El cielo no perdona (Reseña de "Magdalena Ferat", de Emile Zola)

Antes de ser acusada, tengo que admitir que no pensaba que estuviera frente a una novela tan trágica. Llegué a imaginar, incluso, en el transcurso de la lectura, que tal vez sería una historia con un final medianamente feliz. Pero me encontré con la historia un tanto desgarradora que me voy a proponer a reseñar a continuación, como siempre, en un aparte para las personas que desean leer la historia (sin spoilers) y en otro contándoles el resumen de la misma.

Me parece importante también mencionar que antes sólo había leído una vez a Zola, pues me encontré con un cuento suyo titulado “Por una noche de amor”, que me dejó una buena impresión de su narrativa, y no me sienta para nada mal si se tiene en cuenta mi fijación excesiva por los franceses del siglo XIX.

Me llamó también la atención el hecho de que la contraportada me trajo a la memoria historias como Manon Lescaut, Trilby, La dama de las camelias y hasta Madame Bovary (algunas de las cuales reseñé previamente).

💖 Si vas a leer la novela:

De base nos encontramos con dos historias en paralelo: la de Guillermo y la de Magdalena. El autor nos relata con detalle las circunstancias de su crianza y su adolescencia, y que dieron paso a la formación de su marcado carácter (totalmente dispar), justo hasta el momento en el que se conocieron.

Una vez ambos relacionados, viven cada a uno a su manera, de acuerdo con su personalidad, el hecho de ir encariñándose mutuamente. Así, pasan juntos agradables años hasta que, como es de esperarse, llegan algunos sucesos sumamente incómodos, los cuales están marcados por la figura de Jacobo, con quien cada uno tiene una historia en particular.

Así, la pareja se ve impelida a tomar determinadas decisiones, evidenciándose siempre de manera hasta enfermiza los rasgos más marcados de la personalidad de cada uno. Justo en virtud de esto se define el curso de la historia, en medio de la precisión de la que hace gala el autor para describir el universo interno de los protagonistas (que, a mi parecer, cobra total importancia en comparación con el mismo escenario físico), sin que recayera dicho protagonismo de modo desequilibrado entre ambos (independientemente del nombre de la obra).

Llega uno, incluso, a sentir enorme empatía a pesar de que el actuar de Magdalena y Guillermo fuese a veces tan acalorado, desmesurado o abiertamente demente. No se siente uno insatisfecho en ningún momento a pesar de la manera en la que el ambiente va oprimiendo cada vez más y más el pecho del lector.

Básico de la novela es el papel que juegan la amistad y la lealtad. Es importantísimo reconocer también la emocionalidad de los protagonistas en torno al sentimiento de culpabilidad, lo cual llega a trastornarles seriamente y a definir el curso de sus vidas.

En resumen, recomiendo esta lectura sólo a quienes gusten del drama, de las historias trágicas y de inmiscuirse en la mentalidad de los protagonistas, tanto que se llega a quererlos o a odiarlos. Como buena obra del naturalismo, demuestra de buena manera tanto lo bello como lo desagradable, pero los emparenta de un modo en que el contraste no suscita conflicto alguno.

Si no vas a leer la novela, te cuento la historia 👀:

Dos personajes principales: Guillermo y Magdalena. Guillermo fue el hijo bastardo (nunca reconocido por su madre) de un hombre con una gran fortuna, obsesionado con la química (recordándome a Baltazar, protagonista de La búsqueda del absoluto de Balzac), quien fue maltratado y humillado durante su niñez y su adolescencia debido a su nacimiento, estando a cargo de su crianza una horrenda vieja fanática (a quien llamaré “maldita vieja”, porque así la nombré durante toda la lectura) que le infundió mayor temor y desdicha de la que ya sentía. Todo esto reforzó su carácter sumiso y nervioso.

“El niño, cuya inteligencia se iba despertando, vivió desde entonces en perpetuo terror. Encerrado con la fanática, que siempre le hablaba del diablo, del infierno y de la cólera celeste, pasaba amedrentado los días; por la noche lloraba, soñando que las llamas del infierno corrían sobre su cama. Hasta tal punto este pobrecillo tenía trastornada la imaginación, que no se atrevía a bajar al parque, por miedo a pecar. Todos los días, y siempre con voz aguda y penetrante, Genoveva le decía que el mundo era un infame lugar de perdición, y que para él sería preferible morir antes que ver la claridad del sol. La infeliz creía que con estas lecciones le libraba de Satán”.

