papel como científico. Ricori también empezó a investigar por su parte, conociendo este de manera estrecha la vida de su servidor fallecido, y fue así como luego fue llevado por McCann (quien era el servidor más leal de Ricori) a la casa de Lowell, luego de haber sido, nada más y nada menos, "apuñalado por una muñeca" 😒.

Por obvias razones, Lowell no creyó en lo más mínimo esta versión de los hechos, y su primera reacción fue sospechar que McCann y el conductor habían sido cómplices de asesinato. Mientras, Lowell trata de actuar con cautela, pues no le es dado fiarse de una historia fantástica de muñecas asesinas, pero también es consciente de todos los acontecimientos extraños que han sucedido y de las múltiples pruebas extrañas que ha visto de que, en realidad, algo muy particular podría estar pasando.

Para ganar la confiabilidad de Lowell y descubrir al atacante de su jefe, McCann toma cartas en el asunto y busca a la hermana del primer fallecido, quien le da información relevante sobre un caso similar, y es de donde obtienen entonces el dato de que, muy seguramente, las muñecas fabricadas por una mujer conocida como Madame Mandilip 👀podrían tener alguna relación con ambos casos de muerte.

Así, Lowell y los sirvientes de Ricori dan con el lugar donde Madame Mandilip tenía una tienda en la cual vendía muñecas fabricadas por ella misma, y empiezan a vigilarlo día y noche hasta que obtienen varios datos sobre quiénes lo habitan (Madame y una joven de aspecto enfermizo) y sus costumbres.

Luego de la muerte, por causas similares, de una de sus enfermeras (fundamental en la historia porque señala el modus operandi de Madame Mandilip, quien atrae a algunas personas y les ofrece realizar una muñeca con la réplica de su propia imagen, hipnotizándoles para tal fin y, una vez terminada su obra, la persona muere y pasa a ocupar el cuerpo de la muñeca, la cual es comandada por su fabricante), Lowell decide ir personalmente a la tienda, donde se hace pasar por otra persona para ver qué tan cierta podía ser toda la información que conocía sobre esta mujer.

En las visitas que hace a Madame Mandilip se percata de que, efectivamente, es hipnotizado al entrar; incluso esta tiene la capacidad de cambiar su apariencia física para ganar la confianza y la admiración de las personas de su interés. Además, vio la muñeca de su enfermera, lo cual le deja ya un mínimo porcentaje de duda sobre las hipótesis de Ricori y McCann (independientemente de que una parte de sí se resista a aceptar lo que él considera como fantástico).

Siendo conocida por la bruja la artimaña de Lowell, envía a sus muñecas a asesinarlo esa misma noche 🔪. Si bien Lowell sale ileso, las muñecas le arrebataron la vida de su médico acompañante al atacarle directamente y dejar caer sobre este una enorme lámpara, tal como se ve en la siguiente ilustración (y donde se puede tener una idea del tamaño de las muñecas).

Por cierto, las ilustraciones son geniales. Todas de Virgin Finlay.
La captura es de mi Kindle.
Una vez Ricori se repone del ataque, deciden enfrentar a la bruja. En este último episodio soportan un ataque de esta mediante hipnotismo que, a mi parecer, fue narrado de modo suficientemente descriptivo. Aquí, la muñeca de la enfermera, a la cual se describió como la única que lograba resistirse al mandato de la Madame, logró ayudarles en su escape del encantamiento a cambio de su propia vida. Y es así como, finalmente, lograron producir un incendio y fue así como la bruja ardió, dando fin a la historia y descubriéndose el misterio.

💅 Mi opinión sobre la lectura:

La historia estuvo bien estructurada, a pesar de todo el entramado que se da por las investigaciones que van realizando los personajes para descubrir el misterio, así que no hay lugar a confundirse porque todo es bastante claro. Tampoco me parece que hayan sobrado personajes o que el autor se haya detenido en diatribas innecesarias (lo único que se ve un poco en relación con este punto son las consideraciones ocasionales de Lowell, quien se niega a dar crédito a la posibilidad de la existencia del mencionado “arte negro”, incluso después de enfrentar a Madame Mandilip personalmente).

Considero que fluye maravillosamente por la mezcla entre terror y misterio. La narración no tiene pausas innecesarias y se centra únicamente en los sucesos, así que no hay tiempo para detenerse en descripciones de paisajes o de personajes (las que hay son apenas suficientes); los caracteres de cada uno de estos se develan a lo largo de la historia y apenas en lo sustancial. Así que pueden estar seguros de que es una de esas historias que atrapa con facilidad, sobre todo para lectores con poca paciencia.

© K. Sánchez (11/08/21)

Cuando la fantasía sabotea la realidad (reseña del libro Madame Bovary)

Una de mis últimas lecturas, la cual tenía pendiente desde hacía muchos años ya (desde que estaba en el colegio, para ser sincera), me estaba martillando la cabeza desde el año pasado nuevamente porque, como dije en un post anterior, inicié con un ciclo de ‘chicas malas’, en el cual he leído La dama de las camelias, Manon Lescaut, Trilby y ahora, indefectiblemente, tenía que leer esta obra por las referencias que tenía de la Madame que aquí se presenta.

Imagen tomada de Flick.
Madame Bovary es una obra de Gustave Flaubert (tengo entendido que la más conocida junto con ‘La educación sentimental’), escrita a mediados del siglo XIX. Además me iba muy bien porque tengo cierta fijación excesiva con los franceses de la época y el realismo, siendo asidua lectora de Balzac, enamorada de Stendhal y con lecturas recientes de Charles Nodier, por ejemplo.

He leído algunas fuentes en la web en las que dicen que el personaje de Emma Bovary estuvo basado en determinadas mujeres (o probablemente, digo yo, en una mezcla de todas) que se relacionaron con el autor. En lo personal, el contenido de este artículo me pareció sumamente ilustrativo a ese respecto.

Si vas a leer el libro 😍:

No voy a cometer la canallada que hizo el personaje que escribió la introducción de la versión que leí, porque, desgraciadamente, decía lo que iba a pasar al final (fue como una cuchillada, en realidad). En resumen (resumen sin spoilers), Madame Bovary es una chica llamada Emma que contrae matrimonio con un médico llamado Charles Bovary, quien, según parece, es un hombre bastante simple, sonso y falto de carácter.

Por el contrario, Emma era una mujer de ideales bastante altos, quien fantaseaba con la vida de la alta sociedad en París, con los romances de las novelas de la época. También muy instruida e inteligente, así como atractiva. Después de casarse, no tarda mucho tiempo en reconocer su enorme insatisfacción, pues el matrimonio no es lo que ella había imaginado. Desde ese momento empiezan sus aventuras (eres libre de tomar el término como mejor te convenga y seguramente no vas a malinterpretarlo), pero ese sentimiento de hastío e inconformidad nunca llega a desaparecer, provocándole cada vez mayores decepciones.

Nos encontramos en esta historia con una personalidad femenina bastante curiosa, apasionada e intensa, sumamente memorable para cualquier lector, pues escapa totalmente de lo que uno esperaría de una mujer en el siglo XIX.

Si no vas a leer el libro 🙉:

Seguramente ya leíste el párrafo anterior. Pues bien, no puedo dejar pasar el hecho de que me gustó bastante la manera en la que inició el libro, pues se narra una anécdota de Charles Bovary en el salón de clases, un joven que va a la escuela por primera vez, y de allí se parte para hablar de sus padres (curiosa la figura del señor Bovary, a quien se pinta como un borracho, insensible y de escasa moral) y de cómo resultó siendo médico, después de haber tenido varios altibajos en el proceso.

Tal como lo dije anteriormente, no queda duda de que el tipo era bastante sonso y simplón, sin grandes aspiraciones y de un carácter sumamente endeble. Su primer matrimonio fue con una mujer mucho mayor que él, quien, a pesar de no resultarle atractiva en ningún sentido, resolvió casarse con ella por consejo, pues se decía que era una mujer adinerada. Vivió buen tiempo bajo el yugo de esa relación sin gota de satisfacción, pero, de algún modo, la quería (probablemente, digo yo, por la estabilidad que le proporcionaba, porque era una relación absolutamente plana en su amargura):

“Cuando todo hubo acabado en el cementerio, Charles volvió a casa. No encontró a nadie abajo; subió al primer piso, al dormitorio, vio su vestido que seguía colgado al pie de la trasalcoba; entonces, apoyándose en el secreter, permaneció hasta la noche sumido en una dolorosa ensoñación. Después de todo, le había querido”.

