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Puntos para el debate sobre la despenalización parcial del aborto en Colombia

Si bien la decisión tomada el día de ayer en sede de la sala plena de la Corte Constitucional en Colombia acerca de la despenalización parcial del aborto ha traído muchas opiniones diversas, este debate, de radical importancia para las mujeres, no es nuevo al interior de la sociedad. Da la impresión de que esta nunca fuera a estar lista para ello, como de que “no estamos listos para esa conversación”.

Una de las luchas más arduas del feminismo en esta época ha sido estructurada, precisamente, por la despenalización del aborto. El hecho de catalogar el aborto como un delito se entiende como una limitación de papá-Estado a la libre determinación de la mujer sobre su propio cuerpo y se inmiscuye desmesuradamente su poder de decisión, esto es, su autonomía, la cual tendría que entenderse como un derecho fundamental. Es interesante ver la argumentación de la Corte en 1994, luego en 2006 (cuando se admitieron las tres causales), y ahora quedamos expectantes a la de 2022.

Se encuentra, entonces, esta configuración liberal de garantizar el derecho de la mujer en contraposición al ideario de que “toda vida es sagrada”. No son desconocidos los argumentos de parte y parte, motivo por el cual me dispongo a poner de presente algunos puntos básicos para que tengan en cuenta dentro de sus discusiones. Seré breve:

1.    La sacralidad de la vida como criterio de doble moral:

Muchas cosas para tener en cuenta. La vida es un derecho fundamental, primero. Seguido de ello, hay que tener en cuenta que el homicidio es un tipo penal que no aplica para el nasciturus (el no nacido), pues este no ostenta, jurídicamente, la calidad de persona humana como tal, lo cual implica que no es preciso pensar en este tipo penal al hablar de un aborto. Si bien hay tipos penales que tutelan los derechos de la madre gestante, esta es una cuestión independiente.

La cuestión de la doble moral, entonces, la resalto debido a que la pretendida sacralidad de la vida se encuentra, en esta sociedad, como un concepto que sólo se usa cuando conviene. No es un secreto para nadie la indignidad de condiciones en la que viven miles de personas en nuestro país (hambre, inaccesibilidad al agua potable, analfabetización, acceso limitado a la educación y otros básicos para formar dignamente a los seres en la integridad que representan –o que deberían representar), además del irrespeto proclamado que nos ha acostumbrado a ser testigos de asesinatos, desplazamiento forzado, violaciones, entre otros.

Que la vida sea sagrada es un idealismo. No tenemos las condiciones para tal. Como sociedad no somos coherentes con ese amplísimo postulado. La carencia de coherencia es innegable.


2.    La prioridad de la mujer en el debate:

No podría criticar, de ninguna manera, el hecho de que los hombres, quienes también conforman la sociedad, tengan algo que decir al respecto, pues todos tenemos derecho a formarnos nuestra propia opinión. Lo verdaderamente cuestionable (y que, según he visto en muchas ocasiones) es que pretendan argumentar que, quienes estamos a favor de una causa como el aborto, estamos equivocadas (porque el discurso va en contra de la mujer) porque somos irresponsables, porque carecemos de principios o porque somos “asesinas”. La opinión del hombre no es más objetiva ni más fiable que la de la mujer, ni tiene más valor que esta, de ninguna manera.

Es una muestra muy clara del patriarcalismo que nos invade. Se habla, se reniega y se insulta, pero muchos son incapaces de reconocer que somos nosotras quienes, en realidad, debemos tener aquí la última palabra.

Son nuestros cuerpos los que están involucrados, es la maternidad la que está en escena; es ese rol que históricamente hemos llevado las mujeres, en vista de la marcada ausencia del hombre en su ejercicio de la paternidad y que, evidentemente, ha marcado la vida de las madres, muchas forzadas a continuar con un embarazo por miedo o por presión social, entre otros.

Quiero traer a colación el tipo penal del embarazo forzado, delito que se da en contextos de conflicto armado (art. 139C de la Ley 599 de 2000). ¿Por qué lo menciono? Para que, si es útil, consideren la idea de que el embarazo también ha sido usado como objeto de dominación por parte de la figura de poder que puede representar el hombre en conjunto con su virilidad, y que trata de imponer a la mujer, sujeto históricamente vulnerable, la procreación misma porque esta es su voluntad. ¿Será el conflicto armado el único contexto en el que se han dado estas conductas?

 

3.    El arraigo primitivo al punitivismo:

Es particular ver cómo la sociedad tiende a encargar al Estado el castigo de montones de cosas que podrían prevenirse sin necesidad de acudir a amenazas de corte penal. El afán de castigar y penalizar cualquier conducta sólo demuestra la poca responsabilidad que el ser humano quiere tener sobre sí mismo, requiriendo amenazas para considerar la posibilidad de aplacar su comportamiento.

Además, el contentillo que se les quiere dar a las masas mediante la penalización sin medidas (la pena de muerte, la creación de nuevos tipos penales o la agravación de algunos ya existentes) sólo constituye un arma del populismo punitivo que funciona a quienes desean acomodarse mejor en épocas de elecciones.