Conocemos entonces a Jacobo, piedra angular de esta historia, que se presentó como un amable salvador para Guillermo, mostrando dominio frente a todos sus maltratadores y estableciendo con él una amistad en la cual le ofreció también su protección. Al no haber sentido tal afección hacia nadie anteriormente, Guillermo le adoró y le profesó su cariño de por vida, queriéndolo como a un hermano.

Ahora vamos con Magdalena Ferat, hija de un herrero que hizo fortuna gracias al trabajo duro de toda su vida, y de una mujer que falleció con su nacimiento. Esta, al ser criada por el obrero, adquirió su carácter sanguíneo, firme y dominante. Pasó su niñez y adolescencia, luego de la muerte de su padre, en un internado para niñas de la alta sociedad, contando con una buena renta para vivir a partir de ello. A pesar de su suerte, se sintió bastante dispar en comparación de todas esas figurillas que tenían porte de princesa, que se formaban para buscar ser buenas casaderas y sólo querían hablar de amores y placeres.

Al contar con la mayoría de edad, su tutor la llevó a su casa guardando la idea de tomarla por esposa unos años después (sin que ella lo sospechara, claro). Pero su estrategia no resultó adecuada porque trató de sobrepasarse con ella, situación que obligó a Magdalena a huir hacia París. Fue allí donde conoció a un joven estudiante de medicina llamado Jacobo, quien la acogió para hospedarla en su cuarto, aparentemente sin ninguna intención de por medio más que darle cobijo para esa noche. Ahora, en palabras del autor, “Al día siguiente se despertó en brazos del joven, en los cuales se había echado ella misma, impulsada por algo de que no sabía darse cuenta. Lo que con salvaje energía había negado a Lobrichon, se lo había concedido dos horas después a un desconocido. No sentía pesar alguno por ello; no hacía más que asombrarse”.

Pasó así un año de su vida conviviendo Jacobo, adaptándose a su desenfrenado modo de vivir, pero sin deseos de cambiar ese modo de vida, pensando incluso en que debería casarse con él. Este no tenía ese tipo de intereses, y no pasó mucho tiempo hasta que partió a un largo viaje con motivo de su profesión, y Magdalena:

“No se creía con derecho a censurar a su amante. Ya él lo había advertido, y era ella quien había querido quedarse. Ansiaba arrojarse a su cuello y rogarle que no partiese. Pero pudo más su orgullo, y no se movió de la silla. Quiso parecer tranquila y no dar a entender al joven, que silbaba tranquilamente, hasta qué punto su marcha la partía el corazón”.

Justo por esas fechas, Guillermo partió rumbo a París con el objetivo de encontrar a Jacobo, a quien tanto había extrañado desde que marchó con motivo de su carrera de medicina. Se hospedó justamente en el hotel donde Magdalena se encontraba. Al verse, sintieron una atracción mutua: Magdalena, en razón de que Guillermo no la trataba de modo burdo y no se comportaba como los demás hombres, y Guillermo, debido a la belleza de Magdalena y a la amable sonrisa que le proporcionó al verlo.

Se hicieron amigos hasta que todo evolucionó en un romance, a pesar de que Magdalena ponía algo de resistencia. En razón de que Guillermo podía disponer de la fortuna de su padre, propuso a Magdalena ser su mujer y, en vista de su aceptación, compró una pequeña casita y allí vivieron juntos, probando durante algún tiempo ambos la dicha de la tranquilidad que siempre habían querido. Magdalena iba cediendo cada vez más a este modo de vida, sintiéndose plácidamente envuelta por todo el cariño y la devoción de Guillermo hacia su persona:

(Vienna 1854–1903) Couple in the Moonlight, signed,
inscribed C. Schweninger Wien, oil on canvas,
100 x 78 cm, framed, (W)
“Lo que más la conmovía no eran los arrebatos amorosos del joven; en sus caricias había más de maternidad que de pasión. Y esto se explica por el íntimo afecto que él le tenía, y por la dignidad con que la trataba, como se trata a la mujer legítima. Esto la dignificaba a sus propios ojos, porque podía creer que había pasado de los brazos de su madre a los de su esposo. Este sueño que se forjaba, la enorgullecía, y la acariciaba en todos los pudores de su ser. Merced a esto, se permitía mostrarse altanera, y cada vez más amable, más tranquila y más esperanzada, sin acordarse de las heridas que ya no manaban sangre”.