Como era médico en un pueblo, tenía que viajar con frecuencia a visitar a los enfermos que le requirieren. Así fue a parar un día a la hacienda en la que vivía el señor Rouault, viudo, con su hija, Emma, quien logró captar su interés. Así, de algún modo, lograron atraerse lo suficiente y, luego de la muerte de la primera esposa de Bovary, no pasó mucho tiempo hasta que Charles pidió su mano. Emma había fantaseado mucho tiempo con el matrimonio y con el amor de su vida (tal como sucedía en las novelas que venía leyendo desde que estaba en el instituto, historias con las que fantaseaba constantemente), por lo cual acogió la idea de muy buena manera.

En estos primeros meses de matrimonio, hubo una ocasión en la que la pareja fue invitada a una fiesta en el castillo de un personaje muy influyente. Emma quedó ENCANTADA con todo aquello (¡era justo como lo había leído en las novelas!), a pesar de que se puede ver en la narración de este episodio que, obviamente, ella no era una mujer de sociedad (aunque se rescataba su gusto para vestir y su esbeltez):

“Se suscribió a La Corbeille, revista para mujeres, y al Sylphe des Salons. Devoraba, sin saltarse nada, todas las reseñas de estrenos de teatro, carreras y fiestas de sociedad, se interesaba por el debut de una cantante, por la apertura de una tienda. Estaba al tanto de las modas nuevas, de la dirección de los buenos sastres, de los días de Bois o de Ópera. Estudió en Eugène Sue las descripciones de mobiliario; leyó a Balzac y a George Sand buscando satisfacciones imaginarias a sus apetencias íntimas. Llevaba el libro incluso a la mesa y pasaba las hojas mientras Charles comía y le hablaba”.

Después de este momento, Emma no pudo volver a ser una esposa conforme. Admitió que había sido demasiado estúpida al haber aceptado casarse con Bovary, y sus fantasías con los lujos, los romances apasionados y la vida parisina se avivaron como nunca. Por su parte, Bovary era cada día más feliz con ella, pues el sólo hecho de contemplarla para él era ya como haber logrado todos los sueños de su vida. Para ser más ilustrativa cito los siguientes párrafos, el primero relativo a los sentimientos de Charles y el segundo a los de Emma:

“No podía resistirse al deseo de acariciar continuamente su peine, sus sortijas, su chal; a veces le daba sonoros besos en las mejillas, o besitos en hilera por todo su brazo desnudo, desde la punta de los dedos hasta el hombro; y ella lo rechazaba entre risueña y enfadada, como se hace con un niño que se te cuelga encima.

Antes de casarse, ella había creído estar enamorada; pero, como la dicha que debía resultar de ese amor no llegó, pensaba que tenía que haberse equivocado. Intentaba saber qué se entendía exactamente en la vida por las palabras felicidad, pasión y ebriedad, que tan hermosas le habían parecido en los libros”.

En este punto, Bovary decide cambiarse de casa para complacer a Emma, a quien veía muy meditabunda e irritable la mayor parte del tiempo. Así, llegaron a un pueblo llamado Yonville, guiado el médico esencialmente por Homais, un farmacéutico que requería de su sombra para poder ocultar algunos movimientos políticamente incorrectos (por no decir ilegales) que había realizado con anterioridad, cuyo carácter ambicioso y egocéntrico tiene mucha influencia en el desarrollo de la historia, aunque no ahondaré en ello.

Importante aquí el hecho de que Emma llegó embarazada a Yonville, lo cual no cambió en absoluto su modo de ver la vida, ni fortaleció de ninguna forma la relación de pareja. Incluso, se puede ver cómo siempre rechazó a su hija (a quien nombró Berthe por haber sido un nombre que oyó en la fiesta a la que acudió en el castillo) ni tuvo ningún miramiento con ella.

Pasado el tiempo, empezó a tener una relación muy estrecha con un joven estudiante de Derecho llamado León, pero nunca se atrevió a decirle absolutamente nada, y cuando León le dijo cuánto la amaba, ella lo rechazó sin ninguna pena. Es curioso, porque a pesar de la manera en la que se describía su mente, llena de deseos de tener un apasionado romance y de soñar con él, no dio ni la más mínima pista sobre sus emociones al respecto, sino que se dedicó a sentir intensamente su dolor por estar enamorada de otro hombre, lo cual se confundía indefinidamente con un hastío que era muy típico en su modo de ver la vida.

“Lo que la exasperaba era que Charles no parecía sospechar su suplicio. La convicción que su marido abrigaba de hacerla feliz le parecía un insulto estúpido, y su seguridad en ese punto, ingratitud. ¿Para quién era honrada? ¿No era él el obstáculo a toda felicidad, la causa de toda miseria, y como el puntiagudo hebijón de aquella compleja correa que la ataba por todas partes?”.

Pero, finalmente, al no recibir ninguna respuesta favorable por parte de Emma, León desesperó con la situación y abandonó Yonville. En este momento Emma empezó a decaer, cosa que Bovary, desde ese entonces, estuvo seguro de que su mujer tenía algún tipo de trastorno del sistema nervioso. En mi concepto, Emma tenía ciertas fluctuaciones particulares que se veían motivadas según las influencias directas que considerara más novelescas. Pasaba por periodos de ira incontrolable, luego era sumisa y trataba de ser una buena mujer, luego volvía a recordar la frustración que le generaba su matrimonio y su vida (tan alejada del real lujo de París), y así, sucesivamente.

Aquí aparece otra figura fundamental en la vida de Emma: Rodolphe, un hacendado del pueblo que llegó a ser su primer amante. También me pareció muy interesante la narración del momento en que logró seducirla, pues ella hizo un enorme esfuerzo, primero, por evitar que se diera la situación en que estuvieran solos y, segundo, para resistirse a sus encantos. Así, no se podría decir que Emma fuera una mujer abiertamente malintencionada, pues aparentemente trató de respetar su matrimonio (independientemente de que no la hiciera feliz). Pero, finalmente, cayó y empezó un romance que le devolvió toda aquella ‘chispa vital’ que tanto había deseado, acrecentando, a su vez, el desprecio que sentía por su esposo.

Después de varios años de romance intenso con Rodolphe y con cero sospechas por parte de Bovary (esta otra característica muy típica de él: nunca llegó a dudar de su esposa), se empezó a develar otro rasgo particular de Emma: se enamoró profundamente de su amante y tenía conductas mediante las cuales se podía ver que quería ‘tenerlo sólo para ella’, lo cual era ciertamente molesto para Rodolphe, quien desde el principio la había querido sólo para un romance carnal. A propósito cito el siguiente fragmento, de una conversación entre ambos:

“Además, tenía ideas raras.

—Cuando den las doce de la noche —le decía—, ¡tienes que pensar en mí!

Y si él confesaba que no lo había hecho, le hacía abundantes reproches que siempre terminaban con la eterna pregunta:

—¿Me quieres?

—¡Pues claro que te quiero! —respondía él.

—¿Mucho?

—¡Desde luego!

—¿Y no has querido a otras, verdad?

—¿Crees que era virgen cuando me conociste? —exclamaba él riendo.

Emma lloraba, y él se esforzaba por consolarla, adornando con bromas sus protestas de amor”.

Se complica aquí el asunto cuando Emma le pide a Rodolphe que se escapen. Existía un inconveniente: la pequeña Berthe. Pues Emma decidió que la llevarían con ellos. Y bien, hicieron el plan respectivo y fijaron la fecha y el modus operandi. Pero claro, hay que reconocer que uno como lector se aterra al pensar que Rodolphe estuviera dispuesto a perder así su soltería, pero la respuesta a esto se da la mañana del día en el que planearon el escape: él le envía una carta en la que le dice que no puede hacerlo, y se pierde durante un tiempo.

