Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia Ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia Ficción. Mostrar todas las entradas

Superpoderes peligrosos (reseña de "El hombre invisible" de H. G. Wells)

De H. G. Wells tengo recuerdos maravillosos desde que leí "La máquina del tiempo". Si bien no soy tan allegada a la ciencia ficción, ni mucho menos a la ficción distópica (y que, para adentrarme más en el ambiente, terminé leyendo también “El señor de las moscas”), hace mucho tiempo tenía la curiosidad de hacer esta lectura.

Tenía la impresión de que, tal como en las adaptaciones cinematográficas de “El hombre invisible”, el trasfondo de la historia estaría más guiado hacia el suspenso o hacia el error. Me encontré con algo completamente distinto y eso, definitivamente, llenó mis expectativas.

Charlie, con disfraz de "El hombre invisible"
en escena de "Marriage story"
(captura de decider.com)

Con razón del permiso que me concede el título para hacer ciertos spoilers, sí se trata de un hombre que se vuelve invisible, esto a partir de experimentos científicos que tuvo la oportunidad de realizar con ocasión de su profesión. Ahora, ¿qué hay de curioso en todo el asunto? Es normal haberse preguntado, en algún momento de la vida, qué se sentirá ser invisible y cómo, de ser el caso, se aprovecharía tal “superpoder”. Pues, es momento de ver una ficción que trata el asunto con todos sus pormenores.

La primera parte del libro, paradójicamente, la encontré totalmente graciosa. Si bien el trasfondo misterioso que conlleva el saber de un hombre que tiene que vendarse la cara, ponerse unos extraños lentes oscuros, cubrirse con un sombrero y evitar, a toda costa, ser observado con mayor interés (imposible con tal vestimenta, claro, además del extraño equipaje con el que viajaba, sin mencionar su temperamento, siempre alterado y explosivo), los primeros episodios en los que se narra su escape y su intento de adaptación en el pequeño y poco supersticioso (¿?) poblado de Sussex.

Así, entre los diversos episodios que se dan a partir de estas interacciones, llama mucho la atención la actitud y las hipótesis curiosas e inocentes de los habitantes del pueblo, que trataban de averiguar el motivo de la misteriosa actitud del recién llegado, quien, además, aprovechando su invisibilidad y tratando de lidiar con las penosas consecuencias de la misma, entraba a las casas de los vecinos para tomar algo de dinero y poder continuar con sus experimentos.

“—Le agradecería que no me metiera los dedos en el ojo —dijo la voz de la figura invisible con tono enfadado—. La verdad es que tengo todo: cabeza, manos, piernas y el resto del cuerpo. Lo que ocurre es que soy invisible. Es un fastidio, pero no lo puedo remediar. Y, además, no es razón suficiente para que cualquier estúpido de Iping venga a ponerme las manos encima. ¿No creen?”.

La segunda parte del libro (no es que esté dividido formalmente así) la encontré con un sentido ya mucho más angustiante y hasta existencialista, si se me permite usar el término de un modo un tanto laxo. En este momento, Griffin (el hombre invisible) se encuentra con un viejo compañero de universidad, Kemp, a quien procede a narrar su historia para darle razón del motivo de su invisibilidad y de cómo había ido a parar a una situación tan insoportable en el momento actual: no contaba con dinero para continuar sus investigaciones y, al momento, la invisibilidad resultaba ya más un inconveniente que una ventaja.

“Perdí el conocimiento y me desperté, sin fuerzas, en la oscuridad. Los dolores habían cesado. Pensé que me estaba muriendo, pero no me importaba. Nunca olvidaré aquel amanecer, y el extraño horror que sentí, al ver que mis manos se habían vuelto de cristal, un cristal como manchado, y al ver cómo cada vez eran más claras y delgadas, a medida que el día avanzaba, hasta que al final logré ver el desorden en que estaba mi cuarto a través de ellas. Lo veía a pesar de que cerraba mis párpados, ya transparentes. Mis miembros se tornaron de cristal, los huesos y las arterias desaparecieron, y los nervios, pequeños y blancos, también desaparecieron, aunque fueron los últimos en hacerlo. Apreté los dientes y seguí así hasta el final. Cuando todo terminó, sólo quedaban las puntas de las uñas, blanquecinas, y la mancha marrón de algún ácido en mis dedos. Traté de ponerme de pie. Al principio era incapaz de hacerlo, me sentía como un niño de añales, caminando con unas piernas que no podía ver. Estaba muy débil y tenía hambre. Me acerqué al espejo y me miré sin verme, sólo quedaba un poco de pigmento detrás de la retina de mis ojos, pero era mucho más tenue que la niebla. Puse las manos en la mesa y tuve que tocar el espejo con la frente. Con una fuerza de voluntad enorme, me arrastré hasta los aparatos y completé el proceso. Dormí durante el resto de la mañana, tapándome los ojos con las sábanas, para no ver la luz; al mediodía, me desperté, al oír que alguien llamaba a la puerta. Había recuperado todas mis fuerzas”.

