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Entre la fe primitiva y el nihilismo (reseña de “Sangre sabia” de Flannery O’Connor)

Regresar al gótico sureño no me resulta una experiencia muy grata (no lo tocaba desde los quince años, después de “Santuario” de William Faulkner) porque, en realidad, ha sido literatura no muy agradable para mí, fiel seguidora de géneros literarios que le distan demasiado. Pero también esto se trata de salir de la zona de confort y, además, aprovechar cualquier oportunidad para leer escritos de mujeres durante esas épocas (mediados del año 1900 en EE.UU.).

“Sangre sabia” es un texto que, en primer lugar, llamó mi atención por lo intencionadamente grotesco de sus personajes. Cada uno de ellos azotado por alguna suerte de trauma o de problema en particular: un supuesto ateo que predica la Iglesia sin Cristo, como protagonista de la historia, cuyas ínfulas de irreverencia tienen su origen en una infancia traumática; un chico con un extraño problema a nivel mental que le llevaba a pensar que todas sus ideas y motivaciones venían de la sabiduría de su sangre, y que se empeña en perseguir al protagonista para darle una momia enana que debía ocupar el lugar del Jesús de su iglesia; un predicador frustrado y su hija, una adolescente con cierta tendencia a la ninfomanía, y un ama de casa que busca no quedarse sola durante su vejez, prefiriendo cuidar de un hombre que no determinaba siquiera su existencia (único personaje que encontré medianamente coherente en su generalidad).

No tengo dificultad con ese carácter tan empecinadamente radical de cada uno de ellos, puesto que, quizás, el propósito era ser recalcitrante e incómodo (es ya la marca con la que, en materia de estilo, identifico al gótico sureño). Es seco, es agresivo, es difícil de digerir. Y, bien, ¡qué cosa más maravillosa es encontrar literatura que pretenda dichos niveles de transgresión! La crudeza contribuía de buen modo a ese fin. Pero, desgraciadamente, en mi caso produjo el efecto contrario: me generó hastío, fue tan desbordante que dejó de asombrarme. Todo el libro era igual y perdí la emoción rápidamente porque dejó de ser atrayente (ya que nunca fue sorpresivo).

Si bien había cierto material que se podía rescatar por su poder simbólico, estos apartes me resultaban como ideas sueltas y que no eran desarrolladas de modo consistente. Así como los mismos personajes, que, aunque no me parece reprochable su falta de desarrollo o caracterización, puedo catalogar este detalle como una parte del estilo y de la intención de la autora. De todos modos, el asunto se vuelve plano y empieza a mostrar sucesos que no tienen mucha influencia en el desarrollo central de ninguno de los personajes. La imposibilidad que tienen estos de generar cualquier tipo de empatía, considero, le resta a la novela cierto potencial que pudo tener a nivel psicológico.

Resaltar los sucesos en orden cronológico, a mi parecer, no tiene mucha trascendencia, puesto que la linealidad no la vi como algo importante. Hay eventos que tratan de entrelazarse entre sí al relacionar un personaje con otro, pero se desatan a voluntad porque no hay fuerza que los una en la narrativa: apenas se chocan en algunas ocasiones sin mayor necesidad.

Brad Dourif y Harry Dean Stanton en Wise Blood
(dir. John Huston, 1979). (New Line Cinema/Photofest)
En cuanto a Hazel Motes, el mencionado protagonista, me parece curioso resaltar la referencia en la traducción de su nombre desde el inglés, pues “Hazel” viene de “haze” –bruma- y “Motes” viene de “mote” –mota-, y esto tiene su relación con el pasaje bíblico que enuncia “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (“And why beholdest thou the mote that is in thy brother's eye, but considerest not the beam that is in thine own eye?”), el cual figura en las escrituras evangélicas de Mateo (7:3). Ya tenemos lista la caracterización de un hombre “ciego”, desde la primera página.

En cuanto al desarrollo de este personaje (hombre terriblemente tosco y despreciable, aparentemente sin ningún tipo de sensibilidad, completamente ensimismado y de quien no se rebelan, en ningún momento, sus verdaderos intereses o intenciones), este regresa de la guerra y se dedica a predicar la Iglesia sin Cristo a la salida de los cines, a pesar de su simpleza y su falta de carisma y vitalidad para convencer a cualquiera de sus ideas.

