El ideal vacío del statu quo (reseña de Namiko, de Tokutomi Roka)

Me estoy apenas adentrando en el mundo de la literatura japonesa y la primera novela con la que fui a dar, después de haber leído apenas algunos cuentos, fue con la llamada Namiko de Tokutomi Roka, publicada en los años 1898 a 1899 (por entregas).

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Namiko, de Editorial Satori
Si quieres leer el libro:

Destaco inicialmente que es una novela muy trágica. Aunque podría decir que los personajes podrían haber sido mayormente explotados, el fondo del texto, a mi parecer, consiguió demostrar de muy buena manera que, en realidad, cuestiones como la honorabilidad y la permanencia de la familia en la tradición japonesa eran un ideal impuesto simplemente para mantener el statu quo, sin poner en ningún momento en consideración cuestiones tan importantes como el libre albedrío.

Así mismo, el rol de la mujer es un tema muy importante para analizar en esta novela, ya que se puede entrever el sacrificio al que se veían sometidas las mujeres casadas, quienes, al mudar de familia, tenían que adaptarse a nuevas costumbres y a un nuevo modo de vida en cabeza del padre o madre de su esposo y, prácticamente, acostumbrarse a ser una especie de sirvienta para, en resumen, ocupar un papel honorable en la familia al haber conseguido ser desposada (pues la cuestión del amor de pareja no parecía ser uno de los fines máximos de este tipo de uniones, según interpreté).

Si mi lector se encuentra atraído por esta temática, adicionándole a ello el fuerte drama que se vive en la novela y su intenso final, omita la siguiente parte J

Si no quieres leer el libro:

Namiko, de la famiia Kataoka, hija de un general de alto rango, es una chica de 17 años que fue desposada por un alférez de marina llamado Takeo, de la familia Kawashima. La historia relata cómo en su primer año de matrimonio eran una pareja muy feliz. Esto a pesar de que, desde que abandonó la casa Kataoka para mudarse con los Kawashima, le había resultado sumamente difícil la convivencia con su suegra, quien era la jefe de este hogar, y cuyo único hijo era el recién casado.

Durante todo el texto se hacen referencias a que la señora Kawashima, de un carácter exageradamente fuerte, se empeñaba en hacer mucho más dificultosa la adaptación de Namiko a su nueva familia. A pesar de ello, Namiko siempre fue una mujer muy noble y paciente y se esforzaba por complacer en todo lo posible a su suegra, independientemente de que ésta nunca reconociera su buena labor. Esto, según se apunta, debido a cierto sentimiento de celos que tenía la señora Kawashima, pues veía cómo su hijo Takeo vivía muy feliz con Namiko como su esposa, y cómo esta se desvivía por complacerle siempre (seguramente un tipo de envidia porque su vida marital nunca tuvo este tinte mientras su esposo vivía).

Había pasado un año de feliz matrimonio cuando Takeo tuvo su primer viaje por motivos de su profesión, y tuvo que abandonar su casa para servir a Japón. Namiko le esperaba con muchas ansias y aguantando, con toda la humildad posible, las humillaciones de su suegra. Mas durante este tiempo Namiko empieza a padecer tuberculosis, motivo por el cual fue trasladada a una casa en una región con temperatura un poco más amable que la de Tokio para promover su recuperación.

Es así como la señora Kawashima, guiada eficazmente por la influencia de su sobrino Chijiwa (quien tenía cierta envidia a Takeo por su posición y por haberse casado con Namiko), empezó a envenenarse cada vez más con la idea de conseguir que Takeo se divorciara de Namiko, pues, al fin y al cabo (y como una excusa presentable ante la sociedad para no admitir sus más hondos sentimientos), el virus de Namiko podría llevar a la familia Kawashima a la extinción.

Takeo, siempre que tenía oportunidad, acudía de visita al lugar donde se hospedaba Namiko, y luego regresaba a la casa familiar. Namiko tenía momentos en los que se empezaba a recuperar y otros en los que recaía con gran fuerza. Entre tanto, la señora Kawashima trató de convencer a Takeo para que se divorciara de Namiko, mas este no accedió, poniendo de manifiesto su profundo amor por Namiko y la felicidad que ella le propinaba, lo cual hacía enfurecer más a su madre.

"Takeo, que solía ser indulgente y paciente con su madre, también se irritó.

—¿Por qué me llama hijo ingrato?

—Porque sí. Estás defendiendo solamente a tu mujer, mientras que desprecias las palabras de tu madre, ¿no es así? Pretendes malgastar la vida que te di con dolor y los innumerables sacrificios que hice para criarte. Y lo peor de todo, haces peligrar el futuro de tu propia familia. ¿No es eso ser un hijo ingrato? Sí que lo es, en grado sumo.

—Pero la humanidad…

—¡Basta ya de la humanidad! ¿A ti te importa más tu mujer que tu madre? ¡Imbécil! Venga a pensar en tu mujer. Y te olvidas de tu madre. No sabes hacer otra cosa que hablar de Namiko. ¡Miserable! ¡¿A que te echo de casa?!

Takeo se mordió los labios dejando caer sus lágrimas más amargas.

—Madre, esto es demasiado injusto.

—¿Cómo que injusto?

—Yo jamás he sido desagradecido. Pero parece que usted hoy no me entiende en absoluto".

Fue así como, en el transcurso de una de las campañas de Takeo, la señora Kawashima se las arregló para conseguir el divorcio de Takeo y de Namiko, e inmediatamente ella fue regresada a la casa paterna, enterándose de la noticia sólo hasta ver a su padre. No hay que imaginar lo doloroso que fue para Namiko este acontecimiento, y, posteriormente, también para Takeo.

Así transcurrió todo hasta que se anunció la guerra, y Takeo, lleno de dolor y de ira, partió gustoso, esperando no regresar.  Por su parte, el estado de salud de Namiko no mejoraba, sumando a esto el peso del dolor que le generaba haber sido separada de su esposo. Se narra, incluso, un acontecimiento en el cual Namiko trata de suicidarse un día, queriendo lanzarse por una pendiente, siendo salvada por una mujer que, por fortuna, estaba cerca.