Al adentrarse en la historia de Griffin se encuentra el lector con un personaje totalmente desadaptado, carente de empatía y hasta de sensibilidad, la cual se había exacerbado mucho más con la toma de ciertos medicamentos, todo lo cual había sucedido con el propósito de la búsqueda del perfeccionamiento de sus experimentos.

A pesar de la desdicha que narra el protagonista (muy sentido, si se me pregunta, y que comenta muchos momentos en los cuales es inevitable reconocer su soledad y su desventura), esto no era óbice para que dudara en robar, asesinar a otras personas, producir gran cantidad de daños y aprovecharse del dominio que le daba su nuevo estado. Y, justo esto último, puede decirse, propició tal nivel de complacencia en nuestro protagonista que, realista o no, se propuso dominar y aterrorizar al mundo.

“—Le prometo que ya no es un ser humano —dijo Kemp—. Estoy tan seguro de que implantará el Reinado del Terror, una vez que se haya recuperado de las emociones de la huida, como lo estoy de estar hablando con usted. Nuestra única posibilidad de éxito es adelantarnos. Él mismo se ha apartado de la humanidad. Su propia sangre caerá sobre su cabeza”.

En este momento borré la línea en la cual les comentaba el final de la historia para darle más fuerza a mis argumentos previos, pero siento que no es necesario hacerlo (no me esperaba ese final, tampoco, así como sé que ustedes no esperaban que yo escribiera todo esto para, entonces, no decidirme a decirles cómo terminaba la historia para este extraño sujeto).

En general, me gusta mucho el manejo que Wells hace con la ciencia ficción porque no llega a ser excesivo con la terminología (que es algo que, por ejemplo, me ha alejado de autores como Leopoldo Lugones cuando trata de involucrar conceptos de física y de química de modo tan estricto que un lector “común y corriente” pierde el hilo de la narración) y, aunque tampoco sea totalmente reduccionista, se entiende cuando trata de explicar algún fenómeno en el campo de la ciencia –independientemente de su realidad, claro–, y las personas del común no corremos espantadas.

Además de este punto a favor, siempre he considerado que la prosa de Wells es muy amigable para el lector en general, y me siento especialmente atraída hacia ella porque no se queda solamente en lo sorprendente de la historia, pues lo que hay escondido entre sus líneas da también cuenta de que dota a sus personajes de una consciencia honda, y que siempre constituye un grato detalle para los que vamos buscando algo más que una historia emocionante. Es curioso pensarlo desde la perspectiva en la que, quizás, hasta el vacío tiene sus significados y quizás, es otro modo de plantearse que “lo esencial es invisible a los ojos”, como bien dijo Antoine de Saint-Exupéry.

P.D.: todas las películas que conozco sobre "El hombre invisible" son terribles. Ninguna para recomendar.

© K. Sánchez (03/07/22)

Viajes (des)afortunados a la Antártida (reseña de “La narración de Arthur Gordon Pym”, de E. A. Poe y de “En las montañas de la locura” de H. P. Lovecraft)

En esta ocasión me propongo reseñar dos libros en un solo espacio, esto debido a que ambos textos se encuentran, quizás, estrechamente relacionados. La narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe (único texto largo de su autoría), fue publicada en 1837 y, posteriormente, en 1936, fue publicada En las montañas de la locura, esta última con referencias expresas a la primera.