Cuando Emma lee la carta, el mundo se le viene abajo. Incluso estuvo a punto de lanzarse desde el último piso. Aquí se ya demasiado hace evidente que Madame Bovary tenía un fuerte trastorno de la personalidad. Esa constante insatisfacción, esos cambios frecuentes en su misma rutina, ese afán por llenar su vida con todo aquello que ella deseaba, a pesar de que su realidad no era suficiente para obtenerlo; esa emocionalidad tan fuertemente arraigada que la llevaba a vivir con tanta intensidad, el estar cerca del suicidio cuando ve frustrados sus planes, sus afectos desbordados y su carencia de empatía, que se ve enmarcada por su enorme egoísmo, no me muestran más que a una mujer que vivía más de la fantasía que de la realidad, y muy tendiente a la insatisfacción (invito al lector a referirse al concepto de “bovarismo” en psicología):

“Se había apoyado contra el marco de la buhardilla, y releía la carta con risitas de rabia. Pero cuanto más fijaba su atención en ella, más se confundían sus ideas. Volvía a verle, le oía, le rodeaba con sus brazos; y los latidos del corazón, que la golpeaban bajo el pecho como fuertes golpes de ariete, se aceleraban uno tras otro, a intervalos desiguales. Paseaba los ojos a su alrededor deseando que la tierra se hundiera a sus pies. ¿Por qué no acabar? ¿Quién la retenía ya? Era libre. Y avanzó, miró los adoquines diciéndose: «¡Vamos! ¡Vamos!»”.

A pesar de que he leído varias reseñas en las que el enfoque es el carácter revolucionario de Emma por atreverse a soñar en grande y a salir del típico rol de la mujer, en mi opinión no lo encuentro orientado por esta parte, ya que veo la novela como una obra que se refiere más a un retrato del mundo interior que como a un sujeto valiente, atrevido o ejemplar (como sí se puede decir de Trilby, quien, efectivamente, sí puedo decir que se salía de lo convencional y puede calificarse como un buen ejemplo de liberación femenina para la época, a pesar del desenfreno con el que vivió en cierta época y de su carácter ciertamente servil). Yo veo a Emma más como una víctima de sus propias circunstancias.

Continuando con la narración, Emma cayó en una depresión muy fuerte cuando Rodolphe la abandonó. A partir de ello, cuando empezó a recuperarse, tuvo otro giro interesante porque trató de ceñirse ahora a la religión para hallar consuelo, y así mismo su carácter se suavizó y tendió a la abnegación y un poco a la austeridad. Pero fue un mundo que no logró encantarla lo suficiente. No duró mucho tiempo en esta onda hasta que volvió a desear el mundo maravilloso de las novelas que frecuentaba.

En su intento por levantar su ánimo, Bovary decidió llevarla al teatro, y allí se encontraron justamente con León. Esto dio pie para que, finalmente, terminaran teniendo un romance muy intenso (la constante para Emma). Para mantenerlo, Emma tuvo que mentir bastante y, además, meterse en problemas de dinero (pues para mantener un romance en París era necesario tener un armario acorde, viajar constantemente y, para que el espíritu se mantuviera, tener una casa llena de cada lujo de vanguardia), pues, mediante manipulaciones, logró administrar los bienes de su esposo, quien nunca sospechó de su carácter dilapidador a pesar de lo evidente que pueda parecer para uno como lector.

Pero pasado un tiempo se cansó de León. Después de una discusión por un encuentro desafortunado, Emma dejó de quererlo de la misma manera, y sus sentimientos hacia él cambiaban continuamente. Por su parte, León perdió totalmente el interés en ella. Hasta que, en uno de esos tempestuosos días, al regresar a París recibió una orden de embargo dictada por la autoridad judicial. Todo iba, como se dice, “de mal en peor”. Sus continuos sinsabores se multiplicaban y no paraban de abrumarla sus altas expectativas, que cada vez eran sólo fantasías totalmente frustradas por la realidad, porque Madame Bovary nunca aprendió a soñar del modo correcto:

“¡Qué importaba! No era feliz, no lo había sido nunca. ¿De dónde venía aquella insuficiencia de la vida, aquella podredumbre instantánea de las cosas en que se apoyaba? Pero si en alguna parte había un ser fuerte y bello, una naturaleza valerosa, plena a un tiempo de exaltación y de refinamientos, un corazón de poeta bajo una forma de ángel, lira de cuerdas de bronce que tocara hacia el cielo epitalamios elegiacos, ¿por qué no había de encontrarlo ella por azar? ¡Oh, qué imposible todo!

Además, nada valía el esfuerzo de una búsqueda; ¡todo mentía! Cada sonrisa ocultaba un bostezo de aburrimiento, cada alegría una maldición, todo placer su hastío, y los mejores besos no dejaban en los labios más que un irrealizable anhelo de una voluptuosidad más alta”.

Decidió pedir dinero a León en su próxima visita a París, pero en vista de que no tenía la intención de conseguirlo para ella (obviamente no lo tenía), se enojó de tal manera que decidió no volver a verlo (cosa que a él no le importó mucho, ya que no mucho tiempo después resultó casado con otra mujer). Al regresar a Yonville, incluso trató de pedir dinero a un hombre rico, quien sólo trató de obtener favores sexuales de ella sin tener éxito. Más indignada aún, tuvo que recurrir a un último recurso: pedirle dinero a Rodolphe, su primer amante.

Evidentemente tuvo una respuesta negativa. Y la cuestión es que, después de esta última humillación (ella, acostumbrada siempre a obtener lo que quería de modo sencillo), fue directamente a la casa de Homais, el farmacéútico, y chantajeando a su criado tuvo acceso a un pequeño recipiente de arsénico. Una vez lo consumió, su agonía duró largo tiempo y, a la vez, inició la de su esposo.

La morte de Madame Bovary - Imagen de ©SuperStock/Leemage

El pobre hombre, realmente, empezó a morir lentamente. Además de haber perdido a su mujer amada, estaba arruinado, había dejado de trabajar y había perdido contacto con su madre y con todo el mundo. Para completar su desgracia, este hombre, que nunca se había atrevido a dudar dee la fidelidad de su mujer, descubrió las cartas que se había escrito con León y el mismo retrato de Rodolphe, aunque esto no le sorprendió del todo (muy propio de un carácter tan débil), y, según mi impresión, hasta lo justificó:

“(…) hubo un instante incluso en que Charles, lleno de una furia sombría, clavó sus ojos en Rodolphe, quien, en una especie de espanto, se interrumpió. Pero no tardó en reaparecer la misma lasitud fúnebre en su rostro.

—No le guardo rencor —dijo.

Rodolphe había enmudecido. Y Charles, con la cabeza entre las manos, repitió con voz apagada y con el acento resignado de los dolores infinitos:

—¡No, ya no le guardo rencor!

Y añadió incluso una gran frase, la única que jamás dijera:

—¡La culpa es de la fatalidad!”

Así, esta suma de desgracias le llevó a morir también, aunque no se precisan suficientes detalles. Berthe lo encontró muerto.

Y bien, la cereza en el pastel es que el dichoso Homais se salió con la suya y todas sus canalladas le ayudaron a ser un hombre famoso y de buena reputación, a pesar de sus métodos poco éticos. Y, claro, Lhereux (patrocinador de la ruina de los Bovary, conocedor del punto débil de Emma, a quien no mencioné anteriormente) también obtuvo una buena tajada de la desgracia de estos sujetos. A pesar de que este modo de narración está diametralmente alejado del de Balzac, puedo decir, alegremente, que sus finales sí van por la misma línea: la cruda realidad y los finales que no son tan bonitos.

Y a propósito del tema de la redacción y demás que no he tocado por haberme embelesado narrando la historia, tengo que admitir que desde que comencé a leer el libro me resultó muy acogedor. Es fácil quedarse leyendo largo rato y no sentir agotamiento mientras se contextualiza la historia, lo cual me resulta muy llamativo. Es una lectura que, si bien no tiene excesiva finura y tiene bastantes anotaciones críticas, resulta muy suave, en general, y el enfoque en general está en Emma y en su propia perspectiva (que es interesantísima en todos los aspectos, lo cual hace que sea un personaje de lo más pintoresco y memorable), así que no hay que olvidar “ponerse en los zapatos” de los demás personajes para encontrar una lectura mucho más enriquecedora.