Se puede explicar su modo de proceder y su comportamiento como el de un sujeto que trata de convencerse a sí mismo de que detesta el cristianismo y hace lo posible para percibirse a sí mismo como ateo incurriendo en las conductas que para la religión eran deleznables, por ejemplo, accediendo a prostitutas y pensando en arrebatar su “pureza” a una joven que no estaba dotada de la misma.

Motes tiene cierto tipo de revelación al darse cuenta de que un predicador cristiano (también personaje de la novela) intentó quedarse ciego usando cal viva, esto para atraer más fieles a su culto pero, finalmente, no fue capaz de hacerlo. Al descubrir al falso ciego, a Motes se le viene el mundo al piso, pierde asidero para mantenerse en su existencia y toma la extraña decisión de, igualmente, con cal viva, producirse la ceguera (esa ceguera que, figurada en su nombre, pasó a ser una característica ostensible).

Ahora ciego, y sin iglesia, ya nunca habla (si bien siempre habló apenas lo suficiente), casi no se mueve ni emite ningún sonido; ya no sale de la mísera habitación que había rentado, su existencia va perdiendo relevancia lentamente debido a su propia voluntad y su presencia ya no es más que una apariencia.

El desequilibrio psicológico de Hazel Motes
(Wise Blood, 1979)
Deja entonces de lado completamente sus ideales y cualquier tipo de ambición que haya tenido alguna vez en su vida y, aparentemente, pasa al otro lado de la balanza en cuanto a sus creencias frente a la religión (si es que alguna vez fue ateo): empieza a martirizarse con acciones como llenar de piedras y polvo de vidrio sus zapatos y ponerse espinos bajo la camisa. Ni un solo rastro de tristeza, de frustración o de algún tipo de emoción en ningún instante. Lo único que se le puede adjudicar es una extrema desidia.

Finalmente, muere al ser golpeado en la cabeza por un policía que, sin darse cuenta, transporta su cadáver a la casa del ama de llaves que le cuidaba a cambio de esperar que este la acompañara (al menos como una mera presencia corporal, alguien de quien ocuparse y a quien darle atención) durante los últimos años de su vida. A pesar de todo, no hay nada que me lleve a considerarlo como un mártir.

Así, si bien no encuentro mucho que resaltar en los pormenores que se describen en la narración ni en la historia de los demás personajes (a excepción del ama de llaves, como mencioné), puedo resaltar que, en medio de ese carácter transgresor de O’Connor, se pueden entrever con mucha claridad las situaciones de precariedad en la educación, la xenofobia, el incipiente racismo de la sociedad de la época, la pobreza y, claro, su relación directa con el primitivismo religioso del sur. Ese es un trasfondo al que vale la pena estar atento si se hace la lectura.

Si bien tengo todas las opiniones anteriores, admito que es divertido salir de la zona de confort literario que uno se hace y pasar por experiencias incómodas ocasionalmente, porque eso es algo que la autora (a pesar de ser católica, lo cual me desconcierta un poco) tiene por montones: no vas a sentirte edificado o satisfecho después de leer esto; la misma experiencia de lectura no resulta placentera y puede ser un poco más difícil que una vanguardia en ciertos sentidos.

💣Bonos extra: les invito a ver la película en YouTube.

© K. Sánchez (17/05/22)

Viajes (des)afortunados a la Antártida (reseña de “La narración de Arthur Gordon Pym”, de E. A. Poe y de “En las montañas de la locura” de H. P. Lovecraft)

En esta ocasión me propongo reseñar dos libros en un solo espacio, esto debido a que ambos textos se encuentran, quizás, estrechamente relacionados. La narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe (único texto largo de su autoría), fue publicada en 1837 y, posteriormente, en 1936, fue publicada En las montañas de la locura, esta última con referencias expresas a la primera.

Sobre “La narración de Arthur Gordon Pym”:

Me encantaría cubrir toda la historia, pero es que no me encuentro siquiera en la capacidad de hacer los spoilers suficientes porque… simple y sencillamente, la historia estuvo lejísimos de cautivarme. Estuve esperando y esperando y esperando continuamente a que pasaran cosas peores (sí, tal vez la culpa es mía, solamente). Yo divido el libro en dos partes:

🚢La tragedia en el barco: y perdón por lo minimalista o básico que pueda sonar el uso del término “barco” en comparación con toda la precisión en la descripción y el manejo de los términos de navegación que usa Poe, y que lo hace de manera impecable (de hecho, siempre he tenido mis reservas con las historias sobre navegación porque, a pesar de que he leído varias y conozco algo de terminología más arriba del promedio, me sigue resultando difícil y se me dificulta graficármelo en el cerebro).