Ahora bien, recuerden que se trata de una despenalización parcial. Y tengan presente que los castigos nunca han sido disuasorios ni ejemplares.

 

4.    La absurda falta de educación sexual:

El primer paso para saber cómo actuar frente a determinado fenómeno consiste en conocerlo a cabalidad. En este contexto tenemos desde padres que no saben ilustrar a sus hijos acerca de la naturaleza del sexo (por falta de tacto, por tabú o porque no les interesa) hasta carencias en las instituciones educativas de programas integrales sobre el tema.

También se conocen muchos casos en los que resulta difícil (y se omite) enseñar a los niños las señales de alarma sobre posibles actos sexuales abusivos que puedan cometerse en su contra, porque los parientes, en ocasiones, suelen estar llenos de un miedo absurdo hasta a enseñarles a sus pequeños que tienen pene o vagina. El acceso carnal violento se empieza a prevenir desde la niñez.

Esa es una muestra de que el sexo sigue siendo un tabú en muchos casos. Hay padres que reprenden a sus hijos si encuentran que estos cargan condones, o humillan a sus hijas cuando se enteran de que estas usan algún método anticonceptivo. El diálogo a tempranas edades sobre el tema también es fundamental, pues es necesario enseñar la naturalidad del deseo y de las relaciones sexuales, lo cual conlleva asumir responsabilidades y conocer las consecuencias de nuestros actos.

 

5.    La falibilidad de los métodos anticonceptivos:

La puesta en escena del tema del aborto pone de manifiesto la fuerte ignorancia que existe sobre el tema hasta en personas que son “educadas”. Ningún método anticonceptivo es 100% efectivo, pero hay personas que dicen que, si una mujer no quiere hijos (recargando nuevamente a la mujer la responsabilidad) debería “cerrar las piernas” (pero muchos juzgan desde la posición en la que evaden su responsabilidad o su participación en el acto sexual).   

En muchas ocasiones los condones se rompen (incluso está el caso en que los sabotean intencionalmente), y hay casos también en los que la píldora del día después tampoco resulta eficaz. ¿Qué hay que tener en cuenta, entonces? Que en muchas ocasiones no es falta de voluntad o de responsabilidad por parte de la mujer (¡y qué desgracia tener que admitir que este sea un peso que carguemos sólo nosotras, cuando ni siquiera nuestras parejas sexuales suelen saber sobre nuestro ciclo menstrual!).

 

6.    El desconocimiento del cuerpo femenino y los múltiples efectos secundarios de los métodos anticonceptivos hormonales:

Reitero la desgracia que padecemos las mujeres al tener que asumir la responsabilidad por la planificación y todo lo que esta implica. Es tema largo que reduciré a que ni siquiera muchas de nosotras sabemos, a ciencia cierta, cómo funciona aquello de la ovulación; no sabemos que apenas son unos pocos días en los que somos susceptibles de quedar en embarazo, y nos vemos subyugadas, desde que iniciamos nuestra vida sexual, a acudir a un método de planificación hormonal que no conocemos del todo, pero con el que sabemos que estaremos más seguras, al menos lejos de un embarazo no deseado (si es que tenemos la fortuna de conocer y de acceder a edad adecuada a métodos anticonceptivos).

Muchos desajustes a nivel hormonal, los cuales tienen consecuencias a nivel físico y mental, se dan a propósito del uso de anticonceptivos hormonales. Soportamos depresión, ansiedad, aumento de peso, cambios en el estado de ánimo, síndrome premenstrual, sangrados anormales, entre otros, que nos hemos visto forzadas a normalizar, mientras que, por lo general, nuestras parejas sexuales no se dan por enteradas. ¡Cargamos con mucho, mujeres!

 

7.    El temor impertinente a que se acuda al aborto como “método anticonceptivo”:

Supongo que las personas que tienen esta percepción imaginan que acudir al misoprostol como método abortivo equivale a tomar una píldora anticonceptiva. Sólo pongo de presente que tomar la decisión de someterse a un aborto es doloroso, porque, sea cual sea la ideología, principios o creencias de la mujer, siempre se está ante diferentes perspectivas y ante lo que implica ese “podría ser”.

Las implicaciones físicas que tiene un aborto son también bastante fuertes, pues, además de tomar una decisión y someterse a un procedimiento (ya suficiente carga moral), este genera suficientes malestares, y puede llegar a tener consecuencias complejas si no se realiza bajo el acompañamiento de un profesional en la materia. No voy a repetir lo que ya sabemos acerca de la cantidad de mujeres que mueren tratando de practicarse abortos clandestinos.

 

8.    El aborto como privilegio de clase:

Por último, si bien las condiciones en las que se dictaminó la despenalización parcial del aborto lo hacen más asequible para todas las mujeres en el territorio colombiano, se requiere de políticas públicas específicas para que este derecho pueda ser garantizado en términos prácticos, sin trabas institucionales; sin esperar tres meses para que la EPS atienda el caso, tiempos largos que pueden afectar nuestra salud física y mental si no estamos en condiciones para dar a luz.