© K. Sánchez (12/04/21).

El ideal vacío del statu quo (reseña de Namiko, de Tokutomi Roka)

Me estoy apenas adentrando en el mundo de la literatura japonesa y la primera novela con la que fui a dar, después de haber leído apenas algunos cuentos, fue con la llamada Namiko de Tokutomi Roka, publicada en los años 1898 a 1899 (por entregas).

zxzx
Namiko, de Editorial Satori
Si quieres leer el libro:

Destaco inicialmente que es una novela muy trágica. Aunque podría decir que los personajes podrían haber sido mayormente explotados, el fondo del texto, a mi parecer, consiguió demostrar de muy buena manera que, en realidad, cuestiones como la honorabilidad y la permanencia de la familia en la tradición japonesa eran un ideal impuesto simplemente para mantener el statu quo, sin poner en ningún momento en consideración cuestiones tan importantes como el libre albedrío.

Así mismo, el rol de la mujer es un tema muy importante para analizar en esta novela, ya que se puede entrever el sacrificio al que se veían sometidas las mujeres casadas, quienes, al mudar de familia, tenían que adaptarse a nuevas costumbres y a un nuevo modo de vida en cabeza del padre o madre de su esposo y, prácticamente, acostumbrarse a ser una especie de sirvienta para, en resumen, ocupar un papel honorable en la familia al haber conseguido ser desposada (pues la cuestión del amor de pareja no parecía ser uno de los fines máximos de este tipo de uniones, según interpreté).

Si mi lector se encuentra atraído por esta temática, adicionándole a ello el fuerte drama que se vive en la novela y su intenso final, omita la siguiente parte J

Si no quieres leer el libro:

Namiko, de la famiia Kataoka, hija de un general de alto rango, es una chica de 17 años que fue desposada por un alférez de marina llamado Takeo, de la familia Kawashima. La historia relata cómo en su primer año de matrimonio eran una pareja muy feliz. Esto a pesar de que, desde que abandonó la casa Kataoka para mudarse con los Kawashima, le había resultado sumamente difícil la convivencia con su suegra, quien era la jefe de este hogar, y cuyo único hijo era el recién casado.

Durante todo el texto se hacen referencias a que la señora Kawashima, de un carácter exageradamente fuerte, se empeñaba en hacer mucho más dificultosa la adaptación de Namiko a su nueva familia. A pesar de ello, Namiko siempre fue una mujer muy noble y paciente y se esforzaba por complacer en todo lo posible a su suegra, independientemente de que ésta nunca reconociera su buena labor. Esto, según se apunta, debido a cierto sentimiento de celos que tenía la señora Kawashima, pues veía cómo su hijo Takeo vivía muy feliz con Namiko como su esposa, y cómo esta se desvivía por complacerle siempre (seguramente un tipo de envidia porque su vida marital nunca tuvo este tinte mientras su esposo vivía).

Había pasado un año de feliz matrimonio cuando Takeo tuvo su primer viaje por motivos de su profesión, y tuvo que abandonar su casa para servir a Japón. Namiko le esperaba con muchas ansias y aguantando, con toda la humildad posible, las humillaciones de su suegra. Mas durante este tiempo Namiko empieza a padecer tuberculosis, motivo por el cual fue trasladada a una casa en una región con temperatura un poco más amable que la de Tokio para promover su recuperación.

Es así como la señora Kawashima, guiada eficazmente por la influencia de su sobrino Chijiwa (quien tenía cierta envidia a Takeo por su posición y por haberse casado con Namiko), empezó a envenenarse cada vez más con la idea de conseguir que Takeo se divorciara de Namiko, pues, al fin y al cabo (y como una excusa presentable ante la sociedad para no admitir sus más hondos sentimientos), el virus de Namiko podría llevar a la familia Kawashima a la extinción.

Takeo, siempre que tenía oportunidad, acudía de visita al lugar donde se hospedaba Namiko, y luego regresaba a la casa familiar. Namiko tenía momentos en los que se empezaba a recuperar y otros en los que recaía con gran fuerza. Entre tanto, la señora Kawashima trató de convencer a Takeo para que se divorciara de Namiko, mas este no accedió, poniendo de manifiesto su profundo amor por Namiko y la felicidad que ella le propinaba, lo cual hacía enfurecer más a su madre.

"Takeo, que solía ser indulgente y paciente con su madre, también se irritó.

—¿Por qué me llama hijo ingrato?

—Porque sí. Estás defendiendo solamente a tu mujer, mientras que desprecias las palabras de tu madre, ¿no es así? Pretendes malgastar la vida que te di con dolor y los innumerables sacrificios que hice para criarte. Y lo peor de todo, haces peligrar el futuro de tu propia familia. ¿No es eso ser un hijo ingrato? Sí que lo es, en grado sumo.

—Pero la humanidad…

—¡Basta ya de la humanidad! ¿A ti te importa más tu mujer que tu madre? ¡Imbécil! Venga a pensar en tu mujer. Y te olvidas de tu madre. No sabes hacer otra cosa que hablar de Namiko. ¡Miserable! ¡¿A que te echo de casa?!

Takeo se mordió los labios dejando caer sus lágrimas más amargas.

—Madre, esto es demasiado injusto.

—¿Cómo que injusto?

—Yo jamás he sido desagradecido. Pero parece que usted hoy no me entiende en absoluto".

Fue así como, en el transcurso de una de las campañas de Takeo, la señora Kawashima se las arregló para conseguir el divorcio de Takeo y de Namiko, e inmediatamente ella fue regresada a la casa paterna, enterándose de la noticia sólo hasta ver a su padre. No hay que imaginar lo doloroso que fue para Namiko este acontecimiento, y, posteriormente, también para Takeo.

Así transcurrió todo hasta que se anunció la guerra, y Takeo, lleno de dolor y de ira, partió gustoso, esperando no regresar.  Por su parte, el estado de salud de Namiko no mejoraba, sumando a esto el peso del dolor que le generaba haber sido separada de su esposo. Se narra, incluso, un acontecimiento en el cual Namiko trata de suicidarse un día, queriendo lanzarse por una pendiente, siendo salvada por una mujer que, por fortuna, estaba cerca.

Y viene aquí un capítulo curioso de la historia, puesto que esta mujer se entrevista con Namiko unos días después y le cuenta también su trágica historia, de la cual concluye que su salvación había sido la biblia cristiana, y le obsequia una para que acuda a ella en sus momentos de desesperación (en en libro se hace referencia a que la religión cristiana no era muy bien vista en aquella época, pues se había tornado más en una cuestión de moda, mas con este discurso, según parece, el autor trata de reivindicarla). El tema no se vuelve a tocar, aunque la mujer aparece también al final de la novela.

Momentos curiosos a partir de esto:

1.    Takeo es herido en la guerra y Namiko le envía un paquete anónimo con algunas prendas que había tejido para él, elementos para su cuidado mientras se recuperaba, frutas y sus dulces favoritos. La emoción de Takeo fue indescriptible y reavivó su amor por Namiko.

2.    Takeo se entera de que Chijiwa, el traidor, había fallecido en la guerra. Admito que fue un momento agradable para mí como lectora (¡Lo siento! Uno aprende a odiar a Chijiwa), pero Takeo sí sintió tristeza y, según dicen, le perdonó por todos sus errores (a pesar de nunca haberse enterado de que pretendió a Namiko).

3.  Takeo (sí, otra vez Takeo) salvó la vida del general Kataoka en medio de un asalto. Aquí se reconocieron y conversaron un poco.

4.    Una pretendiente de Takeo llamada Toyoko (a quien este detestaba), de un carácter ruin, perezoso, rencoroso y grosero (entre otros) fue enviada por su padre a la casa de los Kawashima con la excusa de aprender las tareas del hogar (con el propósito oculto de acercarse a Takeo para ser su esposa luego). A sabiendas del horrible carácter de la señora Kawashima, el lector aquí se figura que no tuvo una muy buena estadía y, finalmente, volvió a la casa paterna, desistiendo de su objetivo.