Sobre “La narración de Arthur Gordon Pym”:

Me encantaría cubrir toda la historia, pero es que no me encuentro siquiera en la capacidad de hacer los spoilers suficientes porque… simple y sencillamente, la historia estuvo lejísimos de cautivarme. Estuve esperando y esperando y esperando continuamente a que pasaran cosas peores (sí, tal vez la culpa es mía, solamente). Yo divido el libro en dos partes:

🚢La tragedia en el barco: y perdón por lo minimalista o básico que pueda sonar el uso del término “barco” en comparación con toda la precisión en la descripción y el manejo de los términos de navegación que usa Poe, y que lo hace de manera impecable (de hecho, siempre he tenido mis reservas con las historias sobre navegación porque, a pesar de que he leído varias y conozco algo de terminología más arriba del promedio, me sigue resultando difícil y se me dificulta graficármelo en el cerebro).

En este primer momento de la historia, el protagonista se introduce en secreto en una embarcación, custodiado por un gran amigo suyo, ambos en busca de aventuras por una “indefinida pasión” que sienten por la vida en el mar. Todo sale terriblemente mal y este pobre hombre sufre lo indecible, llegando incluso a estar al borde de la muerte por inanición y el subsiguiente trastorno por la insalubridad extrema del espacio en el que se encontraba enclaustrado.

Su amigo logra salvarle y, entre tanto, tienen que enfrentarse a más desgracias cuando, a pesar de que toman el control del barco, padecen las inclemencias del clima y, quedando sólo cuatro marineros, tratan de salvar sus vidas, nuevamente, en medio de una situación deplorable de la que sólo se salvaron dos, el marinero Peter y nuestro protagonista, Arthur Gordon.

🌊El viaje a la Antártida: otra embarcación encuentra y rescata a los dos supervivientes, admitiéndolos dentro de su tripulación. De un modo u otro terminan navegando en dirección a la Antártida. Dan con una isla desconocida y allí encuentran a una tribu de aborígenes que, aparentemente, les desprecian por ser blancos. De todos modos, a pesar de las dificultades para la comunicación, tratan de entablar relaciones amables para obtener el mayor provecho posible de los productos comerciables que pudiesen hallarse en la zona.

A pesar de que Gordon siempre desconfió de ellos, esto no tuvo ningún tipo de repercusión y, finalmente, los aborígenes les tendieron una trampa y, otra vez, sobrevivió junto con Peter luego de una especie de derrumbe-emboscada previamente planeado por los isleños.

Si bien la descripción del lugar es supremamente curiosa (de los fenómenos geográficos y atmosféricos, cambios de temperatura, la fluidez y tonalidad del agua, las criaturas que rondaban la isla, etc.) y todas las especificaciones que se hacen son muy llamativas, tengo la impresión de que, la mayoría de cosas, simplemente, se quedaron allí, lo cual también contribuyó a mi desazón. Lo único que quedó, entonces, fue el intento de escape de los dos sobrevivientes mientras eran perseguidos y que, luego de escapar, ooootra vez, en esta nueva embarcación, regresaron a una temporada de miseria, angustia y desolación de la que Gordon no logró escapar, al haber vislumbrado la figura de la criatura que, aparentemente, era el “tekeli-li” a la que tanto temor le tenían los habitantes de la isla, tanto que les espantaba solamente la vista del color blanco.

En resumen, el libro es un manojo de angustia y de ansiedad (no puedo demeritar el trabajo de Poe para crear este tipo de ambientes, que es sencillamente espectacular y logra crearle a uno un montón de nudos en la garganta) que pasa de un lado a otro entre las olas del mar. Siempre es un ciclo de cosas malas que desembocan en cosas peores y amenazan con enloquecer a Gordon, y que, finalmente ceden, para luego dar paso a otro círculo peor. Los momentos de sosiego son escasos y se ven interrumpidos justo por el espíritu aventurero de los personajes, que es lo que, finalmente, los lleva a realizar los descubrimientos que lograron.

Sobre “En las montañas de la locura”:

Narra la historia de una excursión a la Antártida realizada por un grupo de expertos en geología y otras materias. El grupo se divide en dos y, el primero de ellos se encuentra con una cadena montañosa bastante imponente que, en sus cercanías, tiene algunas construcciones ancestrales que llaman la atención del equipo, el cual encuentra también algunos fósiles de criaturas que nunca antes se habían visto. Transmiten sus hallazgos al equipo que no se trasladó (afortunadamente, en esta historia ya se contaba con aviones y otras herramientas que facilitaban las tareas).