Por otra parte, es innegable que, en vista de las condiciones del sistema de salud, será más fácil el acceso al aborto para aquellas mujeres con cierta capacidad económica (que puedan costearse un médico particular, dado el caso). A su vez, será una opción plausible para aquellas mujeres que cuentan una educación más liberal y más íntegra. Hay muchas que no saben lo que es el feminismo y que, incluso, hasta le temen; hay muchas que no han sido tocadas en su vida diaria por esta lucha.

No considero que el confesionalismo sea el enemigo, pero sí la ciega adoración. No está mal tener un guía espiritual, pero sí es peligroso no cuestionarle. La iglesia católica, estamento descaradamente patriarcal, está enfurecida porque nos extienden un derecho a las mujeres (esta iglesia que no permite sacerdotisas, por ejemplo), y sigue engalanándose en el uso desmesurado del poder que implica inmiscuirse en la conciencia de sus seguidores.

Cabe resaltar que, habiendo puesto de manifiesto lo anterior, este escrito no tiene un propósito de parcializar o convencer a nadie de ninguna posición en particular. La invitación sólo consiste en tener en cuenta que la opinión propia no es absoluta, que no es dado imponer una moral en particular a todos los sujetos (quienes contamos con libertad de autodeterminación); que, independientemente de que estemos o no de acuerdo con el actuar de otras personas, la idea de limitar ciertas conductas penalizándolas no constituye ningún tipo de garantía.

Celebro el debate y que se reconozca a la mujer el poder de decisión en cuanto a asuntos que le competen directamente, y que históricamente ha sido cercenado por la pretendida autosuficiencia del patriarcalismo que nos ha invadido hasta la médula.

Seguiremos pasando por tiempos complicados y seguiremos siendo juzgadas por la puesta en práctica de nuestra libre determinación en estos casos. Siempre habrá quien nos irrespete o quien nos quiera convencer de lo contrario, pero también habrá quién nos apoye en este tipo de circunstancias.

Cada día estamos menos solas y, en casos como este, mujeres, debemos tener el carácter suficiente para hacer valer nuestras decisiones, las cuales, desde siempre, nos han tratado de imponer desde afuera. Tengamos valor, eduquémonos y fortalezcamos nuestro criterio. No temamos a ejercer el papel más activo sobre nuestras propias vidas.

© K. Sánchez (22/02/22)

Mi 2021 en libros

Llevaba muchos años sin tener una racha tan productiva en lecturas como la que tuve en 2021. Así que, efectivamente, estoy supremamente orgullosa de mi constancia porque leer me hace muy feliz 💟

He publicado algunas reseñas acerca de lo que leí, probando fórmulas diferentes dependiendo del tipo de libro y demás, lo cual me ha servido bastante para tener más frescas las ideas sobre cada obra que voy leyendo, para poder analizarlas mejor y, a la vez, he podido ejercitar algo la mente con esos ejercicios de síntesis y de escritura (a pesar de que la escritura creativa no fue mi fuerte).

Así, después de un buen rato de pensarlo y debatirme, les presento una pequeña selección de las obras que más llamaron mi atención en 2021 (en los casos que corresponde, dejo los enlaces a mis reseñas de cada obra):

·   Colección de cuentos favorita: Lo estás deseando, de Kristen Roupenian. No tengo reseña de este, lamentablemente, pero me fascinó. No conocía nada de su autoría, además. Es una colección de relatos cortos sobre lo que se puede denominar como un “horror en lo cotidiano”. Cosillas que nos pueden pasar en un día cualquiera, unas, tal vez, algo más densas que las otras.

·    El libro más triste: este año lloré (sí, no sólo me entristecí, ¡lloré, carajo!) con el final de Namiko, de Tokutomi Roka. Justo cuando empezaba, tímidamente, a incursionar en la literatura japonesa, y me topo con este drama. Si bien conozco finales por el estilo de este, la narración fue impecable y supremamente sensible 😭. Amé la intensidad con la que se describía cada cosa, a pesar de que la narración, en sí, puede considerarse plana. 

·  El libro más decepcionante: El hada de las migajas, de Charles Nodier. Seguramente mi error fue que llegué al libro con expectativas muy altas. Me pareció un libro enredado y me aburrió completamente 😒. No encuentro mucho que resaltar en ella, sino solamente la intención inicial del autor de poner en debate si tienen más razón los cuerdos o los locos.

·  El mejor drama: esta siempre es la competencia más fuerte, pues, como es conocido, amo los dramas y las tragedias. La corona de 2021 se la lleva La mujer de treinta años, de Honoré de Balzac (no es porque sea uno de mis autores favoritos, es que la historia es intensa de principio a fin). En mi reseña menciono todos los pormenores y resumo también la historia.