5.   El general Kataoka, al regresar de la guerra, se da una oportunidad para llevar de paseo a Namiko, quien cada día veía con mayor claridad que su vida terminaría pronto, pero trataba de sobreponerse a ello para satisfacer a su padre. Me ha llamado mucho la atención la manera en la que padre e hija trataban de hacerse felices mutuamente, seguramente los dos previendo un trágico fin. Resalto la figura del padre, puesto que fue siempre muy abnegado y amoroso para con su hija mayor.

En este punto ya se empieza a revelar el final de la historia. Namiko llega a su última recaída justo al volver del viaje que acabo de mencionar, pues resultó muy impactante para ella ver a Takeo en un tren que iba en el destino contrario al que ella se dirigía. Tuvo una agonía de varios días, en la cual cada cosa que sucedía rompía mi corazón de lectora (no lloraba con un libro desde la muerte de Petrilla, del libro así titulado de Balzac). Resalto dos momentos:

1.    Cuando su criada, quien estuvo siempre junto a ella, le habló por última vez:

"En ese momento, Iku, que se había hundido en las lágrimas más amargas a los pies de su ama, se levantó de repente y apretó las manos ya lánguidas de la moribunda. Namiko la reconoció.

—Iku…

—Se… se… señorita, lléveme a mí con usted…

Cuando acompañaron a Iku deshecha en llanto fuera de la sala, volvió el silencio. Namiko cerró la boca y los ojos. La sombra de la muerte comenzó a caer sobre ella".

2.    Cuando, en medio de su agonía, Namiko se lamenta por el simple hecho de haber nacido mujer (lo cual se justifica completamente debido a que todo el sufrimiento de su vida se había debido a esta causa, y lo cual se refuerza muchísimo más debido a que, aún hoy en día, nacer mujer sigue resultando más un punto en contra):

"—¡Ahhh, no puedo! ¡No puedo más! Esto es demasiado duro… Nunca… jamás volveré a nacer mujer… ¡Ahhh!"

Fallece Namiko, sin haber logrado cumplirse su deseo de ver a Takeo en su lecho de muerte, pero con el convencimiento de que su unión con este sería eterna (incluso, ella pide ser enterrada con el anillo de bodas). Me pareció muy adecuado el detalle de que, para el momento del funeral, la familia rechazó la corona que fue enviada y firmada por ‘los Kawashima’.

Y el último momento que lleva a las lágrimas es cuando Takeo se entera de la muerte de Namiko y va a visitar su tumba. Allí se enseña al lector la última carta que Namiko le envió:

«Te escribo porque me parece que mi muerte ya no está tan lejos. Cuando pensaba que no tendría ocasión de volver a verte antes de morir, la piedad del cielo me regaló un breve encuentro contigo el otro día. No puedes ni imaginar la alegría, la enorme alegría que me dio. Sin embargo, siento enormemente no haber podido expresarte mis sentimientos en ese preciso momento, cuando los dos nos cruzamos en trenes distintos» (muy literal y a la vez figurativa esta última expresión).

«Viví en un mundo que nunca estuvo a nuestro favor y he sido desgraciada, pero no guardo resentimiento contra nadie. Aunque mi cuerpo vuelve a la tierra, mi espíritu permanecerá a tu lado eternamente…».

Aunque en la introducción del libro leí que el manejo de los personajes había sido muy plano, considero que no fue necesario realizar una construcción más sólida de los mismos, pues siento que esto también resulta ser una expresión del mismo tradicionalismo de la sociedad japonesa y va muy bien con el estilo de la narración, que se centraba más en los acontecimientos que en elaborar detalladamente los sentimientos o emociones de los personajes, los cuales no pasan desapercibidos en ningún momento para el lector.

Aun así, considero que podía haberse desarrollado más el personaje de Chijiwa. A pesar de que hizo suficiente mal durante la trama, pensé que llegaría a ser peor, pero murió demasiado pronto. En cuanto a los demás (la inmensa mayoría no nombrados aquí por el propósito de resumen de este texto), considero que todos en su rol lograron describir de manera muy adecuada la sociedad japonesa de la época.

Y bien, lo más importante, como decía inicialmente, además de disfrutar el contenido de una buena (e intensa) historia, es poder hacer las comparaciones a que haya lugar sobre el escenario en el que vive cada lector, y para mí ha sido muy llamativo tener en cuenta este papel estereotipado de la mujer, siempre tratando de establecerla por medio de ideales demasiado insensibles al servicio del statu quo, y darse cuenta de cómo este tipo de convenciones sociales, las cuales mudan época tras época y cambian dependiendo del contexto, resultan desnaturalizando la libertad de los seres y sacrificándola en pos de un intangible que no tiene mucho sentido.

© K. Sánchez (20/02/21).

De cómo el amor se funde con el arte (reseña de Trilby, de George du Maurier)

Después de mucho tiempo de no hacer una sola reseña decente, les ofrezco la que acabo de hacer de Trilby, la última lectura que completé en 2020. Aquí vamos:

👀 VERSIÓN SIN DESTRIPES (para no usar el anglicismo ‘spoilers’):

No clasificaría a Trilby como una historia de amor como temática principal. Es un drama que hay que leer en virtud de cada personaje, especialmente de su protagonista (aunque desaparece un buen rato del texto). Aunque tengo varios reparos en cuanto al desarrollo de la historia (esto por encontrar varias similitudes con otras novelas y por encontrar que se trataba de una historia muy predecible, al menos para mi gusto), la lectura fue afable y para nada dificultosa.

Apuntes de carácter satírico y, en otras ocasiones, en tonos de gran profundidad, dejan totalmente claro el gusto artístico de su autor (quien era pintor y no escritor, siendo que él mismo realizó las ilustraciones de su texto), quien hace muchas referencias a obras musicales y describe con mucha gracia todo lo referente a las artes y a las sensaciones que producen.

Trilby se describe como una mujer joven de carácter muy liberal y desaliñado, lejos de cumplir con el ideal victoriano de la época acerca de la feminidad. Lidiando con una vida un tanto trágica, se topa con tres amigos que le harán más dulce la existencia y, posteriormente, con un tremendo músico que, fingiendo tenderle la mano, la acerca con prontitud al final de sus días.

Bastante revolucionaria la figura de su protagonista para su época, lo cual me hace sentir admiración por esta narración. Recomiendo, al hacer su lectura, fijarse lo suficiente en el universo interno de cada uno de los personajes principales, que es un aspecto que da mayor trascendencia al carácter de la obra, y no prestar gran atención a los demás que aparecen (considero que muchos personajes fueron innecesarios).

😍 RESEÑA:

La lectura de Trilby me fue referenciada porque, anteriormente, había leído La dama de las camelias, de Alexandre Dumas. Desde esa lectura, inicié un ciclo de lectura sobre novelas de chicas… difíciles, si me hago entender.

Inicié entonces la lectura. Había sido escrita por George Du Maurier, a finales del siglo XIX. No tenía referencia del autor hasta el momento. Trilby se presenta en el libro como una joven de 20 años en promedio, de una actitud bastante despreocupada y liberal (más de corte masculino en sus costumbres) en relación con la usual conducta que se señala en libros de la época victoriana sobre las mujeres. Además (no sé si fue un error en mi lectura), inicialmente, tuve la impresión de que Trilby no era una mujer de rasgos hermosos (como ya estoy acostumbrada a conocer a las protagonistas), lo cual llamó más mi atención. Tampoco era mujer adinerada, sino una sencilla mujer de clase media y trabajadora.

Fue así como me encontraba con un personaje principal muy alejado de la perfección. Lo único que parecía perfecto en ella eran sus pies, según recuerdo, pues Little Billy (el otro personaje principal) los dibujó y, según se cuenta en la historia, este dibujo fue enmarcado y vendido posteriormente en una gran suma de dinero.

Y bien, para completar su descripción tan poco idealista, Trilby era modelo para desnudos. Precisamente por este motivo conoció a Little Billy (o Litrebili, como le conocían sus amigos en Francia, lo cual me hace resaltar la constante relación que se describe en el libro entre los ingleses y los franceses, tanto así como su vocabulario y sus constumbres), a Taffy y a Laird, tres entrañables amigos que se dedicaban a la pintura.