En este primer momento de la historia, el protagonista se introduce en secreto en una embarcación, custodiado por un gran amigo suyo, ambos en busca de aventuras por una “indefinida pasión” que sienten por la vida en el mar. Todo sale terriblemente mal y este pobre hombre sufre lo indecible, llegando incluso a estar al borde de la muerte por inanición y el subsiguiente trastorno por la insalubridad extrema del espacio en el que se encontraba enclaustrado.

Su amigo logra salvarle y, entre tanto, tienen que enfrentarse a más desgracias cuando, a pesar de que toman el control del barco, padecen las inclemencias del clima y, quedando sólo cuatro marineros, tratan de salvar sus vidas, nuevamente, en medio de una situación deplorable de la que sólo se salvaron dos, el marinero Peter y nuestro protagonista, Arthur Gordon.

🌊El viaje a la Antártida: otra embarcación encuentra y rescata a los dos supervivientes, admitiéndolos dentro de su tripulación. De un modo u otro terminan navegando en dirección a la Antártida. Dan con una isla desconocida y allí encuentran a una tribu de aborígenes que, aparentemente, les desprecian por ser blancos. De todos modos, a pesar de las dificultades para la comunicación, tratan de entablar relaciones amables para obtener el mayor provecho posible de los productos comerciables que pudiesen hallarse en la zona.

A pesar de que Gordon siempre desconfió de ellos, esto no tuvo ningún tipo de repercusión y, finalmente, los aborígenes les tendieron una trampa y, otra vez, sobrevivió junto con Peter luego de una especie de derrumbe-emboscada previamente planeado por los isleños.

Si bien la descripción del lugar es supremamente curiosa (de los fenómenos geográficos y atmosféricos, cambios de temperatura, la fluidez y tonalidad del agua, las criaturas que rondaban la isla, etc.) y todas las especificaciones que se hacen son muy llamativas, tengo la impresión de que, la mayoría de cosas, simplemente, se quedaron allí, lo cual también contribuyó a mi desazón. Lo único que quedó, entonces, fue el intento de escape de los dos sobrevivientes mientras eran perseguidos y que, luego de escapar, ooootra vez, en esta nueva embarcación, regresaron a una temporada de miseria, angustia y desolación de la que Gordon no logró escapar, al haber vislumbrado la figura de la criatura que, aparentemente, era el “tekeli-li” a la que tanto temor le tenían los habitantes de la isla, tanto que les espantaba solamente la vista del color blanco.

En resumen, el libro es un manojo de angustia y de ansiedad (no puedo demeritar el trabajo de Poe para crear este tipo de ambientes, que es sencillamente espectacular y logra crearle a uno un montón de nudos en la garganta) que pasa de un lado a otro entre las olas del mar. Siempre es un ciclo de cosas malas que desembocan en cosas peores y amenazan con enloquecer a Gordon, y que, finalmente ceden, para luego dar paso a otro círculo peor. Los momentos de sosiego son escasos y se ven interrumpidos justo por el espíritu aventurero de los personajes, que es lo que, finalmente, los lleva a realizar los descubrimientos que lograron.

Sobre “En las montañas de la locura”:

Narra la historia de una excursión a la Antártida realizada por un grupo de expertos en geología y otras materias. El grupo se divide en dos y, el primero de ellos se encuentra con una cadena montañosa bastante imponente que, en sus cercanías, tiene algunas construcciones ancestrales que llaman la atención del equipo, el cual encuentra también algunos fósiles de criaturas que nunca antes se habían visto. Transmiten sus hallazgos al equipo que no se trasladó (afortunadamente, en esta historia ya se contaba con aviones y otras herramientas que facilitaban las tareas).

El grupo descubridor deja de comunicarse, motivo por el cual dos de los personajes del otro grupo, esto es, el protagonista, quien dirigía el grupo, y su compañero Danforth, emprenden el vuelo al lugar señalado. Oh, claro, y hay que tener en cuenta que muchos de los personajes involucrados en la expedición conocían el contenido del Necronomicón (¿casualidad?) y, por tanto, tenían conocimiento de algunas de las criaturas e historias narradas en dicho libro.