·    El mejor libro de horror: me quedo con Los tres impostores, de Arthur Machen. Me llevé una muy buena impresión de la manera en la que se construyó la historia, porque tiene entrelazadas varias historias cortas, pero no se pierde el hilo de la principal, y que me resultó muy bien hecha. También admiré el enlace del principio y del fin. Y me divertí muchísimo con las historias intermedias. Horror de varios tipos y de buena calidad.

·   La mayor sorpresa que me llevé: Orgullo y prejuicio, de Jane Austen 😱. Tardé mucho tiempo en concluir la lectura porque me resultaba lentísima y aburrida, no era mi tipo de libro. Pero persistí y la historia se puso emocionante (incluso, luego le recomendé la lectura a mi mamá y le encantó también). Sufrí con todo lo que le pasó a Elizabeth en la parte tensa del libro, y hasta lloré de emoción cuando todo llegó a buen fin.

No pensé que un libro así me pudiera gustar, ¡pero aclaro que es uno entre mil!, porque no son el tipo de libros que suelo leer. Me parecen muy empalagosos y tratan temas que no me resultan del todo interesantes 😩

Therese C from Geneva, Switzerland, CC BY 2.0
via Wikimedia Commons
Ah, y que no se me olvide admitir que, a partir de ello, Mr. Darcy cuenta con una mujer más en su lista de admiradoras XD 💋

·    Las prosas que más me gustaron: la prosa que más adoré fue la de Yasunari Kawabata en La casa de las bellas durmientes. Leí este relato con mucha lentitud porque me estaba saboreando cada párrafo, y me gustó mucho la cantidad de simbolismo e interpretaciones que se le puede dar a lo que se narra (todavía debo la reseña).

Mi mención especial es para El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Es una prosa que genera empatía con facilidad; se siente muchísima intensidad en los momentos fuertes del relato. Escribe preciosísimo cuando tiene estas rachas de emoción, y nunca desentona a pesar de ello. Me llevo una muy buena impresión.

·    Mi protagonista favorito: no tiene discusión que mi personaje favorito fue Lise 💁, la protagonista de El asiento del conductor, de Muriel Spark. Una personalidad sumamente particular, impredecible al extremo, determinada hasta los huesos y con problemas mentales fuertes.

·     Mi villano favorito: odié al extremo a Genoveva, personaje de Madeleine Ferat, de Émile Zola, a quien llamé la “maldita anciana” en mi reseña del libro (para sonar decente, porque en mis sesiones de lectura seguramente pensé en calificativos peores XD). Es un personaje absolutamente detestable, horrible y desgraciado. Piedra angular para que todo se fuera al carajo en la historia 😡

·   Top de nuevos autores leídos: Yasunari Kawabata, Natsume Soseki y Muriel Spark, en ese orden. Es fijo que los vuelvo a leer este año 😍

·    Mis libros favoritos: no pude elegir sólo uno 😍. Es algo que siempre me resulta difícil.

1.   Kokoro, de Natsume Soseki. El impacto y la sorpresa que me produjo esta narración es indescriptible. Lo leí muy rápido porque, además de ser una lectura muy fluida, al llegar a la última parte uno ya no puede parar (en mi reseña admití que las dos primeras partes son supremamente lentas). Es increíble, es aterrador y es hermoso porque toca muchas fibras sensibles del ser humano. Lo amé 💖

2.    El asiento del conductor, de Muriel Spark. No tenía ninguna referencia de esta autora cuando llegué al libro, e inicié su lectura pensando encontrar algo gracioso. Y, a fin de cuentas, sí fue gracioso, pero también fue crudísimo. No me esperaba esta cantidad de trasfondo en el abanico de temas tan grande que se desprenden de esta lectura (lo describo más a fondo en mi reseña).

3.     Mi mención especial es para Indigno de ser humano, de Osamu Dazai, pues no puedo calificarlo exactamente como uno de mis libros favoritos. Pero no me lo podía sacar de la cabeza y me produjo algo de insomnio en los días siguientes a finalizar la lectura (¿podría justificarse mejor el impacto que me causó?), pues me sentí identificada con el protagonista en muchas ocasiones. Como mencioné en mi reseña, es un libro que no recomendaría a ojo cerrado porque no llega a ser una historia lo suficientemente interesante y es hasta predecible, pero me gustó la forma de la narración.

Espero que mi pequeño resumen de lecturas memorables les sirva para elegir algún libro en 2022 😎  ¡Tengan todos un feliz año de lecturas! 📚 Quedo atenta a sus recomendaciones.

El corazón de la angustia (reseña de Kokoro, de Natsume Soseki)

Siguiendo con mi ciclo experimental de literatura japonesa, en la que apenas estoy incursionando, me llamó la atención la lectura de Kokoro (traducido como “corazón” al español), obra de Natsume Soseki (1867-2916), el cual es uno de los escritores de más renombre en la historia de dicho país. Y es que es imposible ponerlo en duda, dado que su imagen apareció en los billetes de 1000 yenes:

Portrait of Kinnosuke Natsume (pen name: Sōseki Natsume)

Es importante resaltar la influencia que tuvo la literatura inglesa en su obra, esto debido a que estudió Lengua Inglesa en Londres, y donde adquirió algunas experiencias que marcaron el estilo y el fondo de su producción literaria. También es importante tener en cuenta que esta obra está ambientada en la era Meiji (esto es, la “Era del culto a las reglas”).