Se le describe también como una mujer desaforada y poco recatada. Bebía bastante, fumaba y pasaba noches enteras de fiesta y se da a entender que el autor, entre líneas, la describe como una mujer ‘de cascos ligeros’, haciéndose aquí manifiesta una primera similitud con Margarita, protagonista de La dama de las camelias. Como último y trascendental detalle sobre la descripción de nuestra heroína tengo que agregar que tenía una voz terrible para el canto (es graciosa la narración del momento en que los tres amigos la escuchan cantar).

De algún modo, Trilby terminó haciéndose gran amiga de Little Billy, Taffy y Laird, y se entiende cómo su comportamiento fue cambiando a medida que se hacía más amiga de estos caballeros. Se cuidaban mutuamente y vivían con mucha alegría.

Se sabe también después que los tres muchachos se enamoraron de ella, más el texto hace mayor énfasis sobre la experiencia romántica de Little Billy, a quien Trilby rechazó varias veces proponiéndole ser, incluso, hasta su sirvienta, pues se deduce que ella no se sentía a su altura, esto en consideración a sus anteriores comportamientos liberales y a su clase social, y, además, teniendo en cuenta que siempre se describió a Little Billy como un joven impecable, de buena familia y educación, con un futuro brillante en su carrera como pintor.

Y viene aquí otra similitud con La dama de las camelias, pues en un momento Trilby decide aceptar la mano de Little Billy, pero aparece en escena la madre de este y le exige negarse al matrimonio con su hijo, a lo cual Trilby responde aceptando sumisamente y partiendo inmediatamente de París, sin avisar sobre su destino.

A partir de esta tragedia, Little Billy empezó a padecer una ‘enfermedad’ en la cual ya no sentía ningún tipo de amor o empatía especial por ninguna persona (incluyendo a su familia y a sus amigos, ni por el recuerdo de su amada). Fue así como los tres amigos se separaron, y tampoco tuvieron noticias de Trilby.

Se reencontraron cinco años después, todos ya con mayor fortuna y experiencia. Se enteraron entonces del debut musical de una mujer bellísima a quien se le llamaba ‘la Svengali’, quien era ya famosa en toda Europa y, según decían, tenía la voz más hermosa que alguien haya podido escuchar. Decidieron asistir a un concierto suyo en Londres, sobre el cual estaba muy entusiasmado Little Billy, quien siempre había tenido una afinidad muy especial con la música, tal como se evidencia en el siguiente aparte (tomado de un momento en que éste escuchaba tocar a Svengali):

“Mientras duró el hechizo, se dio cuenta de que llegaba hasta el fondo de la belleza y de la melancolía de las cosas, captando su patético trasunto con una mirada interior completamente nueva, que pasaba aun a través del velo de la eternidad. Todo ello constituyó una especie de visión sideral que se desvaneció cuando cesó la música, dejando una viva reminiscencia de su paso y un apasionado deseo de expresar algún día, a través del medio plástico propio, de su no menos nobilísimo arte, la misma insuperable emoción”.

Aquí introduzco la figura de Svengali (quien también apareció desde el inicio de la novela, pero sin un papel esencial hasta el momento), a quien se le describía como un hombre cruel, avaro, ruin, vulgar y visceral y con un ego incalculable, pero, a pesar de todo ello, se le reconocía también como uno de los músicos más brillantes que hubiese existido y que, aparentemente, sólo sufría internamente la desgracia de no tener buena fisionomía para el canto (en la práctica, pues en teoría era un excelente maestro). Y bien, como podrán sospechar, ‘la Svengali’ sí tiene relación con Svengali (y que, me acabo de enterar, hoy en día tiene varias películas así tituladas con su nombre).

Continuando con mi relato, al asistir los tres amigos al concierto de ‘la Svengali’, con gran sorpresa descubren que se trataba, nada más y nada menos, que de la mismísima Trilby (y se vino abajo mi idea de que Trilby no era una mujer hermosa, pues en este punto empiezan a describirle casi como si fuere un ángel). Evidentemente, quedaron en shock después de escuchar la maravilla de su voz y, sumado a ello, al recordar que Trilby no tenía talento para cantar. Era imposible que hubiese aprendido a hacerlo en tan poco tiempo. Inmediatamente después de oír la voz de Trilby, Little Billy se recuperó de su enfermedad.

Entre tanto, suceden algunas situaciones incómodas entre Svengali y su discípula (a quien se conoce como su esposa, pero que en realidad no lo fue ni mantuvo relaciones amorosas con él) y los tres amigos. Resalto un episodio en el que Svengali escupe en la cara de Little Billy, le insulta en alemán y, ante tal impertinencia, termina siendo golpeado por Taffy. Según se entiende, Svengali nunca logró aceptar el hecho de que Trilby amara a Little Billy y, a pesar de todas sus artimañas, no le fue posible obtener tener el cariño ni el favor de ella… al menos conscientemente.

Aún desconcertados por el hecho, los tres amigos acuden a un siguiente recital de Trilby. Aquí quiero comentar que, como una condición necesaria para todos los recitales, Svengali siempre era el director de la orquesta: esto no podía tener otra forma de funcionar, literalmente. Mas en esta ocasión no pudo ser así, pues Svengali había tenido una indicación de su médico y, por un accidente reciente (el impacto emocional del encuentro con Little Billy, la paliza por parte de Taffy y, adicionalmente, un encontrón con Gecko, adorador de Trilby y discípulo también de Svengali), no le era posible ocupar un lugar en el escenario como director.

Independientemente de ello se decidió hacer la presentación, pero Svengali requirió que se le ubicara justo en frente del escenario, en el balcón más próximo al mismo. Una vez iniciado el espectáculo, los espectadores quedaron totalmente indignados ante una Svengali que no podía cantar: los tres amigos reconocieron la vieja voz que ya conocían, para nada melodiosa. Paralelo al desconcierto del público, en ese preciso instante Svengali se desplomó, muriendo algunos minutos después, víctima de la ira de todos los sucesos recientes.

Retiraron a Trilby del escenario, quien había quedado muy afectada y parecía estar bastante confundida, y allí asistieron inmediatamente sus tres fieles amigos. Se alegró mucho al verlos, pero, para sorpresa, cuando le nombraban el tema del recital, no era capaz de articular ningún argumento razonable: era como si le estuvieron tomando del pelo o burlándose de ella, pues, como todos sabían, ella no tenía talento para el canto y nunca en su vida habría podido presentarse ante un escenario conocedor de la música.

El estado de salud de Trilby decayó por completo (otra similitud con La dama de las camelias), mas tuvo unos últimos meses o días de vida (no lo sé con precisión) muy gratificantes junto a sus tres caballeros, quienes le dispensaban todo el cuidado y el amor que eran capaces de ofrecer. Cuando le nombraban la música o el canto su aspecto cambiaba y se indignaba muchísimo, pero, cuando le nombraban a Svengali, se refería solamente a su bondad y a su gran corazón, y la expresión de sus ojos se hacía calmada y soñadora (lo cual siempre llamó la atención de los tres amigos, quienes sabían que Trilby le temía previamente y, por experiencia propia, sabían que había sido un sujeto a quien no se le describiría de esta forma). Así transcurrían esos días que Trilby describía como los más felices de su existencia:

“Desbordaba su corazón amor del amor, amor de la vida y de la muerte, el amor de todo lo que existe y de todo lo que fue y de todo lo que será, lo mismo, exactamente lo mismo, que sintió en su día”.

Y fue entonces cuando un día le fue enviado a Trilby un retrato de Svengali (se dice no conocer la procedencia de este), en el cual su mirada fija se veía tan macabra y penetrante, justo como si se le estuviere mirando de frente. Al verlo, Trilby recuperó inmediatamente su voz celestial, cantó una última canción y falleció con el nombre de Svengali en los labios. Toda Europa lamentó la partida de esta adorada mujer (la siguiente ilustración, de Du Maurier, plasma este momento).

Poco tiempo después, experimentando un completo sinsabor por la vida y habiendo perdido toda inspiración para la pintura, Little Billy también murió.