Y viene aquí un capítulo curioso de la historia, puesto que esta mujer se entrevista con Namiko unos días después y le cuenta también su trágica historia, de la cual concluye que su salvación había sido la biblia cristiana, y le obsequia una para que acuda a ella en sus momentos de desesperación (en en libro se hace referencia a que la religión cristiana no era muy bien vista en aquella época, pues se había tornado más en una cuestión de moda, mas con este discurso, según parece, el autor trata de reivindicarla). El tema no se vuelve a tocar, aunque la mujer aparece también al final de la novela.

Momentos curiosos a partir de esto:

1.    Takeo es herido en la guerra y Namiko le envía un paquete anónimo con algunas prendas que había tejido para él, elementos para su cuidado mientras se recuperaba, frutas y sus dulces favoritos. La emoción de Takeo fue indescriptible y reavivó su amor por Namiko.

2.    Takeo se entera de que Chijiwa, el traidor, había fallecido en la guerra. Admito que fue un momento agradable para mí como lectora (¡Lo siento! Uno aprende a odiar a Chijiwa), pero Takeo sí sintió tristeza y, según dicen, le perdonó por todos sus errores (a pesar de nunca haberse enterado de que pretendió a Namiko).

3.  Takeo (sí, otra vez Takeo) salvó la vida del general Kataoka en medio de un asalto. Aquí se reconocieron y conversaron un poco.

4.    Una pretendiente de Takeo llamada Toyoko (a quien este detestaba), de un carácter ruin, perezoso, rencoroso y grosero (entre otros) fue enviada por su padre a la casa de los Kawashima con la excusa de aprender las tareas del hogar (con el propósito oculto de acercarse a Takeo para ser su esposa luego). A sabiendas del horrible carácter de la señora Kawashima, el lector aquí se figura que no tuvo una muy buena estadía y, finalmente, volvió a la casa paterna, desistiendo de su objetivo.

5.   El general Kataoka, al regresar de la guerra, se da una oportunidad para llevar de paseo a Namiko, quien cada día veía con mayor claridad que su vida terminaría pronto, pero trataba de sobreponerse a ello para satisfacer a su padre. Me ha llamado mucho la atención la manera en la que padre e hija trataban de hacerse felices mutuamente, seguramente los dos previendo un trágico fin. Resalto la figura del padre, puesto que fue siempre muy abnegado y amoroso para con su hija mayor.

En este punto ya se empieza a revelar el final de la historia. Namiko llega a su última recaída justo al volver del viaje que acabo de mencionar, pues resultó muy impactante para ella ver a Takeo en un tren que iba en el destino contrario al que ella se dirigía. Tuvo una agonía de varios días, en la cual cada cosa que sucedía rompía mi corazón de lectora (no lloraba con un libro desde la muerte de Petrilla, del libro así titulado de Balzac). Resalto dos momentos:

1.    Cuando su criada, quien estuvo siempre junto a ella, le habló por última vez:

"En ese momento, Iku, que se había hundido en las lágrimas más amargas a los pies de su ama, se levantó de repente y apretó las manos ya lánguidas de la moribunda. Namiko la reconoció.

—Iku…

—Se… se… señorita, lléveme a mí con usted…

Cuando acompañaron a Iku deshecha en llanto fuera de la sala, volvió el silencio. Namiko cerró la boca y los ojos. La sombra de la muerte comenzó a caer sobre ella".

2.    Cuando, en medio de su agonía, Namiko se lamenta por el simple hecho de haber nacido mujer (lo cual se justifica completamente debido a que todo el sufrimiento de su vida se había debido a esta causa, y lo cual se refuerza muchísimo más debido a que, aún hoy en día, nacer mujer sigue resultando más un punto en contra):

"—¡Ahhh, no puedo! ¡No puedo más! Esto es demasiado duro… Nunca… jamás volveré a nacer mujer… ¡Ahhh!"

Fallece Namiko, sin haber logrado cumplirse su deseo de ver a Takeo en su lecho de muerte, pero con el convencimiento de que su unión con este sería eterna (incluso, ella pide ser enterrada con el anillo de bodas). Me pareció muy adecuado el detalle de que, para el momento del funeral, la familia rechazó la corona que fue enviada y firmada por ‘los Kawashima’.

Y el último momento que lleva a las lágrimas es cuando Takeo se entera de la muerte de Namiko y va a visitar su tumba. Allí se enseña al lector la última carta que Namiko le envió:

«Te escribo porque me parece que mi muerte ya no está tan lejos. Cuando pensaba que no tendría ocasión de volver a verte antes de morir, la piedad del cielo me regaló un breve encuentro contigo el otro día. No puedes ni imaginar la alegría, la enorme alegría que me dio. Sin embargo, siento enormemente no haber podido expresarte mis sentimientos en ese preciso momento, cuando los dos nos cruzamos en trenes distintos» (muy literal y a la vez figurativa esta última expresión).

«Viví en un mundo que nunca estuvo a nuestro favor y he sido desgraciada, pero no guardo resentimiento contra nadie. Aunque mi cuerpo vuelve a la tierra, mi espíritu permanecerá a tu lado eternamente…».

Aunque en la introducción del libro leí que el manejo de los personajes había sido muy plano, considero que no fue necesario realizar una construcción más sólida de los mismos, pues siento que esto también resulta ser una expresión del mismo tradicionalismo de la sociedad japonesa y va muy bien con el estilo de la narración, que se centraba más en los acontecimientos que en elaborar detalladamente los sentimientos o emociones de los personajes, los cuales no pasan desapercibidos en ningún momento para el lector.

Aun así, considero que podía haberse desarrollado más el personaje de Chijiwa. A pesar de que hizo suficiente mal durante la trama, pensé que llegaría a ser peor, pero murió demasiado pronto. En cuanto a los demás (la inmensa mayoría no nombrados aquí por el propósito de resumen de este texto), considero que todos en su rol lograron describir de manera muy adecuada la sociedad japonesa de la época.

Y bien, lo más importante, como decía inicialmente, además de disfrutar el contenido de una buena (e intensa) historia, es poder hacer las comparaciones a que haya lugar sobre el escenario en el que vive cada lector, y para mí ha sido muy llamativo tener en cuenta este papel estereotipado de la mujer, siempre tratando de establecerla por medio de ideales demasiado insensibles al servicio del statu quo, y darse cuenta de cómo este tipo de convenciones sociales, las cuales mudan época tras época y cambian dependiendo del contexto, resultan desnaturalizando la libertad de los seres y sacrificándola en pos de un intangible que no tiene mucho sentido.