Si vas a leer el libro 💗:

En este caso, no puedo hacer ningún tipo de incursión abusiva en la trama. Puedo decir que la historia se divide en tres partes, pues, inicialmente, el narrador de la historia, un joven universitario que vive en Tokio y es mantenido por sus padres, conoce a un hombre al que denominará como “Sensei” a partir de ese entonces, a quien empezó a frecuentar (diría yo que obsesivamente) debido a su carácter enigmático, independientemente de que éste le tratare de modo un tanto soso y despectivo en ocasiones.

En la segunda parte de la historia, el narrador relata algunos sucesos en relación con una enfermedad que su padre padece, así como el ambiente que se empieza a vislumbrar a partir de haberse graduado de la universidad. El papel que juegan en la psique del narrador algunas conversaciones sostenidas con su Sensei empiezan a tener mayor relevancia.

Y en la tercera parte, Sensei se decide a contar su historia, la cual es la base del libro en estricto sentido, pues luego de este relato no se menciona lo sucedido finalmente con el narrador principal. Es aquí donde el nombre del libro cobra sentido y donde esa sensación de inconcreción dispuesta a lo largo de la obra llega a su cumbre y estalla.

Si no vas a leer el libro 👹:

En este caso, comenzaré la reseña del libro a partir de la tercera parte, esto es, cuando Sensei se dispone, finalmente, a contar su historia al narrador principal por medio de una carta, luego de haber evadido siempre, durante su amistad, tratar cualquier tema que tuviera que ver con su pasado.

Sensei decide acceder a este desahogo, según lo entendí, para evitar que su joven amigo incurriera en errores similares a los que él cometió en su juventud y que, desgraciadamente, cubrieron el resto de su vida de una amarga sombra de la cual nunca se pudo deshacer. Esa es la segunda razón por la cual decide contar su historia: porque nunca había tenido la ocasión de contársela a nadie, y ya no había nada que perder debido a que había tomado la decisión de suicidarse una vez enviada la carta.

Tengo que confesar que, durante la primera y segunda parte del libro, me resultó un poco difícil compaginarme con el libro, pues se denota bastante el carácter sobrio y reservado del narrador (notoria influencia de la tradición), que manejaba una prosa sin ningún tipo de adorno. Iba siempre al punto (capítulos cortos) y no se vislumbraba pista alguna sobre el nudo de la historia.

Así, al iniciar la tercera parte y ver que Sensei tenía el propósito de suicidarse, hay una motivación más clara para continuar la lectura. Y bien, trataré de contar la historia de Sensei resumidamente.

La personalidad de Sensei estuvo muy marcada por dos episodios clave: primero, una traición sufrida a raíz de la ambición de un tío suyo y de su familia, quienes, a la muerte de sus padres, trataron de quedarse con la mayor parte de sus bienes (y lo lograron). Al darse cuenta del verdadero propósito de sus parientes, Sensei, que ya estaba estudiando en la universidad, empezó a adquirir un carácter bastante desconfiado. Finalmente, decidió enfrentar a sus parientes y tomó decisiones drásticas: pidió el dinero que le quedaba de su herencia y decidió no volverlos a ver nunca. Resalto este párrafo en el que expresa su sentir después de lo sucedido al respecto:

“Aún no he tenido ocasión de cobrarme mi venganza, pero creo que estoy haciendo algo mucho más grande que vengarme solo contra una persona concreta. No solo he aprendido a odiarlos a ellos, sino a la humanidad entera a la que ellos pertenecen, y a quien representan. Eso ya es venganza suficiente para mí”.

El segundo episodio clave de su vida tiene su inicio en el momento en el que decide ir a vivir a la casa de la viuda de un militar (Okusan), quien tenía una joven hija (Ojyosan), mientras culminaba sus estudios en la universidad. Se adaptó a la vida con las dos mujeres, lo cual le brindó cierta sensación de tranquilidad, y resultó enamorándose de Ojyosan (al estilo japonés de la época, claro, es decir, sin decir absolutamente nada a nadie ni mostrar una sola gota de emoción), pero decidió mantenerlo en secreto debido a que se le dificultaba leer el comportamiento tanto de la madre como de la hija.

En este momento entra en escena un amigo de la infancia de Sensei, a quien se le llamará K a lo largo de la historia. K es descrito como una persona de unos ideales bastante ascéticos, al haber sido criado por un monje budista, y que era guiado por sus propósitos de “esfuerzo y abstinencia”. Siempre fue admirado por Sensei, quien lo consideraba una persona de gran inteligencia y de una moral muy elevada.