Luego de haber transcurrido varios años, también en un concierto, Laird, uno de nuestros tres caballeros, se encuentra fortuitamente con Gecko, quien le cuenta todo lo sucedido entre Trilby y Svengali: ella acudió a él al encontrarse en muy mala situación después de varios sucesos lamentables en su vida, pues este le ofreció su ayuda y no tuvo más remedio que aceptar.

Ya al principio de la novela se había hecho referencia a que Svengali era hipnotista y que había curado a Trilby de una neuralgia que solía padecer, así que es fácil para el lector de la novela deducir esto desde que hace entrada en el libreto la figura de ‘la Svengali’ (así, no hubo elemento sorpresa para el final de la novela, pues todo era sumamente predecible). Como era de esperarse, Svengali usó sus extrañas habilidades para enseñar a Trilby a cantar, esto con el objetivo de hacer su propia fortuna y, además, para mantenerla a su lado al ser el objeto de su deseo, lo cual, según mi interpretación, está mayormente relacionado con una sed de venganza hacia Little Billy, quien era el único hombre en el altar de los amores de nuestra heroína. El libro termina con esta revelación.

😎 MI OPINIÓN SOBRE LA NOVELA

Con la historia como tal, como ya lo manifesté, no me sentí satisfecha por el hecho de que se volvió bastante predecible antes de completar el 50% de la lectura. Como decía, cuando apareció ‘la Svengali’, ya sabía cómo iba a encaminarse el final de la historia.  Incluso, cuando se señala por primera vez que Svengali es hipnotista y que está enamorado de Trilby, ya es muy razonable pensar que el nudo de la historia se forjará, de algún modo, en estrecha relación con este dato. Así, al reducirse el ‘elemento sorpresa’, el texto fue perdiendo su encanto.

Siguió perdiendo puntos cuando encontré la primera similitud con La dama de las camelias, esto es, cuando apareció la madre de Little Billy para ahuyentar a Trilby. Sinceramente, no me gusta sentir similitudes tan grandes entre historias (y es que el libro de Dumas fue escrito unos cincuenta años antes).

En cuanto al manejo de los personajes, me pareció un tanto excesiva la cantidad de estos. Hay un punto en el que mencionan a tantos amigos de nuestros tres caballeros, cada uno con su propia descripción e historia, que uno, como lector, empieza a confundir ideas en su cabeza sobre uno y otro sujeto. Y, al fin y al cabo, un 80% de los personajes del libro no eran trascendentales para la novela, y la narración que se desarrolló sobre los mismos ni le suma ni le resta interés a la historia principal. En resumen, muchos personajes podrían haberse omitido, aunque siento que se pudo haber jugado más con la figura de Gecko.

También me parece muy bonito el personaje de Trilby. Para ser una mujer que se describe tan imperfecta y tan alejada de los ideales femeninos para su época y para su contexto, Trilby finalmente se presenta al lector como un ser dotado de un corazón muy noble y sencillo, que logra sobreponerse a una vida desenfrenada al encontrar calidez y acogimiento en la vida de sus tres amigos, y éstos, a pesar de conocer su pasado, le aceptan y se encariñan con ella al punto de enamorarse. Cito el siguiente aparte, el cual considero de una solidez absoluta y poderosa para concretar mi admiración:

“Había confesado y había sido perdonada, y con el arrepentimiento, la vergüenza, la confesión y el perdón había recibido un sentimiento nuevo: la aurora de su propia estimación”.

Resalto de los tres amigos que, independientemente de haberse enamorado de todos de Trilby, ninguno trató de aprovecharse de ella ni de su real inocencia (refiriéndome a su mundo interior, para no confundir a lectores recatados), y el amor por la misma mujer no resultó ser motivo de celos, envidias o malos entendidos entre ellos. Su amistad permaneció intacta durante toda la historia.

Aunque supongo que mis reparos pueden tener amplia justificación en el hecho de que Du Maurier empezó a escribir ya en los últimos años de su vida (después de los sesenta), y Trilby fue apenas el segundo libro que escribió, falleciendo sólo dos años después. Él mismo señaló que esta obra no fue tan maravillosa como para haber causado tal nivel de revuelo en la audiencia de su época. Se resalta también, como dato curioso, que al no ser oficio de Du Maurier la literatura, ofreció el argumento a Henry James, quien lo rechazó.

Frente al modo de narrar la historia, el cual se realiza en segunda persona por un narrador que nunca se identifica en concreto (sólo precisa haber hecho parte del círculo de pintores de París en esta época), no tengo grandes reparos. Es una narración medianamente descriptiva, en la cual muchas cosas se obtienen entre líneas, y esto le da algo de encanto. Ocasionalmente hace algunas disertaciones sobre temas en particular, las cuales me parecieron muy pertinentes y con un nivel de profundidad adecuado (sin extenderse, pero sin ser superficial). 

Me parecieron encantadoras las constantes alusiones a canciones durante toda la novela, citando estrofas de las mismas para ambientar al lector, así como las constantes descripciones pintorescas y muy relacionadas con el ámbito artístico, describiendo de este modo las emociones y los sucesos a lo largo de todo el texto. Se impregna de la profesión de Du Maurier como artista todo el ambiente y se llega a sentir como el amor se funde con el arte.

Y, para completar, también hubo apartes con un humor un poco negro:

“¡Ah, Tray! Lo mejor que uno puede hacer con el mar es pintarlo, y lo segundo mejor es bañarse en él. Y lo máximo es yacer dormido en el fondo, ¿qué te parece esto?”.

Ahora, siendo yo una lectora de más de un siglo después de la publicación de la novela, soy consciente de que muchas cosas se escapan a mi criterio, además de que no leí el texto en inglés. Resalto que, según lo que investigué, esta novela tuvo un furor pasajero que terminó aburriendo a su mismo autor, quien se sintió ofendido al percatarse de una banalización de su obra (que no consideraba que tuviera el mérito suficiente) y una idealización extrema de su protagonista.

No exagero al decir que en el postfacio del libro se cuenta que, en esta ola de fanaticada, hasta se llegaron a vender helados con forma del pie de Trilby, y hoy en día la novela no es mayormente conocida. Aparentemente, en algunos aspectos, seguimos siendo los mismos ridículos seres humanos de siempre. 

© K. Sánchez (06/01/21).

Revoluciones y política sentimental


Siempre resulta un acontecimiento traumático el momento en el que todos los sentimientos y emociones que uno tiene que cargar internamente, deciden mostrar su existencia plena de alguna manera. Sólo deciden rebelarse contra el régimen establecido que, por derecho propio, trata de mantenerlos ocultos bajo la suposición de la seguridad general (que, muchas veces, está enfocada sólo en mantener el cuerpo vivo, a pesar de que el alma tenga que existir en condiciones degradantes para su naturaleza), y sin distinción alguna (son típicos los casos de sentimientos ‘positivos’ que viven en constante represión). Sus exigencias tienen como objetivo que no haya ningún tipo de bloqueo o de ‘imparcialidad’ inventada por las altas esferas para que no se muestren ante nadie más, y que al interior pasen desapercibidos para no generar ningún tipo de traumatismo.
  
Le Courage héroïque du jeune Désilles- Jean-Jacques-Francois Le Barbier
Entonces deciden salir todos al mismo tiempo, porque ellos sí son conscientes de que la unión hace la fuerza, y no tienen ninguna razón para evitar manifestarse, independientemente de que la normalidad imperante no los quiera ver, pues usualmente, son perjudiciales para las labores en el trabajo, para las relaciones con los amigos, con la familia, con la pareja, con los compañeros… hasta con cada persona que se cruza delante de uno o con el que tiene la mala fortuna de sentarse a su lado en el transporte público (y digo mala fortuna porque la mala energía es pegajosa y de un modo más invasivo que la buena, porque, paradójicamente, los malos sentimientos tienen un índice de contagio más alto, sin contar que la sintomatología es muy difícil de manejar cuando no se sabe de dónde proviene el malestar).

También se empiezan a notar serias dificultades con el sueño. Su estrategia consiste en inmiscuirse en el subconsciente y tratar de hacerse notar en sueños que nadie quiere entender. A su vez, el sistema alimentario empieza a decaer debido a que la demanda se reduce en un promedio del 50%, y como ya no hay calorías suficientes, los órganos internos también señalan su inconformidad, y las mismas hormonas entran en paro por falta de garantías para el ejercicio de su trabajo. Evidentemente, el sector de recreación y deporte también entra en franca crisis, y los parques son cada vez menos transitados porque no hay deseos siquiera de un paseo matutino; los eventos masivos empiezan a cancelarse por falta de aforo.