El grupo descubridor deja de comunicarse, motivo por el cual dos de los personajes del otro grupo, esto es, el protagonista, quien dirigía el grupo, y su compañero Danforth, emprenden el vuelo al lugar señalado. Oh, claro, y hay que tener en cuenta que muchos de los personajes involucrados en la expedición conocían el contenido del Necronomicón (¿casualidad?) y, por tanto, tenían conocimiento de algunas de las criaturas e historias narradas en dicho libro.

The shoggot - Imagen en reddit de WFPP77

Así, la mayoría del texto transcurre en la exploración realizada a las denominadas “montañas de la locura” según el narrador, en la cual se incluye el recorrido y descripción de algunas estructuras milenarias, durante lo cual se narran algunas cuestiones importantes en relación con el universo lovecraftiano (la antiquísima historia las luchas por el dominio del océano y de las tierras de la Antártida entre ciertos seres primordiales durante la prehistoria, como los Mi-Go; la sucesión entre las etapas de la evolución de la tierra y la influencia de las glaciaciones, así como la creación de los shoggoths, cuya vida les fue dada por los Seres Ancianos).

En medio del recorrido empiezan a encontrar algunas muestras poco agradables y cadáveres frescos que daban noticia de que ciertos monstruos estaban cerca. Se encontraron también con unos especímenes similares a los pingüinos (que fueron reseñados ampliamente en un capítulo de La narración de Arthur Gordon Pym), que habían sido atacados por la criatura sangrienta en cuestión, la cual, aparentemente, emitía un chillido que podría imitarse con la palabra “tekeli-li”, recordándoles de nuevo lo escrito en La narración de Arthur Gordon Pym (que era un libro también conocido por los personajes).

En su recorrido, finalmente, se encontraron con una de estas horrorosas criaturas formadas de baba, de color, olor y apariencia tremendamente desagradables llamadas Shoggots, que se habían referido anteriormente, quedando plenamente confirmado que, en efecto, estas creaciones de los Seres Ancianos habían acabado con toda su civilización y, a partir de entonces, seguían habitando, de algún modo, esta zona del planeta tierra.

Lograron escapar, prometiendo revelar apenas lo necesario para que ningún grupo se volviera a aventurar en el viaje que ellos habían emprendido, aunque el pobre Danforth quedó seriamente perturbado después de dicha visita, oportunidad en la que se enlazan algunos de los elementos de la basta mitología del autor:

“En raras ocasiones ha susurrado cosas absurdas e inconexas sobre «la sima negra», el «borde tallado», «los proto-Shoggoths», «las moles sin ventanas y con cinco dimensiones», «el cilindro sin nombre», «el faro antiguo», «Yog-Sothoth», «la gelatina blanca primordial», «el color llegado del espacio», «las alas», «los ojos en la oscuridad», «la escalera a la Luna», «lo original, lo eterno, lo que no muere» y otras ideas no menos extrañas, pero cuando consigue dominarse, lo niega y lo atribuye a las curiosas y macabras lecturas de años anteriores. De hecho, se sabe que Danforth es de los pocos que se han atrevido a leer hasta el final el ejemplar roído por los gusanos del Necronomicón que se conserva bajo llave en la biblioteca de la facultad”.

¿Opiniones finales? 👀

En general, me agradó bastante ver el uso que dio Lovecraft al material que dejó Poe en este caso. Es emocionante reconocer las referencias del “tekeli-li” y figurarse un poco el final de La narración de Arthur Gordon Pym en este sentido.

Creo que ambas lecturas son muy pertinentes para quienes disfruten de temáticas de viajes, aventuras, descubrimientos y ficciones en relación con estos temas. Incluso, para quienes sean lectores de Lovecraft, considero que en este texto hay precisiones muy importantes para entender su mitología. Para mí no fue tan emocionante, pero tiene cosas que son “obligatorias” para quien sea fiel seguidor.

Sí, sí, yo sé que mi sangre ya debe ser 90% drama, pero sé que todavía disfruto enormemente del horror y la ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de conocer previamente a ambos autores y tenerlos como muy buenas referencias dentro del género, no lograron atraparme realmente en esta ocasión. En La narración de Arthur Gordon Pym esperaba encontrar, al final, algo más revelador, o al menos que la tribu aborigen fuera de caníbales o algo por el estilo (¿esperaba mal?), pero no hubo nada de eso. En cuanto a En las montañas de la locura, tampoco me resultó particularmente apasionante, al menos en términos generales (considero que pudo haber sido, mejor, un cuento).