Sensei se entera de que K, quien también está cursando sus estudios en la universidad en esta época, ha tenido algunas dificultades familiares y percibe en él un aspecto algo enfermizo y que, a la larga, podría resultar perjudicial para su salud. Por lo tanto, lo convence para que vaya a vivir con él a la casa de Okusan, esto con el objetivo de mejorar su estado de ánimo y suavizar un tanto su carácter.

Una vez instalados ambos en la misma casa, Sensei se da cuenta de que, si bien su propósito inicial empieza a dar frutos (pues ahora se relaciona más con las mujeres de la casa y ya no se encuentra tan ensimismado como de costumbre), nace también una preocupación: siente celos de K, pues sospecha que está tratando muy íntimamente con Ojyosan, su enamorada.

Es así como la historia se ve teñida en su totalidad por una sensación de ansiedad y angustia latente que no se separará tampoco del lector hasta el final del libro. Sensei empieza a luchar con sus pensamientos y a reproducir ideas en su cabeza en relación con los celos que siente, y es allí donde se manifiesta del todo su carácter ansioso, así como esa conciencia de su cobardía y de su carácter pusilánime, lo cual seguramente estaba ligado a la decepción que le generó el episodio de la traición de su tío.

No era capaz de manifestar sus sentimientos por Ojyosan a K, ni a Okusan. Estaba encerrado y no lograba proceder de ningún modo, y su relación con K era cada día más tensa a pesar de que nunca tuvieron ningún tipo de discusión o malentendido. Por su parte, K conservaba su impasibilidad de siempre, lo cual exasperaba más a Sensei, quien, por orden de su carácter desconfiado, creía que le estaban ocultando algo.

En medio de esta situación, K se sinceró con Sensei y le confesó sus sentimientos: estaba enamorado de Ojyosan y sentía una enorme angustia por ello, pues esto contrariaba sus principios morales, lo cual le generaba un terrible malestar. Si bien Sensei ya estaba lo suficientemente trastornado, entró en pánico al haber escuchado esta confesión. Tuvo una extraña discusión extraña con K, luego de la cual manifestó haberse sentido como un canalla, pues trató de disuadirle de que esta situación ponía en riesgo su propia moral.

Seguidamente, decidió actuar rápido y hablar con Okusan para pedirle la mano de Ojyosan. Esta aceptó inmediatamente. Ahora la dificultad residía en contarle esta novedad a K, a quien nunca le había dicho nada sobre sus sentimientos por Ojyosan.

Resulta que Okusan se adelantó y le comentó primero a K sobre el compromiso. Según esta, K no se mostró sorprendido y tomó la noticia de modo muy tranquilo, como era de esperarse en él. Sensei se sintió avergonzado por no habérselo comentado antes directamente, y aspiraba hablar con él pronto. Desgraciadamente, aquí viene el segundo acontecimiento clave en la vida de Sensei: antes de poder hablar con K, este se suicidó.

El suicidio de K dejó a Sensei de una pieza. Se debatía entre el sentimiento de culpa debido a que, probablemente, este se habría quitado la vida al conocer de su compromiso con Ojyosan, o en razón de la discusión que tuvieron previamente sobre la falta a sus principios morales, o por motivos que tal vez eran ajenos a este y que nunca podría llegar a conocer. A continuación, transcribo la nota que K le dejó a su amigo antes de ponerle fin a su vida:

“He decidido quitarme la vida a causa de la debilidad de mi voluntad y por haber perdido la esperanza de llegar a ser lo que deseo. Te agradezco que te hayas ocupado de mí y te ruego que dispongas de mi cuerpo sin vida encargándote de todo, que me disculpes ante la señora por todas las molestias causadas y que informes de esta muerte a mi familia.

¿Por qué he vivido hasta ahora? Hace tiempo que tenía que haber muerto”.

Confieso que esta última frase me puso la piel de gallina. No es difícil darse cuenta de que K vivía seriamente trastornado, tal vez debido a su exigente carácter, al no considerar que encajara completamente en los elevados ideales espirituales que habían dirigido su vida. No es difícil aquí denotar la decepción que le embargaba de sí mismo y suponer que había vivido en una depresión constante.

El suicidio de K generó entonces un problema aún mayor que la desconfianza: el sentimiento de culpabilidad. Sentir que por cobardía faltó a su propio honor al no confesar sus sentimientos por Ojyosan a su amigo, y aceptar que debido a su egoísmo prefirió actuar en aras de conseguir su objetivo, a pesar de que para ello tuviera que pasar por encima de su amigo. Escribe lo siguiente al respecto:

“Y cada vez que alguien preguntaba en voz alta por las razones de la muerte de K, yo sentía una punzada en mi interior y escuchaba una voz amenazante en mi cabeza: «¿Por qué no confiesas de una vez que eres tú el culpable?».