La situación es peor de lo que los ciudadanos imaginan, lo cual justifica en gran medida tratar de ocultar datos, pero aquí ya no hay muchos ingenuos que, al ver cómo cambia el color del cielo, no dejen de ver en esos amargos tonos grisáceos los vestigios de las conmociones pasadas. El aire es pesado. El sol ya no calienta. Se esparce un olor a sangre y a rosas, intermitentemente, y es difícil proteger a todos los cuerpos de este tipo de influencias malignas.

Retornando al tema político, en los medios se preguntan cuál es el problema con que los manifestantes decidan volver a luchar por su libertad de expresión, ¿acaso no es un derecho que todos deberían tener? Pero muchos se guardan de expresar esas opiniones por miedo a que puedan terminar enterrados en una fosa común (pero esas cosas tampoco se deben decir en voz alta).

Así, viendo el punto desde la perspectiva gubernamental, el problema se reduce a que las autoridades que tratan de mantener la paz y la seguridad no pueden contener este tipo de impactos. Y como es un tema de política sentimental, es algo a lo que se destina poco presupuesto interno, porque, claro, mientras se pueda simplemente tapar con distracciones leves como una buena serie, un par de cervezas, buena comida y, cuando se puede, hasta buen sexo (aplica también si no es tan bueno), deja de ser un problema fundamental y pasa a ocupar el papel de ‘otros asuntos’, y sale de la agenda y de la programación presupuestal para la próxima vigencia, y así, sucesivamente. Al fin y al cabo, los planes de desarrollo deben enfocarse sólo en las cosas realmente importantes.

Si bien un gobernante se vuelve experto en este tipo de discursos cuando le preguntan qué tipo de estrategias usa para mantener la calma, y hasta se vuelve típico escuchar  frases como: ‘¡es que tú manejas tan bien los problemas!’ o ‘es admirable tu capacidad para mantenerte sereno en medio de todo este caos’ (entre otros halagos que no tienen mucho de cierto), es ese el momento en el que uno como administrador se da cuenta de que, de la teoría a la práctica hay un trecho larguísimo, y son cosas que parecen absurdas cuando uno está estudiando gestión personal.

Por consiguiente, se sabe que se pueden controlar este tipo de manifestaciones que a veces amenazan con reformas para promover una nueva legislación interna, hay que tener en cuenta que las ramas del poder individual, es decir, el corazón, la mente y las acciones, a pesar de ser tan bien conocidas en la literatura, las relaciones de dominación son fuertes entre las mismas y, aunque en apariencia trabajan en conjunto (eso es lo que está en el papel), se sabe que cada una quiere establecerse como soberana y reinar sobre las otras (son deseos internos que jamás se deben expresar). Es un tema de nunca acabar, y el panorama político se mueve cada vez que, como resultado de estas luchas al interior, los acontecimientos externos hacen que todo el aparato se tambalee. Y desde el centro.

Y así, en uno de esos temblores debido a la mala administración, resulta que uno quiere darse un balazo en la cabeza, pero también existe la consciencia de que se debe actuar con cabeza fría para que la bala sea realmente efectiva consiga la muerte inmediata, y no para que, además de la declaración de estado de emergencia emocional, también uno resulte internado en una UCI, teniendo un alto porcentaje de salir del hospital con lesiones de por vida después de algunos meses, pero siendo claro que las posibilidades de reconciliación del gobierno de turno con la oposición sólo van a llevar a fracasos peores, algo así como una vida larga y llena de miseria.

Pero el caso toma sus variantes cuando uno es consciente de que no cuenta con un arma de fuego, así que la primera línea de acción no puede ser ejecutada. Igual, uno recuerda entonces que el propósito principal no era tan radical como para querer ser autor de un genocidio. En estos casos, la administración de justicia no sabe cómo castigar la tentativa, porque la culpa es el método de uso imperante y, desgraciadamente, no se ha inventado cosa mejor que andar castigándose cada vez que uno se acuerda de que tuvo un intento de suicidio casi exitoso, o que tuvo siquiera ingenio para pensarlo, porque la depresión, según documentos que reposan en el archivo histórico, es mal gobernante y sus aliados son buenos llevando a cabo golpes de estado. Y para colmo, el sistema penal está en jaque y no sabe cómo actuar al respecto, así que ya se está pensando en expedir un acto administrativo que prohíba la publicación del presente documento, o para que al menos sea procedente denunciar su uso o reproducción.

Por último, la opinión pública se encuentra dividida y es muy inestable. Un grupo piensa que es mejor seguir ignorando las manifestaciones, independientemente de lo fuertes que puedan llegar a ser, y asistirse con tintura de passiflora o de valeriana en los casos en que el cuerpo amenace con colapsar, esto a partir de las consecuencias devastadoras de los continuos torrentes de lágrimas, los cuales suelen generar dolores de cabeza muy fuertes, sensibilidad a la luz e imposibilidad de mirar a las personas cercanas a los ojos, porque todos sabrán, claro, que se están expropiando terrenos para conceder su uso a la baja autoestima, y no van a creer solamente que es insomnio. Esto sin nombrar lo incómodo que resulta mojar la almohada todas las noches, y no precisamente del modo en que uno lo deseara (evidentemente, el deseo sexual se escabulle al percatarse de que todo está al revés allá afuera, y en este país no aprendimos a excitarnos con el caos).

Por otra parte, hay otro grupo que es más amigo de la acción, independientemente de los pobres resultados que se vieron durante regímenes anteriores (ya hablamos de la desinformación, pero también existen sujetos a los que les agrada ver el mundo arder). Por ese motivo, hay  sectores que consideran que la violencia es una solución óptima tanto a corto como a largo plazo. Las propuestas van desde procedimientos como golpes repetidos en la cabeza (ojalá no en la frente, porque uno no quiere ponerse cachos a sí mismo), quemaduras de primer grado, probablemente después de fumar un cigarrillo; o hasta desahogos con elementos cortopunzantes que, como es bien sabido, suelen generar cadenas de traumatismos y ropa manchada de rojo, lo cual puede ser la raíz de múltiples reproches y rechazos por parte de los estados fronterizos, y hay que ser conscientes de que no es adecuado tensionar más las relaciones internacionales (los embajadores no se encuentran muy incentivados y, en tiempos de violencia, les cuesta mucho el uso de la diplomacia).

Independientemente de que toda la población tenga opiniones distintas al respecto, es de conocimiento general que las acciones anteriormente mencionadas pueden ser ejecutadas a partir de orden manifiesta o, también, pueden llevarse a cabo por acción de las fuerzas impulsivas, las cuales, según informes recientes, se amotinaron en el establecimiento carcelario donde pagan su pena (el abolicionismo en estas tierras no deja de ser una idea deliciosa, pero no se puede ceder con facilidad a los núcleos anarquistas).

La Liberté Guidant le peuple -  Eugene Delacroix
Es hora de tomarse un té bien caliente (lo siento, ya no soy alcohólica) y mirar por la ventana (es mejor que no esté abierta), esperando a que algún sector tome ventaja y se calme la situación. Las posibilidades de éxito en las mesas de diálogo entre los manifestantes y el jefe de turno no son muy altas, pues hay que esperar a que el frío que se esparció por todo el cuerpo se vuelva hacia las instancias internas y les dé un poco de tenacidad para intentar un acuerdo razonable.

P.D.: en la última reforma constitucional, se incluyó como principio fundamental el morir sin anestesia. Por ese motivo, el consumo de sustancias psicoactivas y de medicamentos psiquiátricos se encuentra absolutamente prohibido desde la caída del Ancien Régime.

K. Sánchez.



La inherente miseria humana y el papel de la fatalidad – Reseña de “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Tibuleac

Esta lectura (de Tatiana Țîbuleac, novela escrita en 2016) tiene mezcladas una buena cantidad de cosas complicadas y súper. Ofrece, además d...