En todo caso, me encuentro más que agradecida con mi compañero de lecturas por su entusiasmo con la temática, que fue lo que me decidió, finalmente, para construir esta reseña 💟

Reseña de “El demonio del movimiento y otros relatos de la zona oscura”, colección de cuentos de Stefan Grabinski

A pesar de que soy asidua lectora y me considero una buena conocedora del género del terror en la literatura, admito que no conocía a Stefan Grabinski, escritor polaco de inicios del siglo XX, otro de esos muchísimos casos de escritores que, a pesar de su talento, mueren desconocidos, abandonados y en extrema pobreza, dudando de la genialidad de sus creaciones y hasta de su misma cordura:

“(…) Porque, como es sabido, el ideal está en la muerte. El peso de la obra oprime al creador; los pensamientos plenamente realizados pueden volverse amenazantes y vengativos, sobre todo, cuando los pensamientos son descabellados. Abandonados a su suerte, sin ningún punto de apoyo en la realidad, pueden llegar a ser fatales para su creador” (fragmento de “El amo de la zona”).

Polski: skan książki PL (1919) - CBN Polona 
Conocí el libro porque fue publicado por en la colección “Gótica” de Valdemar, que es de mis favoritas; vi entonces su portada y con el nombre me bastó para tener curiosidad inmediatamente por su contenido.

El libro consta de dos partes. La primera contiene nueve historias que están enfocadas, haciendo honor al título, en cuestiones relativas a la física y a los posibles misterios del mundo del movimiento. La mayoría de historias de esta parte del libro (si no todas) se relacionan con trenes, lo cual me pareció supremamente novedoso en relación con la ficción en el terror. Conocía, por ejemplo, en cuestiones de ciencias físicas y literatura de horror, a Leopoldo Lugones y su colección de cuentos denominada “Las fuerzas extrañas”, la cual, debo reconocer, tuve que abandonar porque llegaba a ser agobiante por la cantidad de terminología y conceptos que, para una persona que no tiene conocimientos previos en física y otras ciencias, no llegan a ser del todo comprensibles. Difícilmente deslumbraba algunos de sus panoramas en mi imaginación.

Caso contrario y muy gratificante el haber encontrado en Grabinski una lectura que, independientemente de estar enfocada en la física del movimiento, no deja perder al lector en ningún momento. Me agradó enormemente haber encontrado una temática que no había visto trabajar antes con tanta insistencia, con tanta gracia y con un nivel de desarrollo tan sólido (a pesar de lo fantástico); siempre considero valioso apreciar el contexto y, para el caso, me causa gran admiración que la velocidad y el movimiento de los trenes, imperantes para el desarrollo en el contexto de la vida del autor, hayan sido causa de curiosidad y de inquietud tan grande para generar este tipo de historias.

Así, mediante esta cuestión principal, Grabinski hace mezclas interesantes con temas de tipo sobrenatural, parapsicológico y hasta eróticos (buena jugada, por ejemplo, en “En el compartimento”), y juega de modo muy interesante con cuestiones como puertas interdimensionales (como en “El tren encantado”) y algunos fenómenos relativos a la temporalidad. Incluso hace muchas disertaciones en cuanto a la vida del ser humano y a la percepción que tiene de sí mismo, a la vida después de la muerte (como en “Última Tule”), y también llega a cuestiones como la locura y otras típicas en el plano del horror.

Destaco como mis favoritos, justamente por su fuerte contenido de nostalgia trágica y reflexiva, “El demonio del movimiento”, que fue una muy buena introducción como primera historia de la colección, “El pasajero perpetuo” y “La vía muerta”:

“Allí, no muy lejos, los trenes pasan veloces, las locomotoras corren hacia el ancho y hermoso mundo; aquí, la obtusa frontera de un montículo cubierto de hierba. Es la añoranza que siente un desfavorecido. ¿Lo comprende usted? Una añoranza sin la esperanza de su cumplimiento conduce a un resentimiento que se va reconcentrando hasta que la fuerza del deseo logra imponerse a la realidad complaciente… del privilegio. Nacen energías ocultas; las fuerzas destructoras se van acumulando a lo largo de los años” (fragmento de “La vía muerta”).