© K. Sánchez (20/02/21).

De cómo el amor se funde con el arte (reseña de Trilby, de George du Maurier)

Después de mucho tiempo de no hacer una sola reseña decente, les ofrezco la que acabo de hacer de Trilby, la última lectura que completé en 2020. Aquí vamos:

👀 VERSIÓN SIN DESTRIPES (para no usar el anglicismo ‘spoilers’):

No clasificaría a Trilby como una historia de amor como temática principal. Es un drama que hay que leer en virtud de cada personaje, especialmente de su protagonista (aunque desaparece un buen rato del texto). Aunque tengo varios reparos en cuanto al desarrollo de la historia (esto por encontrar varias similitudes con otras novelas y por encontrar que se trataba de una historia muy predecible, al menos para mi gusto), la lectura fue afable y para nada dificultosa.

Apuntes de carácter satírico y, en otras ocasiones, en tonos de gran profundidad, dejan totalmente claro el gusto artístico de su autor (quien era pintor y no escritor, siendo que él mismo realizó las ilustraciones de su texto), quien hace muchas referencias a obras musicales y describe con mucha gracia todo lo referente a las artes y a las sensaciones que producen.

Trilby se describe como una mujer joven de carácter muy liberal y desaliñado, lejos de cumplir con el ideal victoriano de la época acerca de la feminidad. Lidiando con una vida un tanto trágica, se topa con tres amigos que le harán más dulce la existencia y, posteriormente, con un tremendo músico que, fingiendo tenderle la mano, la acerca con prontitud al final de sus días.

Bastante revolucionaria la figura de su protagonista para su época, lo cual me hace sentir admiración por esta narración. Recomiendo, al hacer su lectura, fijarse lo suficiente en el universo interno de cada uno de los personajes principales, que es un aspecto que da mayor trascendencia al carácter de la obra, y no prestar gran atención a los demás que aparecen (considero que muchos personajes fueron innecesarios).

😍 RESEÑA:

La lectura de Trilby me fue referenciada porque, anteriormente, había leído La dama de las camelias, de Alexandre Dumas. Desde esa lectura, inicié un ciclo de lectura sobre novelas de chicas… difíciles, si me hago entender.

Inicié entonces la lectura. Había sido escrita por George Du Maurier, a finales del siglo XIX. No tenía referencia del autor hasta el momento. Trilby se presenta en el libro como una joven de 20 años en promedio, de una actitud bastante despreocupada y liberal (más de corte masculino en sus costumbres) en relación con la usual conducta que se señala en libros de la época victoriana sobre las mujeres. Además (no sé si fue un error en mi lectura), inicialmente, tuve la impresión de que Trilby no era una mujer de rasgos hermosos (como ya estoy acostumbrada a conocer a las protagonistas), lo cual llamó más mi atención. Tampoco era mujer adinerada, sino una sencilla mujer de clase media y trabajadora.

Fue así como me encontraba con un personaje principal muy alejado de la perfección. Lo único que parecía perfecto en ella eran sus pies, según recuerdo, pues Little Billy (el otro personaje principal) los dibujó y, según se cuenta en la historia, este dibujo fue enmarcado y vendido posteriormente en una gran suma de dinero.

Y bien, para completar su descripción tan poco idealista, Trilby era modelo para desnudos. Precisamente por este motivo conoció a Little Billy (o Litrebili, como le conocían sus amigos en Francia, lo cual me hace resaltar la constante relación que se describe en el libro entre los ingleses y los franceses, tanto así como su vocabulario y sus constumbres), a Taffy y a Laird, tres entrañables amigos que se dedicaban a la pintura.

Se le describe también como una mujer desaforada y poco recatada. Bebía bastante, fumaba y pasaba noches enteras de fiesta y se da a entender que el autor, entre líneas, la describe como una mujer ‘de cascos ligeros’, haciéndose aquí manifiesta una primera similitud con Margarita, protagonista de La dama de las camelias. Como último y trascendental detalle sobre la descripción de nuestra heroína tengo que agregar que tenía una voz terrible para el canto (es graciosa la narración del momento en que los tres amigos la escuchan cantar).

De algún modo, Trilby terminó haciéndose gran amiga de Little Billy, Taffy y Laird, y se entiende cómo su comportamiento fue cambiando a medida que se hacía más amiga de estos caballeros. Se cuidaban mutuamente y vivían con mucha alegría.

Se sabe también después que los tres muchachos se enamoraron de ella, más el texto hace mayor énfasis sobre la experiencia romántica de Little Billy, a quien Trilby rechazó varias veces proponiéndole ser, incluso, hasta su sirvienta, pues se deduce que ella no se sentía a su altura, esto en consideración a sus anteriores comportamientos liberales y a su clase social, y, además, teniendo en cuenta que siempre se describió a Little Billy como un joven impecable, de buena familia y educación, con un futuro brillante en su carrera como pintor.

Y viene aquí otra similitud con La dama de las camelias, pues en un momento Trilby decide aceptar la mano de Little Billy, pero aparece en escena la madre de este y le exige negarse al matrimonio con su hijo, a lo cual Trilby responde aceptando sumisamente y partiendo inmediatamente de París, sin avisar sobre su destino.

A partir de esta tragedia, Little Billy empezó a padecer una ‘enfermedad’ en la cual ya no sentía ningún tipo de amor o empatía especial por ninguna persona (incluyendo a su familia y a sus amigos, ni por el recuerdo de su amada). Fue así como los tres amigos se separaron, y tampoco tuvieron noticias de Trilby.