The shoggot - Imagen en reddit de WFPP77

Así, la mayoría del texto transcurre en la exploración realizada a las denominadas “montañas de la locura” según el narrador, en la cual se incluye el recorrido y descripción de algunas estructuras milenarias, durante lo cual se narran algunas cuestiones importantes en relación con el universo lovecraftiano (la antiquísima historia las luchas por el dominio del océano y de las tierras de la Antártida entre ciertos seres primordiales durante la prehistoria, como los Mi-Go; la sucesión entre las etapas de la evolución de la tierra y la influencia de las glaciaciones, así como la creación de los shoggoths, cuya vida les fue dada por los Seres Ancianos).

En medio del recorrido empiezan a encontrar algunas muestras poco agradables y cadáveres frescos que daban noticia de que ciertos monstruos estaban cerca. Se encontraron también con unos especímenes similares a los pingüinos (que fueron reseñados ampliamente en un capítulo de La narración de Arthur Gordon Pym), que habían sido atacados por la criatura sangrienta en cuestión, la cual, aparentemente, emitía un chillido que podría imitarse con la palabra “tekeli-li”, recordándoles de nuevo lo escrito en La narración de Arthur Gordon Pym (que era un libro también conocido por los personajes).

En su recorrido, finalmente, se encontraron con una de estas horrorosas criaturas formadas de baba, de color, olor y apariencia tremendamente desagradables llamadas Shoggots, que se habían referido anteriormente, quedando plenamente confirmado que, en efecto, estas creaciones de los Seres Ancianos habían acabado con toda su civilización y, a partir de entonces, seguían habitando, de algún modo, esta zona del planeta tierra.

Lograron escapar, prometiendo revelar apenas lo necesario para que ningún grupo se volviera a aventurar en el viaje que ellos habían emprendido, aunque el pobre Danforth quedó seriamente perturbado después de dicha visita, oportunidad en la que se enlazan algunos de los elementos de la basta mitología del autor:

“En raras ocasiones ha susurrado cosas absurdas e inconexas sobre «la sima negra», el «borde tallado», «los proto-Shoggoths», «las moles sin ventanas y con cinco dimensiones», «el cilindro sin nombre», «el faro antiguo», «Yog-Sothoth», «la gelatina blanca primordial», «el color llegado del espacio», «las alas», «los ojos en la oscuridad», «la escalera a la Luna», «lo original, lo eterno, lo que no muere» y otras ideas no menos extrañas, pero cuando consigue dominarse, lo niega y lo atribuye a las curiosas y macabras lecturas de años anteriores. De hecho, se sabe que Danforth es de los pocos que se han atrevido a leer hasta el final el ejemplar roído por los gusanos del Necronomicón que se conserva bajo llave en la biblioteca de la facultad”.

¿Opiniones finales? 👀

En general, me agradó bastante ver el uso que dio Lovecraft al material que dejó Poe en este caso. Es emocionante reconocer las referencias del “tekeli-li” y figurarse un poco el final de La narración de Arthur Gordon Pym en este sentido.

Creo que ambas lecturas son muy pertinentes para quienes disfruten de temáticas de viajes, aventuras, descubrimientos y ficciones en relación con estos temas. Incluso, para quienes sean lectores de Lovecraft, considero que en este texto hay precisiones muy importantes para entender su mitología. Para mí no fue tan emocionante, pero tiene cosas que son “obligatorias” para quien sea fiel seguidor.

Sí, sí, yo sé que mi sangre ya debe ser 90% drama, pero sé que todavía disfruto enormemente del horror y la ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de conocer previamente a ambos autores y tenerlos como muy buenas referencias dentro del género, no lograron atraparme realmente en esta ocasión. En La narración de Arthur Gordon Pym esperaba encontrar, al final, algo más revelador, o al menos que la tribu aborigen fuera de caníbales o algo por el estilo (¿esperaba mal?), pero no hubo nada de eso. En cuanto a En las montañas de la locura, tampoco me resultó particularmente apasionante, al menos en términos generales (considero que pudo haber sido, mejor, un cuento).