En cuanto a la segunda parte del libro, ya con otros centros temáticos, allí se encuentran ocho relatos ya en la vida fuera de los trenes, pero manteniendo el resto de sus inquietudes intactas.

En “Estrabismo” y en “Saturnin Sektor” (ambos espectaculares) tenemos una historia muy original sobre un doppelgänger; en “Gases” hay una historia de brujería; “El amo de la zona” combina cuestiones de temporalidad con algunas criaturas monstruosas, así como “La venganza de los elementales”; “La mirada”, básicamente, habla sobre un trastorno obsesivo de orígenes cuestionables y, por su parte, “El cuento del enterrador” narra la vida de un personaje digno de ser temido. Dejo para el final “La amante de Szamota” porque quería resaltar que, según me he enterado, cuenta con una adaptación cinematográfica llamada “Evil streets”, de 1998 (no la he visto).

Por último, no puedo dejar de destacar la sutileza de la prosa de Grabinski, que no llega en ningún momento a ser vulgar, independientemente de que trate de temas un tanto complejos en ocasiones:

“En un reflejo desesperado, se arrojó a la ventana para saltar por ella. Pero una legión de manos resbaladizas y frías le agarraron por la cintura, le clavaron los ganchos de sus manos en la cabeza, le rodearon el cuello. Wrześmian forcejeó varias veces. Unas uñas se incrustaron a su garganta, otros labios se adhirieron a su sien…

Se tambaleó, apoyó la espalda sobre el marco de la ventana, se inclinó hacia atrás… Sus temblorosos brazos estirados se abrieron en un gesto de sacrificio, y en sus pálidos labios apareció una sonrisa de realización; ya estaba muerto” (fragmento de “El amo de la zona”).

Lleno de fragmentos esplendorosos escondidos en las grietas de ficciones especulativas, algo místicas y siempre empapadas de melancolía:

“Eran las cuatro de la madrugada. Las apariciones nocturnas sobrevolaban en procesión la ciudad, preparándose de mala gana para el viaje de vuelta. Los fantasmas diabólicos plegaban con tristeza sus fantásticas alas, mientras los pensativos ángeles de la guarda, inclinados sobre las camas de los niños, les daban besos de despedida en sus pequeñas frentes” (fragmento de “La venganza de los elementales”).

© K. Sánchez (18/02/22).

Reseña de "Los tres impostores" de Arthur Machen

Esta obra me llamó muchísimo la atención y me pareció sumamente divertida, tanto por su forma como por su contenido. No había tenido ocasión de leer un libro que estuviera formado por relatos de horror independientes (todos de muy buena calidad, tengo que admitirlo) que sirvieran como excusa para entretener al lector, porque no tienen absolutamente nada que ver con la “carne” del relato como tal.

Si bien la historia de base resulta muy sencilla, esto no significa que se pueda descalificar por este motivo. No hay que prestar excesiva atención para entender lo sucedido, aunque uno tiende a desconfiar y a volverse paranoico al leer este tipo de libros.

Así, el astuto relleno de la historia central se encuentra conformado por varias mini-historias:

- La novela del valle oscuro
- La novela del sello negro
- La novela de la doncella de hierro
- La novela del polvo blanco

Todas con buena carga de horror, de diferentes tipos, pero la segunda y la cuarta me parecieron maravillosamente logradas (pronto les obsequio una en el blog), esto sin dejar de reconocer la bellísima pluma de Machen para darle entera pulcritud a lo sobrenatural, a lo angustiante e, incluso, a lo repugnante.

Estas narraciones son contadas por diferentes interlocutores, los cuales cuentan con algún interés especial dentro del tema central. Cada personaje cobra interés especial y todo logra tener sentido luego de que se narra “La historia del joven de anteojos” y, para cerrar, se debe regresar al inicio del texto para poder decir "ya terminé la lectura". Esa jugada siempre me parece brillante cuando se sabe hacer.

📚 Comentarios para el potencial lector:
  • La recomiendo para quienes gustan del cuento y del horror (sobrenatural y psicológico).
  • Es una apuesta muy interesante por la manera en la que se entremezclan los cuentos en la historia, sin ninguna necesidad de limitarse a una colección.
  • Impresionante y siempre recomendada la literatura de Machen. Seguro agrade a lectores de H.P. Lovecraft, entre otros.