Se reencontraron cinco años después, todos ya con mayor fortuna y experiencia. Se enteraron entonces del debut musical de una mujer bellísima a quien se le llamaba ‘la Svengali’, quien era ya famosa en toda Europa y, según decían, tenía la voz más hermosa que alguien haya podido escuchar. Decidieron asistir a un concierto suyo en Londres, sobre el cual estaba muy entusiasmado Little Billy, quien siempre había tenido una afinidad muy especial con la música, tal como se evidencia en el siguiente aparte (tomado de un momento en que éste escuchaba tocar a Svengali):

“Mientras duró el hechizo, se dio cuenta de que llegaba hasta el fondo de la belleza y de la melancolía de las cosas, captando su patético trasunto con una mirada interior completamente nueva, que pasaba aun a través del velo de la eternidad. Todo ello constituyó una especie de visión sideral que se desvaneció cuando cesó la música, dejando una viva reminiscencia de su paso y un apasionado deseo de expresar algún día, a través del medio plástico propio, de su no menos nobilísimo arte, la misma insuperable emoción”.

Aquí introduzco la figura de Svengali (quien también apareció desde el inicio de la novela, pero sin un papel esencial hasta el momento), a quien se le describía como un hombre cruel, avaro, ruin, vulgar y visceral y con un ego incalculable, pero, a pesar de todo ello, se le reconocía también como uno de los músicos más brillantes que hubiese existido y que, aparentemente, sólo sufría internamente la desgracia de no tener buena fisionomía para el canto (en la práctica, pues en teoría era un excelente maestro). Y bien, como podrán sospechar, ‘la Svengali’ sí tiene relación con Svengali (y que, me acabo de enterar, hoy en día tiene varias películas así tituladas con su nombre).

Continuando con mi relato, al asistir los tres amigos al concierto de ‘la Svengali’, con gran sorpresa descubren que se trataba, nada más y nada menos, que de la mismísima Trilby (y se vino abajo mi idea de que Trilby no era una mujer hermosa, pues en este punto empiezan a describirle casi como si fuere un ángel). Evidentemente, quedaron en shock después de escuchar la maravilla de su voz y, sumado a ello, al recordar que Trilby no tenía talento para cantar. Era imposible que hubiese aprendido a hacerlo en tan poco tiempo. Inmediatamente después de oír la voz de Trilby, Little Billy se recuperó de su enfermedad.

Entre tanto, suceden algunas situaciones incómodas entre Svengali y su discípula (a quien se conoce como su esposa, pero que en realidad no lo fue ni mantuvo relaciones amorosas con él) y los tres amigos. Resalto un episodio en el que Svengali escupe en la cara de Little Billy, le insulta en alemán y, ante tal impertinencia, termina siendo golpeado por Taffy. Según se entiende, Svengali nunca logró aceptar el hecho de que Trilby amara a Little Billy y, a pesar de todas sus artimañas, no le fue posible obtener tener el cariño ni el favor de ella… al menos conscientemente.

Aún desconcertados por el hecho, los tres amigos acuden a un siguiente recital de Trilby. Aquí quiero comentar que, como una condición necesaria para todos los recitales, Svengali siempre era el director de la orquesta: esto no podía tener otra forma de funcionar, literalmente. Mas en esta ocasión no pudo ser así, pues Svengali había tenido una indicación de su médico y, por un accidente reciente (el impacto emocional del encuentro con Little Billy, la paliza por parte de Taffy y, adicionalmente, un encontrón con Gecko, adorador de Trilby y discípulo también de Svengali), no le era posible ocupar un lugar en el escenario como director.

Independientemente de ello se decidió hacer la presentación, pero Svengali requirió que se le ubicara justo en frente del escenario, en el balcón más próximo al mismo. Una vez iniciado el espectáculo, los espectadores quedaron totalmente indignados ante una Svengali que no podía cantar: los tres amigos reconocieron la vieja voz que ya conocían, para nada melodiosa. Paralelo al desconcierto del público, en ese preciso instante Svengali se desplomó, muriendo algunos minutos después, víctima de la ira de todos los sucesos recientes.

Retiraron a Trilby del escenario, quien había quedado muy afectada y parecía estar bastante confundida, y allí asistieron inmediatamente sus tres fieles amigos. Se alegró mucho al verlos, pero, para sorpresa, cuando le nombraban el tema del recital, no era capaz de articular ningún argumento razonable: era como si le estuvieron tomando del pelo o burlándose de ella, pues, como todos sabían, ella no tenía talento para el canto y nunca en su vida habría podido presentarse ante un escenario conocedor de la música.

El estado de salud de Trilby decayó por completo (otra similitud con La dama de las camelias), mas tuvo unos últimos meses o días de vida (no lo sé con precisión) muy gratificantes junto a sus tres caballeros, quienes le dispensaban todo el cuidado y el amor que eran capaces de ofrecer. Cuando le nombraban la música o el canto su aspecto cambiaba y se indignaba muchísimo, pero, cuando le nombraban a Svengali, se refería solamente a su bondad y a su gran corazón, y la expresión de sus ojos se hacía calmada y soñadora (lo cual siempre llamó la atención de los tres amigos, quienes sabían que Trilby le temía previamente y, por experiencia propia, sabían que había sido un sujeto a quien no se le describiría de esta forma). Así transcurrían esos días que Trilby describía como los más felices de su existencia:

“Desbordaba su corazón amor del amor, amor de la vida y de la muerte, el amor de todo lo que existe y de todo lo que fue y de todo lo que será, lo mismo, exactamente lo mismo, que sintió en su día”.

Y fue entonces cuando un día le fue enviado a Trilby un retrato de Svengali (se dice no conocer la procedencia de este), en el cual su mirada fija se veía tan macabra y penetrante, justo como si se le estuviere mirando de frente. Al verlo, Trilby recuperó inmediatamente su voz celestial, cantó una última canción y falleció con el nombre de Svengali en los labios. Toda Europa lamentó la partida de esta adorada mujer (la siguiente ilustración, de Du Maurier, plasma este momento).

Poco tiempo después, experimentando un completo sinsabor por la vida y habiendo perdido toda inspiración para la pintura, Little Billy también murió.

Luego de haber transcurrido varios años, también en un concierto, Laird, uno de nuestros tres caballeros, se encuentra fortuitamente con Gecko, quien le cuenta todo lo sucedido entre Trilby y Svengali: ella acudió a él al encontrarse en muy mala situación después de varios sucesos lamentables en su vida, pues este le ofreció su ayuda y no tuvo más remedio que aceptar.