Es importante saber que ellos nunca habían hablado de su pasado, y que se habían prometido no hacerlo. Además, ambos vivían ahora con una sensación que describían como si toda su historia se hubiese borrado, buscando únicamente vivir el presente queriéndose y sin pensar en las angustias que alguna vez tuvieron que sufrir.

Importante saber que, en este punto de la historia, Magdalena encontró entre las pertenencias de Guillermo una foto de Jacobo, dejándola sumamente angustiada este detalle. Ese mismo día, Guillermo se vio obligado a hacer una referencia de su pasado a Magdalena al enterarse, por medio del diario, de que la embarcación en la que había viajado Jacobo, su mejor amigo, había naufragado y este había muerto. ¿Cuál no sería, entonces, el malestar de Magdalena al conocer el íntimo lazo que les ligaba y la muerte de este último?

De algún modo superaron sus angustias e inseguridades y la pareja decidió, finalmente, casarse. Fueron a vivir a la Noraide (la casa del señor De Viargue, que produjo su suicidio con sustancias que él mismo había fabricado) y allí pasaron cinco años experimentando una tranquilidad absoluta, alejados de la sociedad, viviendo a su manera, apoyándose nada más que en sí mismos, adorando mutuamente su carácter y su naturaleza y esperando vivir así por el resto de sus vidas. Tuvieron una hija que multiplicó su dicha.

Y bien, es hora de declarar que ya hubo demasiado deleite para nuestros protagonistas. Un día, al regresar de hacer algunas diligencias en París, Guillermo regresó a casa anunciando a Magdalena una “maravillosa noticia”: Jacobo no había muerto, pues se había salvado milagrosamente del naufragio. Estaba esperando afuera a que arreglaran una habitación para invitarle a pasar unos días en compañía de los esposos.

Inició entonces el suplicio de Magdalena. Confesó a su esposo que había sido amante de su amigo, de su “hermano”. Y aquí inició, claramente, también el suplicio de este. Sale aquí a relucir el papel implacable y tremendamente fastidioso de la maldita anciana que nombré antes, quien oyó la confesión de Magdalena y se figuró que esta mujer no podía ser más que el demonio de la lujuria habitando en la Noraide, que había venido a traer la desgracia.

Empieza entonces la narrativa de la huida que trataron de emprender ambos tratando de escapar tanto de la persona como del recuerdo de Guillermo. Si bien Magdalena quería enfrentarle, Guillermo optaba por escapar de él. Se narra incluso un episodio muy llamativo en el que Guillermo se da cuenta de que su hija se parece demasiado a Jacobo (si bien era imposible que fuera hija de este) y empieza a evadirla. Magdalena hace lo posible para no aceptar este extraño parecido, pero entonces lo reconoce y lo justifica recordando que, cuando estaba en brazos de Guillermo, profundamente anhelaba estar en los brazos de Jacobo.

La maldita anciana no facilitaba las cosas en ningún modo, y me quedo con la opinión de que su papel fue fundamental para que todo se fuera al carajo. En sus recitales bíblicos, que leía siempre de modo provocador y acusador, buscaba siempre pasajes que hicieran referencia a la mujer, al pecado y a la ira de Dios. Magdalena, a pesar de no ser creyente, perdía la cabeza en medio de tales acusaciones, que sólo reforzaban en ella ese sentimiento de culpa del que se había creído liberada con el amor de Guillermo. Y el universo les mostraba, inclemente, que la desgracia les perseguía sin descanso para castigarles.

Como último escape trataron de acudir a la vida de los salones parisinos, buscando olvidarse de su desgracia, al menos, para hacer la vida un poco tolerable. No logrando obtener más que vacío y enterándose de que su hija había caído gravemente enferma, decidieron retornar a la Noraide, enterándose antes de que Jacobo estaba nuevamente en París.

En un último arranque impetuoso, Magdalena se arrepintió de tomar el tren junto a Guillermo y, excusándose en haber olvidado un paquete, decidió ir a enfrentar su destino buscando a Jacobo para confesarle que su esposo era Guillermo y que, por el bien de la pareja, este no debía volverlos a buscar. Mas, tal era el impulso invencible que dominaba a la pobre mujer, que, al encontrarse con Guillermo, no pudo sucumbir a su ya conocida coquetería, a las manos que rodeaban hábilmente su talle y a la cercanía de su respiración sobre su cuello, y volvió a entregarse a él sin ningún reparo.