© K. Sánchez (22/10/21)

¡Arde, bruja, arde! O Las muñecas de Madame Mandilip (reseña del libro)

¡Arde, bruja, arde! (1932) Es una novela de Abraham Merrit, escritor estadounidense nacido a finales del siglo XIX, quien se destacó en los géneros de fantasía y ciencia ficción (sí, también me gusta la fantasía como género literario y la ciencia ficción cuando es amiga del terror) 👻. Inicialmente, el nombre del texto iba a ser Las muñecas de Madame Mandilip, pero por cuestiones de marketing se descartó este título (claro, nombrar brujas ardiendo suena más macabro, supongo).

En su experiencia profesional, el autor tuvo la oportunidad de involucrarse con temas de corte arqueológico, motivo por el cual su obra está permeada por toques relacionados con culturas y razas antiguas, temática que entremezcla exitosamente con el horror, la fantasía y el ocultismo, llegando a tener influencia, incluso, sobre autores como H.P. Lovecraft.

Hacía buen tiempo que no me dedicaba a leer ninguna historia de este género 👹, y en una búsqueda no muy ardua me encontré con este título y me llamó la atención, incluso por el hecho de que tiene una segunda parte (la cual estoy apenas leyendo) llamada ¡Arrástrate, sombra, arrástrate!

Nota: hago esta reseña varios meses después de concluir la lectura, así que es probable que incurra en algunas imprecisiones.

😍 Si vas a leer el libro:

Este libro no es muy extenso y es súper digerible. Nada de romanticismo, de técnicas literarias complejas ni de darle muchas vueltas al asunto. Es de esos textos que te mantienen ávido de curiosidad de principio a fin (a veces hace falta leer historias que se mueven rápido, sobre todo para las personas que tienden a aburrirse pronto con los libros o que no son lectores muy frecuentes). Si te sientes identificado y quieres una historia emocionante para desoxidar un poquito, te recomiendo este libro.

La historia del libro se encuentra enmarcada en un capítulo particular de la historia del doctor Lowell, hombre de mediana edad, quien era un reconocido médico especialista en neurología y trastornos cerebrales. Un día recibe en el hospital a un hombre que había sido víctima de una extraña y perturbadora parálisis, el cual fue llevado allí por un mafioso apellidado Ricori, quien le ofrece una enorme cantidad de dinero por salvar a su servidor, o, al menos, por descubrir de qué se trataba el extraño mal que le había atacado tan repentinamente.

A partir de este suceso, la historia empieza a tener un matiz de suspenso, intriga y, más tarde, de terror, pues el doctor Lowell empieza a investigar la causa de este mal, pues nunca en su vida había sido testigo de un trastorno con estas características tan singulares.

😓 Si no vas a leer el libro:

Entonces retomemos desde el párrafo anterior. El doctor Lowell quedó tan perturbado con el extraño caso (se trataba de una parálisis en la que la persona quedaba totalmente perdida en una mueca de horror y no respondía a ningún estímulo exterior, lo cual le llevaba a la muerte en un espacio de pocas horas, caracterizándose también por un rigor mortis excesivamente rápido y porque, además, ciertas células del cuerpo presentaban una fosforescencia que nunca se logra explicar) que decidió escribir a otros médicos preguntando si habían tratado a pacientes con síntomas similares.

Mientras transcurría su investigación, tuvo contacto mucho más frecuente con Ricori, quien estaba convencido de que lo sucedido tenía relación con el “arte negro” (como se le va a denominar definitivamente) y la brujería, ideas que eran drásticamente rechazadas por el doctor Lowell, en correspondencia con su papel como científico. Ricori también empezó a investigar por su parte, conociendo este de manera estrecha la vida de su servidor fallecido, y fue así como luego fue llevado por McCann (quien era el servidor más leal de Ricori) a la casa de Lowell, luego de haber sido, nada más y nada menos, "apuñalado por una muñeca" 😒.

Por obvias razones, Lowell no creyó en lo más mínimo esta versión de los hechos, y su primera reacción fue sospechar que McCann y el conductor habían sido cómplices de asesinato. Mientras, Lowell trata de actuar con cautela, pues no le es dado fiarse de una historia fantástica de muñecas asesinas, pero también es consciente de todos los acontecimientos extraños que han sucedido y de las múltiples pruebas extrañas que ha visto de que, en realidad, algo muy particular podría estar pasando.