Ya al principio de la novela se había hecho referencia a que Svengali era hipnotista y que había curado a Trilby de una neuralgia que solía padecer, así que es fácil para el lector de la novela deducir esto desde que hace entrada en el libreto la figura de ‘la Svengali’ (así, no hubo elemento sorpresa para el final de la novela, pues todo era sumamente predecible). Como era de esperarse, Svengali usó sus extrañas habilidades para enseñar a Trilby a cantar, esto con el objetivo de hacer su propia fortuna y, además, para mantenerla a su lado al ser el objeto de su deseo, lo cual, según mi interpretación, está mayormente relacionado con una sed de venganza hacia Little Billy, quien era el único hombre en el altar de los amores de nuestra heroína. El libro termina con esta revelación.

😎 MI OPINIÓN SOBRE LA NOVELA

Con la historia como tal, como ya lo manifesté, no me sentí satisfecha por el hecho de que se volvió bastante predecible antes de completar el 50% de la lectura. Como decía, cuando apareció ‘la Svengali’, ya sabía cómo iba a encaminarse el final de la historia.  Incluso, cuando se señala por primera vez que Svengali es hipnotista y que está enamorado de Trilby, ya es muy razonable pensar que el nudo de la historia se forjará, de algún modo, en estrecha relación con este dato. Así, al reducirse el ‘elemento sorpresa’, el texto fue perdiendo su encanto.

Siguió perdiendo puntos cuando encontré la primera similitud con La dama de las camelias, esto es, cuando apareció la madre de Little Billy para ahuyentar a Trilby. Sinceramente, no me gusta sentir similitudes tan grandes entre historias (y es que el libro de Dumas fue escrito unos cincuenta años antes).

En cuanto al manejo de los personajes, me pareció un tanto excesiva la cantidad de estos. Hay un punto en el que mencionan a tantos amigos de nuestros tres caballeros, cada uno con su propia descripción e historia, que uno, como lector, empieza a confundir ideas en su cabeza sobre uno y otro sujeto. Y, al fin y al cabo, un 80% de los personajes del libro no eran trascendentales para la novela, y la narración que se desarrolló sobre los mismos ni le suma ni le resta interés a la historia principal. En resumen, muchos personajes podrían haberse omitido, aunque siento que se pudo haber jugado más con la figura de Gecko.

También me parece muy bonito el personaje de Trilby. Para ser una mujer que se describe tan imperfecta y tan alejada de los ideales femeninos para su época y para su contexto, Trilby finalmente se presenta al lector como un ser dotado de un corazón muy noble y sencillo, que logra sobreponerse a una vida desenfrenada al encontrar calidez y acogimiento en la vida de sus tres amigos, y éstos, a pesar de conocer su pasado, le aceptan y se encariñan con ella al punto de enamorarse. Cito el siguiente aparte, el cual considero de una solidez absoluta y poderosa para concretar mi admiración:

“Había confesado y había sido perdonada, y con el arrepentimiento, la vergüenza, la confesión y el perdón había recibido un sentimiento nuevo: la aurora de su propia estimación”.

Resalto de los tres amigos que, independientemente de haberse enamorado de todos de Trilby, ninguno trató de aprovecharse de ella ni de su real inocencia (refiriéndome a su mundo interior, para no confundir a lectores recatados), y el amor por la misma mujer no resultó ser motivo de celos, envidias o malos entendidos entre ellos. Su amistad permaneció intacta durante toda la historia.

Aunque supongo que mis reparos pueden tener amplia justificación en el hecho de que Du Maurier empezó a escribir ya en los últimos años de su vida (después de los sesenta), y Trilby fue apenas el segundo libro que escribió, falleciendo sólo dos años después. Él mismo señaló que esta obra no fue tan maravillosa como para haber causado tal nivel de revuelo en la audiencia de su época. Se resalta también, como dato curioso, que al no ser oficio de Du Maurier la literatura, ofreció el argumento a Henry James, quien lo rechazó.

Frente al modo de narrar la historia, el cual se realiza en segunda persona por un narrador que nunca se identifica en concreto (sólo precisa haber hecho parte del círculo de pintores de París en esta época), no tengo grandes reparos. Es una narración medianamente descriptiva, en la cual muchas cosas se obtienen entre líneas, y esto le da algo de encanto. Ocasionalmente hace algunas disertaciones sobre temas en particular, las cuales me parecieron muy pertinentes y con un nivel de profundidad adecuado (sin extenderse, pero sin ser superficial). 

Me parecieron encantadoras las constantes alusiones a canciones durante toda la novela, citando estrofas de las mismas para ambientar al lector, así como las constantes descripciones pintorescas y muy relacionadas con el ámbito artístico, describiendo de este modo las emociones y los sucesos a lo largo de todo el texto. Se impregna de la profesión de Du Maurier como artista todo el ambiente y se llega a sentir como el amor se funde con el arte.

Y, para completar, también hubo apartes con un humor un poco negro:

“¡Ah, Tray! Lo mejor que uno puede hacer con el mar es pintarlo, y lo segundo mejor es bañarse en él. Y lo máximo es yacer dormido en el fondo, ¿qué te parece esto?”.

Ahora, siendo yo una lectora de más de un siglo después de la publicación de la novela, soy consciente de que muchas cosas se escapan a mi criterio, además de que no leí el texto en inglés. Resalto que, según lo que investigué, esta novela tuvo un furor pasajero que terminó aburriendo a su mismo autor, quien se sintió ofendido al percatarse de una banalización de su obra (que no consideraba que tuviera el mérito suficiente) y una idealización extrema de su protagonista.

No exagero al decir que en el postfacio del libro se cuenta que, en esta ola de fanaticada, hasta se llegaron a vender helados con forma del pie de Trilby, y hoy en día la novela no es mayormente conocida. Aparentemente, en algunos aspectos, seguimos siendo los mismos ridículos seres humanos de siempre. 

© K. Sánchez (06/01/21).