En todo caso, me encuentro más que agradecida con mi compañero de lecturas por su entusiasmo con la temática, que fue lo que me decidió, finalmente, para construir esta reseña 💟

De los medios elegidos y de los fines posibles (reseña de “El gran Gatsby”, de Francis Scott Fitzgerald)

El gran Gatbsy era uno de esos libros que tenía en mi lista de pendientes hace muchos años. Al terminar la lectura, después de ese limbo en el que uno queda después de leer ciertos libros, sólo pude recriminarme el hecho de no haberlo leído antes.

Se trata de una novela que gira en torno a los contrastes: entre los personajes, entre las clases sociales, entre las zonas geográficas, entre los comportamientos, las maneras de pensar, los propósitos de vida, la fragilidad de los vínculos, etc. Así, es muy notorio como los personajes se encuentran muy bien marcados y delimitados, partiendo, en mi opinión, desde su clase social.

Se distingue perfectamente la dificultad imperante en relación con el racismo en los Estados Unidos de inicios/mediados del siglo XX, haciéndose referencia en algún aparte a cierta hipótesis extraña al respecto. Es manifiesto también el modo en que se ilustra con suficiencia el machismo y los roles de género, así que es muy fácil encontrar una cantidad de estereotipos a lo largo de la historia, como lo analizaré más adelante. Importante tampoco dejar fuera del análisis el contexto económico general, en el cual se marcaba ya la depresión del 29 y la relevancia de fenómenos como el contrabandismo.

Encontré en esta novela un hilo muy marcado por el individualismo y la ideación materialista de sus personajes en general. Quedé impregnada de la sensación de que todos estaban avocados a vivir vidas muy ligeras, recayendo en la base de que el dinero y las posesiones materiales pueden satisfacer cualquier existencia burda y vacía, sin ningún sentido de responsabilidad o verdadera empatía hacia los demás. Del único personaje del que se podría hacer un análisis medianamente distinto sería del narrador, que es de quien se escuchan algunas reflexiones, pero que pasa a ser simplemente el vehículo para contar la historia de nuestros personajes principales. De todo este contexto se espera entonces, fácilmente, que se desprenda mucha posesividad y violencia en las relaciones que se establecen.

👀 Resumen cortito de la historia:

Nick Carraway, narrador, sobre los años 20, decide hacer su vida en Long Island, en una casita más bien humilde. Su vecino tenía una mansión esplendorosa y ofrecía fiestas increíbles cada fin de semana, a las que iba cualquier cantidad de personajes. Pero nadie tenía conocimiento realmente de quién era Gatsby, el anfitrión de tan lujosos y extravagantes eventos, que ni siquiera parecía tener interés en el desarrollo de los mismos; existían muchas habladurías respecto a su historia y al origen de su riqueza.

Ahora, Nick tenía también otros vecinos: su prima Daisy y su esposo, Tom Buchanan, un atleta proveniente de una familia adinerada. Nick no tardó en darse cuenta de que Tom tenía un romance con la señora Myrtle Wilson, quien, a su vez, era esposa de un mecánico. Al frecuentar la casa de Daisy, Nick conoció a la joven Jordan Baker, con quien tuvo un romance más bien discreto a lo largo de la novela.

Gatbsy buscó entonces entablar contacto con su vecino, Nick, al enterarse de que este era primo de Daisy: sólo quería que le ayudara a volver a hablar con ella, pues, hacía algunos años, antes de que él se fuera para la guerra, ellos se habían enamorado, pero su familia no le permitió establecer una relación con un simple soldado. Por lo tanto, un muchacho de cuna humilde como Gatsby, al ver que le arrebataban la posibilidad de ser feliz junto a Daisy, decidió partir para buscar cómo lograr convertirse en un hombre realmente digno de ella.

Al regresar, entonces, la encontró ya casada, e incluso con una pequeña hija. Fue así como se estableció en la mansión más maravillosa de todo Long Island, se adornó con todas las riquezas y extravagancias posibles para llamar la atención de su amada y, justo por este motivo, ofrecía el tipo de fiestas al que ya me referí: todo para volver a verla, para volver a hablar con ella y ofrecerle todo lo que ahora tenía, sólo para poder estar con ella.

Escena de la adaptación cinematográfica de 2013.
Nick accedió a facilitar el primer encuentro entre Gatsby y Daisy, invitándoles a tomar el té en su casa (sin que ella supiera de la presencia de Gatsby, claro). Después de un encuentro lleno de nostalgia e incomodidad, Daisy accedió a visitar su mansión. Allí demuestra con exagerada suficiencia que se encontraba maravillada con todas las cosas que poseía Gatsby (tanto así que llega a llorar sobre sus camisas porque eran “hermosas”). Y, sí, ella también le fue entonces infiel a Tom.