De todos modos, la boda con Ojyosan se llevó a cabo y los tres se fueron a vivir a una nueva casa para olvidar los acontecimientos de los últimos días. El paso del tiempo sólo acrecentaba más la pena de Sensei, quien nunca fue capaz de deshacerse del peso con el que cargaba al sentirse responsable por la muerte de su amigo. Se volvió más taciturno y sombrío con el transcurso de los años, siendo siempre para Ojyosan un misterio aquello que le atormentaba (pues, tal como dice Sensei en su testamento, no estaba de acuerdo con la idea de poner esta carga también sobre su esposa ni mancharla con esta confesión y pidió que nunca se le contara nada al respecto después de conocida su historia). Trató de refugiarse también en el alcohol y en los libros, pero de ningún modo encontró alivio para la culpa que generó dentro de sí la muerte de K.

Y así, después de tratar de lidiar con su vida de algún modo y de sobreponerse a esos aplastantes sentimientos, terminó por darse por vencido:

“Como el viento gélido del invierno que te atraviesa el cuerpo, se apoderó de mi la intuición de que me encontraba caminando por el mismo sendero que él (…) De ahí la idea de quitarme la vida, solo iba un paso. Decidí continuar con mi vida como si ya estuviera muerto”.

Retrato de Su Wu, del artista Watanabe Kazan (1793-1841).
También considero importante mencionar que, en varios momentos del libro, se hace referencia al seppuku (suicidio ritual) practicado en aquella época, esto para aliviar deshonras cometidas en algún momento (por ejemplo, se menciona el suicidio del artista Watanabe Kazan y del general Nogi) así como la idea del junshi (la inmolación del siervo junto a su señor, puesto que en el escenario del libro sucedió la muerte del Emperador). Podría significar la causa última por la cual Sensei decidió terminar con su vida, seguramente.

¿Y mi opinión? 🤓

Las últimas dos horas que destiné a finalizar la lectura del libro transcurrieron en una angustia terrible y, aún después de haber concluido, quedé con una sensación de desasosiego increíble (cosa que me recordó un poco a cuando terminé la lectura de La muerte de Iván Ilitch), y esa sensación extraña de no poder (ni querer) expresar ese sentimiento final. Sólo queda una inclinación natural a pensar y a quedarse en las razones de la historia (que no puedo decir que sea justamente un deseo).

Considero que un lector que haya experimentado fuertes sentimientos de ansiedad y de angustia en su vida diaria (sí, no soy la excepción) puede compaginarse fácilmente con la lectura, pues desde el comienzo da algunas luces de misterio y de “encubrimiento” intencional que, tal como una premonición, señalan que esto no va a terminar en nada bueno.

Eso fue precisamente lo que me encantó del libro: pude sentir esa zozobra hasta la médula. Y bueno, todo se encuentra tan bien entretejido en cuanto a la personalidad de Sensei, que resulta fácil entonces entender la lentitud de las dos primeras partes de la historia, y uno llega a comprender que esta situación podría haberle sucedido a cualquiera que tuviere una mínima debilidad en su carácter. Y sí, porque a mi parecer todo el entramado de la historia se va dando por ese debate entre el hacer y el no-hacer que denota la pusilanimidad de Sensei, y esa inseguridad de fondo que le hace dudar de los demás y hasta de sí mismo, hasta perder de algún modo el sentido más claro de la realidad.

Y es que eso es bonito. Sentirse identificado en la propia debilidad con otros seres (ficticios o no) es una muestra suficiente de humanidad, y esto nos recuerda que, en muchas ocasiones, independientemente de nuestras intenciones, cada acción que realizamos puede tener mayor trascendencia de la que estamos dispuestos a aceptar.

© K. Sánchez (11/08/21)

A dos años de la partida de Paola

Desde hace tiempo tenía en mente esta entrada, mas decidí que esta fecha sería la indicada para escribirlo y publicarlo y, entonces, aquí estoy.

El día de hoy se cumplen dos años del fallecimiento de mi amiga Paola Nieto, quien abandonó este plano por causa de un accidente de tránsito. Me agrada el juego de números que hay de por medio: su cumpleaños número 26 fue el día 13 de mayo de 2017, y falleció el 26 de mayo de la misma anualidad. Es un dato que siempre me causó mucha curiosidad.

¿Desde qué contexto hablo yo? Fuimos las mejores amigas durante nuestra adolescencia. Entiéndase la expresión 'mejores amigas' como esa figura bonita de compañía incondicional que incluía soportar nuestros cambios de ánimo, acompañarnos en nuestras rebeldías, tener malentendidos ocasionales, entender nuestros lenguajes raros, explorar nuevas cosas juntas, reír hasta más no poder, contarnos hasta los detalles más personales o vergonzosos, vernos todos los días en el colegio y, cuando no pasábamos la tarde juntas, seguir hablando por teléfono o chateando hasta que ya era hora de dormir y, a pesar de ello, no aburrirnos en absoluto. 

Dentro de ese universo de la mejor-amistad con alguien del mismo sexo en una etapa tan memorable como la adolescencia, resulta buena parte del carácter con el que uno empieza a asumir la juventud y, claramente, hay muchas cosas que quedan marcadas para el resto de la vida. Valga decir que, después de su amistad de mejor-amiga-mujer-adolescente, no he vuelto a contar con ninguna similar en mi existencia, y admito que a veces añoro mucho una presencia así en mi vida. Independientemente de nuestros errores y de nuestro carácter apenas en formación, era una amistad sincera y desinteresada.