Revoluciones y política sentimental


Siempre resulta un acontecimiento traumático el momento en el que todos los sentimientos y emociones que uno tiene que cargar internamente, deciden mostrar su existencia plena de alguna manera. Sólo deciden rebelarse contra el régimen establecido que, por derecho propio, trata de mantenerlos ocultos bajo la suposición de la seguridad general (que, muchas veces, está enfocada sólo en mantener el cuerpo vivo, a pesar de que el alma tenga que existir en condiciones degradantes para su naturaleza), y sin distinción alguna (son típicos los casos de sentimientos ‘positivos’ que viven en constante represión). Sus exigencias tienen como objetivo que no haya ningún tipo de bloqueo o de ‘imparcialidad’ inventada por las altas esferas para que no se muestren ante nadie más, y que al interior pasen desapercibidos para no generar ningún tipo de traumatismo.
  
Le Courage héroïque du jeune Désilles- Jean-Jacques-Francois Le Barbier
Entonces deciden salir todos al mismo tiempo, porque ellos sí son conscientes de que la unión hace la fuerza, y no tienen ninguna razón para evitar manifestarse, independientemente de que la normalidad imperante no los quiera ver, pues usualmente, son perjudiciales para las labores en el trabajo, para las relaciones con los amigos, con la familia, con la pareja, con los compañeros… hasta con cada persona que se cruza delante de uno o con el que tiene la mala fortuna de sentarse a su lado en el transporte público (y digo mala fortuna porque la mala energía es pegajosa y de un modo más invasivo que la buena, porque, paradójicamente, los malos sentimientos tienen un índice de contagio más alto, sin contar que la sintomatología es muy difícil de manejar cuando no se sabe de dónde proviene el malestar).

También se empiezan a notar serias dificultades con el sueño. Su estrategia consiste en inmiscuirse en el subconsciente y tratar de hacerse notar en sueños que nadie quiere entender. A su vez, el sistema alimentario empieza a decaer debido a que la demanda se reduce en un promedio del 50%, y como ya no hay calorías suficientes, los órganos internos también señalan su inconformidad, y las mismas hormonas entran en paro por falta de garantías para el ejercicio de su trabajo. Evidentemente, el sector de recreación y deporte también entra en franca crisis, y los parques son cada vez menos transitados porque no hay deseos siquiera de un paseo matutino; los eventos masivos empiezan a cancelarse por falta de aforo.

La situación es peor de lo que los ciudadanos imaginan, lo cual justifica en gran medida tratar de ocultar datos, pero aquí ya no hay muchos ingenuos que, al ver cómo cambia el color del cielo, no dejen de ver en esos amargos tonos grisáceos los vestigios de las conmociones pasadas. El aire es pesado. El sol ya no calienta. Se esparce un olor a sangre y a rosas, intermitentemente, y es difícil proteger a todos los cuerpos de este tipo de influencias malignas.

Retornando al tema político, en los medios se preguntan cuál es el problema con que los manifestantes decidan volver a luchar por su libertad de expresión, ¿acaso no es un derecho que todos deberían tener? Pero muchos se guardan de expresar esas opiniones por miedo a que puedan terminar enterrados en una fosa común (pero esas cosas tampoco se deben decir en voz alta).

Así, viendo el punto desde la perspectiva gubernamental, el problema se reduce a que las autoridades que tratan de mantener la paz y la seguridad no pueden contener este tipo de impactos. Y como es un tema de política sentimental, es algo a lo que se destina poco presupuesto interno, porque, claro, mientras se pueda simplemente tapar con distracciones leves como una buena serie, un par de cervezas, buena comida y, cuando se puede, hasta buen sexo (aplica también si no es tan bueno), deja de ser un problema fundamental y pasa a ocupar el papel de ‘otros asuntos’, y sale de la agenda y de la programación presupuestal para la próxima vigencia, y así, sucesivamente. Al fin y al cabo, los planes de desarrollo deben enfocarse sólo en las cosas realmente importantes.

Si bien un gobernante se vuelve experto en este tipo de discursos cuando le preguntan qué tipo de estrategias usa para mantener la calma, y hasta se vuelve típico escuchar  frases como: ‘¡es que tú manejas tan bien los problemas!’ o ‘es admirable tu capacidad para mantenerte sereno en medio de todo este caos’ (entre otros halagos que no tienen mucho de cierto), es ese el momento en el que uno como administrador se da cuenta de que, de la teoría a la práctica hay un trecho larguísimo, y son cosas que parecen absurdas cuando uno está estudiando gestión personal.

Por consiguiente, se sabe que se pueden controlar este tipo de manifestaciones que a veces amenazan con reformas para promover una nueva legislación interna, hay que tener en cuenta que las ramas del poder individual, es decir, el corazón, la mente y las acciones, a pesar de ser tan bien conocidas en la literatura, las relaciones de dominación son fuertes entre las mismas y, aunque en apariencia trabajan en conjunto (eso es lo que está en el papel), se sabe que cada una quiere establecerse como soberana y reinar sobre las otras (son deseos internos que jamás se deben expresar). Es un tema de nunca acabar, y el panorama político se mueve cada vez que, como resultado de estas luchas al interior, los acontecimientos externos hacen que todo el aparato se tambalee. Y desde el centro.

Y así, en uno de esos temblores debido a la mala administración, resulta que uno quiere darse un balazo en la cabeza, pero también existe la consciencia de que se debe actuar con cabeza fría para que la bala sea realmente efectiva consiga la muerte inmediata, y no para que, además de la declaración de estado de emergencia emocional, también uno resulte internado en una UCI, teniendo un alto porcentaje de salir del hospital con lesiones de por vida después de algunos meses, pero siendo claro que las posibilidades de reconciliación del gobierno de turno con la oposición sólo van a llevar a fracasos peores, algo así como una vida larga y llena de miseria.

Pero el caso toma sus variantes cuando uno es consciente de que no cuenta con un arma de fuego, así que la primera línea de acción no puede ser ejecutada. Igual, uno recuerda entonces que el propósito principal no era tan radical como para querer ser autor de un genocidio. En estos casos, la administración de justicia no sabe cómo castigar la tentativa, porque la culpa es el método de uso imperante y, desgraciadamente, no se ha inventado cosa mejor que andar castigándose cada vez que uno se acuerda de que tuvo un intento de suicidio casi exitoso, o que tuvo siquiera ingenio para pensarlo, porque la depresión, según documentos que reposan en el archivo histórico, es mal gobernante y sus aliados son buenos llevando a cabo golpes de estado. Y para colmo, el sistema penal está en jaque y no sabe cómo actuar al respecto, así que ya se está pensando en expedir un acto administrativo que prohíba la publicación del presente documento, o para que al menos sea procedente denunciar su uso o reproducción.