Tanta cercanía sólo podía generar problemas. Daisy y Gatbsy se tornaron demasiado evidentes con su romance, de lo cual claramente se enteró Tom. Este, indignado, propició un escenario bastante incómodo en el que decidió enfrentarles y saca a la luz el secreto de que Gatsby tenía tal fortuna sólo debido a nexos con el contrabando. Daisy no se define frente al asunto.

Camino de regreso, Daisy volvía junto a Gatsby conduciendo su auto, en un estado de alteración que le lleva a atropellar a una mujer en el camino, la cual murió después del accidente: Myrtle Wilson, amante de su esposo. Según comentó a Nick, este estaba dispuesto a asumir toda la culpa para que Daisy no sufriera las consecuencias. De todos modos, Tom hizo lo suyo y, de alguna manera, el señor Wilson, al enterarse de que el auto que atropelló a su mujer era de Gatsby, dedujo que este era su amante y decidió inmediatamente asesinarle, suicidándose inmediatamente después.

😎Personajes a resaltar:

Jay Gatsby 💕(que no es su nombre real –antes fue James Gatz): un sujeto de cuna humilde, con una infancia y adolescencia bastante dura en temas económicos. Aparentemente vive tratando de superar dicha situación y tener una vida cómoda. Considero que su porcentaje de autoestima a raíz de esta causa era enorme, cosa que haya llegado a enceguecerse tanto como para buscar, por cualquier medio posible, enriquecerse SÓLO para ser “el indicado” para Daisy.

Así, hizo todo lo que estuvo a su alcance para conseguir la riqueza que deseaba, pero no para él sino para complacerla a ella. Eso, en sí, puede que sea absurdo, pero hay que reconocer que, de una u otra manera, lo logró, y lo logró con creces. Era su meta y, por ese sólo hecho, no considero que sea dado criticarla.

“Cuando fui a despedirme vi que la expresión de perplejidad había vuelto a la cara de Gatsby, como si acabara de sentir una duda levísima acerca de la calidad de su felicidad presente. ¡Casi cinco años! Incluso aquella tarde tuvo que haber algún momento en que Daisy no estuviera a la altura de sus sueños, no tanto por culpa de la propia Daisy, sino por la colosal vitalidad de su propia ilusión. Su ilusión iba más allá de Daisy, más allá de todo. Y a esa ilusión se había entregado Gatsby con una pasión creadora, aumentándola incesantemente, engalanándola con cualquier pluma que cogiera al vuelo. No hay fuego ni frío que pueda desafiar a lo que un hombre guarda entre los fantasmas de su corazón”.

Daisy Fay Buchanan 😒: el personaje que más odié de toda la novela. Una mujer extremadamente egoísta, pusilánime e irresponsable, quien sólo tenía interés manifiesto en el dinero, el prestigio y no asumir absolutamente nada por su propia cuenta; persona inconsecuente e inestable, a quien su esposo trata como un trofeo. El nivel de descaro en el actuar de este personaje es indescriptible. Era de esperarse que no iba a ir al funeral de Gatsby, pero, de todas maneras, eso no deja de doler.

“Mientras expresábamos nuestra admiración, Gatsby siguió sacando camisas y el suave y suntuoso montón fue cobrando altura: camisas a rayas y con arabescos y estampados de color coral, verde manzana, lavanda y naranja claro, con monogramas de un tono añil. De repente, entre ruidos ahogados, Daisy hundió la cara en las camisas y empezó a llorar sin consuelo.

—Son unas camisas tan maravillosas —sollozó, y los pliegues, la tela, le apagaban la voz—. Lloro porque nunca había visto unas… unas camisas tan maravillosas”.

Tom Buchanan 😬: otro personaje sumamente odioso y, a mi parecer, muy icónico debido al estereotipo que representa: el macho, deportista, racista, blanco, alto y que, por ese mismo hecho, creía que podía pasar por encima de todo y de todos, y, entre tanto, que las mujeres también hacían parte de su dominio. Concreta la idea de la materialización de la mujer y la exhibe con orgullo.