Para ganar la confiabilidad de Lowell y descubrir al atacante de su jefe, McCann toma cartas en el asunto y busca a la hermana del primer fallecido, quien le da información relevante sobre un caso similar, y es de donde obtienen entonces el dato de que, muy seguramente, las muñecas fabricadas por una mujer conocida como Madame Mandilip 👀podrían tener alguna relación con ambos casos de muerte.

Así, Lowell y los sirvientes de Ricori dan con el lugar donde Madame Mandilip tenía una tienda en la cual vendía muñecas fabricadas por ella misma, y empiezan a vigilarlo día y noche hasta que obtienen varios datos sobre quiénes lo habitan (Madame y una joven de aspecto enfermizo) y sus costumbres.

Luego de la muerte, por causas similares, de una de sus enfermeras (fundamental en la historia porque señala el modus operandi de Madame Mandilip, quien atrae a algunas personas y les ofrece realizar una muñeca con la réplica de su propia imagen, hipnotizándoles para tal fin y, una vez terminada su obra, la persona muere y pasa a ocupar el cuerpo de la muñeca, la cual es comandada por su fabricante), Lowell decide ir personalmente a la tienda, donde se hace pasar por otra persona para ver qué tan cierta podía ser toda la información que conocía sobre esta mujer.

En las visitas que hace a Madame Mandilip se percata de que, efectivamente, es hipnotizado al entrar; incluso esta tiene la capacidad de cambiar su apariencia física para ganar la confianza y la admiración de las personas de su interés. Además, vio la muñeca de su enfermera, lo cual le deja ya un mínimo porcentaje de duda sobre las hipótesis de Ricori y McCann (independientemente de que una parte de sí se resista a aceptar lo que él considera como fantástico).

Siendo conocida por la bruja la artimaña de Lowell, envía a sus muñecas a asesinarlo esa misma noche 🔪. Si bien Lowell sale ileso, las muñecas le arrebataron la vida de su médico acompañante al atacarle directamente y dejar caer sobre este una enorme lámpara, tal como se ve en la siguiente ilustración (y donde se puede tener una idea del tamaño de las muñecas).

Por cierto, las ilustraciones son geniales. Todas de Virgin Finlay.
La captura es de mi Kindle.
Una vez Ricori se repone del ataque, deciden enfrentar a la bruja. En este último episodio soportan un ataque de esta mediante hipnotismo que, a mi parecer, fue narrado de modo suficientemente descriptivo. Aquí, la muñeca de la enfermera, a la cual se describió como la única que lograba resistirse al mandato de la Madame, logró ayudarles en su escape del encantamiento a cambio de su propia vida. Y es así como, finalmente, lograron producir un incendio y fue así como la bruja ardió, dando fin a la historia y descubriéndose el misterio.

💅 Mi opinión sobre la lectura:

La historia estuvo bien estructurada, a pesar de todo el entramado que se da por las investigaciones que van realizando los personajes para descubrir el misterio, así que no hay lugar a confundirse porque todo es bastante claro. Tampoco me parece que hayan sobrado personajes o que el autor se haya detenido en diatribas innecesarias (lo único que se ve un poco en relación con este punto son las consideraciones ocasionales de Lowell, quien se niega a dar crédito a la posibilidad de la existencia del mencionado “arte negro”, incluso después de enfrentar a Madame Mandilip personalmente).

Considero que fluye maravillosamente por la mezcla entre terror y misterio. La narración no tiene pausas innecesarias y se centra únicamente en los sucesos, así que no hay tiempo para detenerse en descripciones de paisajes o de personajes (las que hay son apenas suficientes); los caracteres de cada uno de estos se develan a lo largo de la historia y apenas en lo sustancial. Así que pueden estar seguros de que es una de esas historias que atrapa con facilidad, sobre todo para lectores con poca paciencia.

© K. Sánchez (11/08/21)

La inherente miseria humana y el papel de la fatalidad – Reseña de “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Tibuleac

Esta lectura (de Tatiana Țîbuleac, novela escrita en 2016) tiene mezcladas una buena cantidad de cosas complicadas y súper. Ofrece, además d...