Por último, la opinión pública se encuentra dividida y es muy inestable. Un grupo piensa que es mejor seguir ignorando las manifestaciones, independientemente de lo fuertes que puedan llegar a ser, y asistirse con tintura de passiflora o de valeriana en los casos en que el cuerpo amenace con colapsar, esto a partir de las consecuencias devastadoras de los continuos torrentes de lágrimas, los cuales suelen generar dolores de cabeza muy fuertes, sensibilidad a la luz e imposibilidad de mirar a las personas cercanas a los ojos, porque todos sabrán, claro, que se están expropiando terrenos para conceder su uso a la baja autoestima, y no van a creer solamente que es insomnio. Esto sin nombrar lo incómodo que resulta mojar la almohada todas las noches, y no precisamente del modo en que uno lo deseara (evidentemente, el deseo sexual se escabulle al percatarse de que todo está al revés allá afuera, y en este país no aprendimos a excitarnos con el caos).

Por otra parte, hay otro grupo que es más amigo de la acción, independientemente de los pobres resultados que se vieron durante regímenes anteriores (ya hablamos de la desinformación, pero también existen sujetos a los que les agrada ver el mundo arder). Por ese motivo, hay  sectores que consideran que la violencia es una solución óptima tanto a corto como a largo plazo. Las propuestas van desde procedimientos como golpes repetidos en la cabeza (ojalá no en la frente, porque uno no quiere ponerse cachos a sí mismo), quemaduras de primer grado, probablemente después de fumar un cigarrillo; o hasta desahogos con elementos cortopunzantes que, como es bien sabido, suelen generar cadenas de traumatismos y ropa manchada de rojo, lo cual puede ser la raíz de múltiples reproches y rechazos por parte de los estados fronterizos, y hay que ser conscientes de que no es adecuado tensionar más las relaciones internacionales (los embajadores no se encuentran muy incentivados y, en tiempos de violencia, les cuesta mucho el uso de la diplomacia).

Independientemente de que toda la población tenga opiniones distintas al respecto, es de conocimiento general que las acciones anteriormente mencionadas pueden ser ejecutadas a partir de orden manifiesta o, también, pueden llevarse a cabo por acción de las fuerzas impulsivas, las cuales, según informes recientes, se amotinaron en el establecimiento carcelario donde pagan su pena (el abolicionismo en estas tierras no deja de ser una idea deliciosa, pero no se puede ceder con facilidad a los núcleos anarquistas).

La Liberté Guidant le peuple -  Eugene Delacroix
Es hora de tomarse un té bien caliente (lo siento, ya no soy alcohólica) y mirar por la ventana (es mejor que no esté abierta), esperando a que algún sector tome ventaja y se calme la situación. Las posibilidades de éxito en las mesas de diálogo entre los manifestantes y el jefe de turno no son muy altas, pues hay que esperar a que el frío que se esparció por todo el cuerpo se vuelva hacia las instancias internas y les dé un poco de tenacidad para intentar un acuerdo razonable.

P.D.: en la última reforma constitucional, se incluyó como principio fundamental el morir sin anestesia. Por ese motivo, el consumo de sustancias psicoactivas y de medicamentos psiquiátricos se encuentra absolutamente prohibido desde la caída del Ancien Régime.

K. Sánchez.



El movimiento es vida

Yo creo que el movimiento es vida. No sé, tal vez suene a frase de cajón, y es que hasta me parece raro iniciar un texto con una conclusión, así, como sólo haciéndole caso a lo que quiso decir la cabeza.

Y es que ni siquiera me dejó terminar de comer en paz. Es que cuando viene, hay que prestarle atención, hay que admirarla tal como viene y no ponerle ningún tipo de limitación. Porque después de años de bloqueo, cada espacio en el que quiera brillar, tan bonita, no sería posible negárselo. Porque tragarse las palabras después de tantos años no es saludable, y ellas buscan salir de alguna manera; buscan, sencillamente, dejar de ser ruidos en la mente y, tal como debe ser, dejar un eco en la realidad, allá afuera también.

Así, como yo decía que el movimiento es vida, a veces tampoco me deja hacer mis tareas. Estoy haciendo un pequeño trabajo (sí, salgo de mi trabajo a hacer más trabajo, ¡vaya paradoja!) y, claro, ella no se queda calladita para dejarme terminar (ya casi, cariño, vas en el 75% y todo está brillante). Y es que, como es de esperarse, ni siquiera es eso lo que iba a decir, pero también tenía que decirlo. Porque a veces en los pequeños accesos de caos se encuentran muchas piezas del rompecabezas.

Es importante el movimiento para poder armar el rompecabezas. Es importante observar cada pieza, así como también es importante tratar de encajarlas donde sabes que no caben, cuando ya simplemente quieres mandarlo todo al carajo. Porque la frustración también hace parte de la experiencia, y hay que estar ciertamente desajustado para lograr encajar todas las piezas.

Dentro de las convulsiones mentales también hay muchos saltos argumentativos. Pero, ¡vaya, mujer! La psicorigidez no fue llamada al encuentro de hoy. El movimiento de esta vida simplemente fluye. El movimiento de esta vida a la que me refiero, exactamente, no puede ser opacado, trastornado ni manipulado por lo que pueda haber afuera. El cauce del río siempre regresa a su forma inicial, y nunca perdió el encanto del manantial del que brotó en algún momento.

A dos años de la partida de Paola

Desde hace tiempo tenía en mente esta entrada, mas decidí que esta fecha sería la indicada para escribirlo y publicarlo y, entonces, aquí estoy.

El día de hoy se cumplen dos años del fallecimiento de mi amiga Paola Nieto, quien abandonó este plano por causa de un accidente de tránsito. Me agrada el juego de números que hay de por medio: su cumpleaños número 26 fue el día 13 de mayo de 2017, y falleció el 26 de mayo de la misma anualidad. Es un dato que siempre me causó mucha curiosidad.