“No podía perdonarlo ni demostrarle simpatía, pero entendí que, para él, lo que había hecho estaba completamente justificado. Sólo era desconsideración y confusión: Tom y Daisy eran personas desconsideradas. Destrozaban cosas y personas y luego se refugiaban detrás de su dinero o de su inmensa desconsideración, o de lo que los unía, fuera lo que fuera, y dejaban que otros limpiaran la suciedad que ellos dejaban…”.

Myrtle Wilson: la amante de Tom Buchanan, que, en lo poco que se cuenta, también fue víctima de maltrato físico por parte de este. Su esposo, George Wilson, también era una persona sumamente inestable y posesiva, quien perdió la cabeza cuando se enteró de su infidelidad.

Jordan Baker: la joven golfista, amiga de Daisy, que resultó saliendo con Nick y, efectivamente, cansándose de él. Se mostraba un poco más reflexiva e inteligente que su amiga, aunque también con ciertos tintes superficiales que, finalmente, terminaron siendo manifiestos. Una de las conversaciones que más recuerdo de la novela fue la siguiente, que tuvo con Nick:

“—Pero fuiste tú el que me dejó —dijo Jordan de improviso—. Me dejaste por teléfono. Ya no me importas lo más mínimo, pero aquello fue para mí una nueva experiencia, y durante un tiempo me sentí un poco desorientada.

Nos estrechamos la mano.

—Ah, ¿te acuerdas —añadió— de una conversación que tuvimos una vez sobre conducir un coche?

—No, no me acuerdo.

—¿No dijiste que un mal conductor sólo está seguro hasta que se encuentra con otro mal conductor? Bueno, pues yo me encontré con otro mal conductor, ¿no? Quiero decir que, si me equivoqué tanto, fue por mi propio descuido. Creía que eras una persona bastante honesta y sincera. Creía que ese era tu orgullo secreto.

—Tengo treinta años —dije—. He rebasado en cinco años la edad de mentirme a mí mismo y llamarle a eso honor.

No me contestó. Enfadado, medio enamorado de ella y tremendamente dolorido, di media vuelta y me fui”.

Nick Carraway: no podría defender la idea de que sea el personaje con mayor juicio entre los demás, pero tengo que rescatar muchas de sus reflexiones, de su sensibilidad y de sus motivaciones para realizar interacciones dentro de la historia. Apreciaba realmente a Gatsby (a pesar de que le costara tanto confiar en él y en su extraña historia) y le consideraba su amigo, y se comportó de acuerdo con ello.

Creo que, teniendo este contexto, me es dado justificar lo que anteriormente señalé y hacer énfasis en que el vacío era una constante en la vida de todos estos personajes. Si bien la figura de narrador daba un poco más para que a Nick se le considerara como el más “cuerdo” de todos, este tampoco se salva de lo inevitable.

Entiendo que esta trama pueda parecer simplista o predecible a algunos, pero me quedo con la impresión de que es una novela escrita con una finura inigualable. Me agrada (a pesar de que me enoja) el cliché de los personajes y los estereotipos que representan (y que, ay, ¡por favor! esto todavía es muy vigente), y me resultó una lectura muy hermosa y bien dotada de sensibilidad. Así, sería ese el parámetro a revisar, primero (además del contexto que resumí previamente), antes de saber si este libro puede agradar al lector.

Y bien, como decía, me quedo con el trasfondo que hace, incesantemente, referencia a los fines y las metas que cada cual se plantea. Pusilánimes, insensibles, determinados o crueles, tenemos la potestad de elegir, abandonar, retomar y usar los medios que deseemos para llegar a cualquier “luz verde” que consagremos en nuestro horizonte.

“Y, allí, pensando en el viejo mundo desconocido, me acordé del asombro de Gatsby cuando descubrió la luz verde al final del embarcadero de Daisy. Había hecho un largo camino hasta aquel césped azul y su sueño debió de parecerle tan cercano que difícilmente podía escapársele. No sabía que ya lo había dejado atrás, en algún sitio, más allá de la ciudad, en la vasta tiniebla, donde los oscuros campos de la república se extienden en la noche.

Gatsby creía en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros. Se nos escapa ahora, pero no importa, mañana correremos más, alargaremos más los brazos y llegarán más lejos… Y una buena mañana…

Así seguimos, golpeándonos, barcas contracorriente, devueltos sin cesar al pasado”.

Unos versos de esta canción son citados en la novela :)

© K. Sánchez (04/03/22).

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