La cuestión es que, hace un tiempo, su novio, Gabriel Díaz, contó su historia en relación con este trágico suceso para una columna de el periódico El Tiempo (diario de amplia circulación en Colombia). Dejo el link a continuación por si quieren contextualizarse un poco: "El día en que sobreviví al accidente en el que murió mi novia". Inicialmente fue publicado en mayo de 2018, aunque aparece fechado de abril de este año (y doy fe de que la publicación fue del año anterior).

Así, en redes sociales el artículo se volvió a postear y empezaron a llover comentarios (sí, como ustedes saben, estas herramientas le dan el poder de opinar y sentirse sabio y objetivo a cualquiera), más en contra que a favor de lo testimoniado por Gabriel. En resumen, muchas personas opinan que él se está lavando las manos y se está dando un protagonismo heroico a pesar de haber sido el culpable de la muerte de su novia. ¿Por qué? Dicen que el profesional que dio el informe sobre el accidente dijo que Gabriel había maniobrado mal el vehículo causando el accidente y, acorde con ello (según una lógica que no comparto), él merece desprecio total por haberle quitado la vida (eso último lo leí en comentarios de personas que la conocieron a ella y de otras que no).

Yo no soy amiga de opinar en contextos sensacionalistas y en los que cualquiera puede hacerlo, así que me reservé mi opinión y no entré a rebatir ningún comentario al considerarlo carente de sentido. Así, al sentir que sí tenía que decir algo al respecto, me pareció más adecuado poder extenderme en este espacio.

Voy por lo básico y respondo a la crítica directa: yo no considero que Gabriel haya tenido la culpa del fallecimiento de Paola. Ambos estaban corriendo el mismo riesgo, y es de cultura general saber que, cuando se conduce una moto, la vulnerabilidad es alta. Así mismo, es fácil tener claro que, en cualquier contexto, de una simple decisión dependen determinados resultados. Para el caso, un movimiento inadecuado, una reacción equivocada o cualquier otro factor tiene cierta consecuencia, y no depende siempre de la voluntad de una sola persona. El caso es que no vengo a justificar o a explicar el porqué del accidente, pues es algo que no pude presenciar y que, independientemente de ello, no cambiaría las cosas en ningún sentido.

Entrando en la materia que más me interesa resaltar en este momento, me atrevo a hablar de esta manera por la cercanía que tuve con Paola, y porque, a pesar de que nos hubiéramos alejado los últimos años, la conexión que tuve con ella se siguió manifestando. Con sorpresa y alegría me doy cuenta de que mutábamos durante las mismas épocas, y los cambios se orientaban hacia la misma mentalidad que, afortunadamente, para el tiempo de su partida, estaba basada en el amor al universo, en el fluir de la existencia y, en general, en la alegría infinita de estar presentes en el tiempo y en el espacio preciso para cada cual.

Así, cualquiera que la hubiese conocido a ella de modo un poco cercano, puede tener la certeza absoluta de que ella, desde el lugar en el universo en el que esté su alma, no guarda ni una gota de rencor, de rabia o de arrepentimiento por haber dejado este mundo, pues ese tipo de sentimientos ya no tienen siquiera oportunidad de anidarse en esa bella existencia. Aquí todo el mundo puede contrariarse y pretender tener la razón, y vivir enemistado con el recuerdo y la razón de su muerte, pero, como bien se sabe, esos son demonios con los que luchan las existencias que quedamos de este lado.

Por mi parte, me parece muy poco consecuente tratar de sabotear el proceso de Gabriel con comentarios tan poco compasivos. Él tuvo que continuar aquí, y estoy plenamente segura de que ella ha estado presente con su energía para colaborarle en su recuperación, tanto física como emocional, después de lo que pudo haber representado un acontecimiento de tal impacto. He pensado muchas veces en ello y, sinceramente, espero también su entera recuperación, y que dicho suceso signifique una transformación en su vida y de la mejor manera, a pesar de que ya no pueda compartir con ella en este contexto. 

Por último, me parece un tanto ridículo juzgar lo dicho en el artículo porque habla desde el punto de vista de Gabriel. Si es su testimonio, ¿cómo habría de tener otro protagonista? Es básico reconocer que es una pieza autobiográfica y lo digo desde un punto de análisis de lectura bastante simple. 

Así, para finalizar, espero que quienes hayan conocido a mi amiga tengan muy presente lo dicho anteriormente, y sean como Paola: amen mucho, siempre. Es mi perspectiva, claro, y no pretendo establecerla por encima de la de nadie más. 

En conclusión, el punto básico es aprender a vivir los procesos propios con mucho amor y dejar de entorpecer los de los demás; ayudar en cuanto sea posible y, a toda costa, evitar cargar con rencores y demás sentimientos que, en vez de producir algo bueno o agradable, multiplican lo más detestable que puede llegar a crear un ser humano: la réplica continua de su propia miserableza.

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