¿Desde qué contexto hablo yo? Fuimos las mejores amigas durante nuestra adolescencia. Entiéndase la expresión 'mejores amigas' como esa figura bonita de compañía incondicional que incluía soportar nuestros cambios de ánimo, acompañarnos en nuestras rebeldías, tener malentendidos ocasionales, entender nuestros lenguajes raros, explorar nuevas cosas juntas, reír hasta más no poder, contarnos hasta los detalles más personales o vergonzosos, vernos todos los días en el colegio y, cuando no pasábamos la tarde juntas, seguir hablando por teléfono o chateando hasta que ya era hora de dormir y, a pesar de ello, no aburrirnos en absoluto. 

Dentro de ese universo de la mejor-amistad con alguien del mismo sexo en una etapa tan memorable como la adolescencia, resulta buena parte del carácter con el que uno empieza a asumir la juventud y, claramente, hay muchas cosas que quedan marcadas para el resto de la vida. Valga decir que, después de su amistad de mejor-amiga-mujer-adolescente, no he vuelto a contar con ninguna similar en mi existencia, y admito que a veces añoro mucho una presencia así en mi vida. Independientemente de nuestros errores y de nuestro carácter apenas en formación, era una amistad sincera y desinteresada.

La cuestión es que, hace un tiempo, su novio, Gabriel Díaz, contó su historia en relación con este trágico suceso para una columna de el periódico El Tiempo (diario de amplia circulación en Colombia). Dejo el link a continuación por si quieren contextualizarse un poco: "El día en que sobreviví al accidente en el que murió mi novia". Inicialmente fue publicado en mayo de 2018, aunque aparece fechado de abril de este año (y doy fe de que la publicación fue del año anterior).

Así, en redes sociales el artículo se volvió a postear y empezaron a llover comentarios (sí, como ustedes saben, estas herramientas le dan el poder de opinar y sentirse sabio y objetivo a cualquiera), más en contra que a favor de lo testimoniado por Gabriel. En resumen, muchas personas opinan que él se está lavando las manos y se está dando un protagonismo heroico a pesar de haber sido el culpable de la muerte de su novia. ¿Por qué? Dicen que el profesional que dio el informe sobre el accidente dijo que Gabriel había maniobrado mal el vehículo causando el accidente y, acorde con ello (según una lógica que no comparto), él merece desprecio total por haberle quitado la vida (eso último lo leí en comentarios de personas que la conocieron a ella y de otras que no).

Yo no soy amiga de opinar en contextos sensacionalistas y en los que cualquiera puede hacerlo, así que me reservé mi opinión y no entré a rebatir ningún comentario al considerarlo carente de sentido. Así, al sentir que sí tenía que decir algo al respecto, me pareció más adecuado poder extenderme en este espacio.

Voy por lo básico y respondo a la crítica directa: yo no considero que Gabriel haya tenido la culpa del fallecimiento de Paola. Ambos estaban corriendo el mismo riesgo, y es de cultura general saber que, cuando se conduce una moto, la vulnerabilidad es alta. Así mismo, es fácil tener claro que, en cualquier contexto, de una simple decisión dependen determinados resultados. Para el caso, un movimiento inadecuado, una reacción equivocada o cualquier otro factor tiene cierta consecuencia, y no depende siempre de la voluntad de una sola persona. El caso es que no vengo a justificar o a explicar el porqué del accidente, pues es algo que no pude presenciar y que, independientemente de ello, no cambiaría las cosas en ningún sentido.

Entrando en la materia que más me interesa resaltar en este momento, me atrevo a hablar de esta manera por la cercanía que tuve con Paola, y porque, a pesar de que nos hubiéramos alejado los últimos años, la conexión que tuve con ella se siguió manifestando. Con sorpresa y alegría me doy cuenta de que mutábamos durante las mismas épocas, y los cambios se orientaban hacia la misma mentalidad que, afortunadamente, para el tiempo de su partida, estaba basada en el amor al universo, en el fluir de la existencia y, en general, en la alegría infinita de estar presentes en el tiempo y en el espacio preciso para cada cual.

Así, cualquiera que la hubiese conocido a ella de modo un poco cercano, puede tener la certeza absoluta de que ella, desde el lugar en el universo en el que esté su alma, no guarda ni una gota de rencor, de rabia o de arrepentimiento por haber dejado este mundo, pues ese tipo de sentimientos ya no tienen siquiera oportunidad de anidarse en esa bella existencia. Aquí todo el mundo puede contrariarse y pretender tener la razón, y vivir enemistado con el recuerdo y la razón de su muerte, pero, como bien se sabe, esos son demonios con los que luchan las existencias que quedamos de este lado.

Por mi parte, me parece muy poco consecuente tratar de sabotear el proceso de Gabriel con comentarios tan poco compasivos. Él tuvo que continuar aquí, y estoy plenamente segura de que ella ha estado presente con su energía para colaborarle en su recuperación, tanto física como emocional, después de lo que pudo haber representado un acontecimiento de tal impacto. He pensado muchas veces en ello y, sinceramente, espero también su entera recuperación, y que dicho suceso signifique una transformación en su vida y de la mejor manera, a pesar de que ya no pueda compartir con ella en este contexto. 

Por último, me parece un tanto ridículo juzgar lo dicho en el artículo porque habla desde el punto de vista de Gabriel. Si es su testimonio, ¿cómo habría de tener otro protagonista? Es básico reconocer que es una pieza autobiográfica y lo digo desde un punto de análisis de lectura bastante simple. 

Así, para finalizar, espero que quienes hayan conocido a mi amiga tengan muy presente lo dicho anteriormente, y sean como Paola: amen mucho, siempre. Es mi perspectiva, claro, y no pretendo establecerla por encima de la de nadie más. 

En conclusión, el punto básico es aprender a vivir los procesos propios con mucho amor y dejar de entorpecer los de los demás; ayudar en cuanto sea posible y, a toda costa, evitar cargar con rencores y demás sentimientos que, en vez de producir algo bueno o agradable, multiplican lo más detestable que puede llegar a crear un ser humano: la réplica continua de su propia miserableza.

La inherente miseria humana y el papel de la fatalidad – Reseña de “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Tibuleac

Esta lectura (de Tatiana Țîbuleac, novela escrita en 2016) tiene mezcladas una buena cantidad de cosas complicadas y súper. Ofrece, además d...