Presa de una horrible fiebre y de brutales desvaríos, volvió a la Noraide para confesar su falta a Guillermo y para anunciarle su suicidio. La alivió la noticia de la muerte de su hija hacía unas pocas horas, pues ya no tendría que dejarla. Encontró encendida una bujía en el antiguo laboratorio, y encontró a Guillermo también reflexionando sobre su suicidio.

“—¡Pues bien! Entonces, seamos lógicos: todo ha acabado. Tú lo has dicho; es nuestro amor el que nos mata; si no nos amáramos, viviríamos tranquilos. Pero seguirse amando y manchar sus caricias; desear estrecharse a cada momento y no atreverse a tocarse con la punta de los dedos; pasar las noches a tu lado creyéndome en brazos de otro, cuando yo daría mi sangre por poderte atraer a mí, eso, bien lo comprenderás, acabaría por volvernos locos… Todo ha acabado”.

En esta última conversación, en la cual Guillermo le decía a Magdalena que, si ella moría, él tendría que morir también inmediatamente, esta se vio obligada a confesarle su pecado con suma ferocidad, tomando entonces uno de los venenos dejados allí por el señor De Viargue. Logró su cometido y, al verla muerta, Guillermo perdió la poca cordura que le quedaba. Dando vueltas de modo convulso por la estancia, pateando todo lo que encontraba en su camino, estallaba en una carcajada maligna mientras pisoteaba el cadáver de Magdalena.

Y cerrando el escenario, entra la maldita anciana y contempla con cierto placer el cuadro que se le presenta, exclamando, nada más y nada menos, “¡Dios Padre no ha perdonado!”.

✌ Concluyendo:

Como ya había mencionado, la narrativa naturalista me parece deliciosa, y no simplemente porque sea una vertiente de mi queridísimo realismo. Si bien se puede tratar de una historia más bien sencilla, en el marco de una relación de pareja, se entreteje muy bien cada detalle para que la bola de nieve que los arrastra a todos al final no resulte, para nada, desproporcionada.

Sobre los personajes, admirable la figura de Jacobo, que nunca se enteró de nada de lo sucedido entre su antigua querida y su viejo amigo; permaneció intacto en su modo de vida despreocupado y no tuvo absolutamente nada que ver en el desenlace de la historia. Todo, absolutamente todo, se debió a la manera en la que Guillermo y Magdalena manejaron sus recuerdos en virtud de los rasgos de su personalidad.

Me dejó perpleja Guillermo, tan noble, tan sumiso y tan soñador siempre, quien, a pesar de saber que Jacobo pertenecía al pasado de Magdalena (bueno, yo sé que en aquellos tiempos esas “cuestiones del honor” eran bastante desproporcionadas en este sentido, pero aún hoy en día se siguen viendo), se dejaba llevar por una ira incontenible que provenía de sus celos y su inseguridad, conteniéndose en varias ocasiones, incluso, de golpear a Magdalena. También me sorprendió que llegara a odiar a su propia hija. Aunque la locura que brotó finalmente en él no me sorprende, pues luego de soportar tal nivel de angustia, ninguno de estos dos podría salir mentalmente sano de tanto trajín.

Y, ¡vaya! Pues que yo me estremezco al saber que todo esto termina así, habiendo pensado que tal vez Magdalena tendría algún final un poco menos tormentoso. Me dio algo de esperanza que, en una parte de la novela, la maldita anciana había proclamado la historia de María Magdalena siendo perdonada por Jesucristo al arrepentirse de sus pecados. Pero es que esa horrible señora tenía razón, porque el cielo no perdona, porque la mujer no tenía derecho a ningún miramiento al haberse manchado por la lujuria.

Me queda entonces claro que los protagonistas, en virtud de su carácter, temían con tal vehemencia su pasado que no lograron sustraerse al mismo. Independientemente de que ninguno de los dos era creyente, Magdalena tuvo demasiado temor acerca de lo reprochable que pudiera ser su conducta (y no me quedo sin traer a colación ese síndrome de virgen María del que se nos ha impregnado a las mujeres) y Guillermo nunca pudo controlar su inseguridad y se horrorizaba con la idea de que su esposa sólo pensara en Jacobo (hasta que, por desgracia, sus temores se materializaron). Ninguno de los dos tuvo la entereza suficiente para sobreponerse frente a las convenciones sociales que indicaban que la mujer digna sólo debía conocer un hombre.

Y es que Magdalena no había actuado de modo reprochable hasta ese entonces, pues los azares del destino fueron los que la llevaron a encontrarse con ambos hombres. Puedo entonces concluir, independientemente de la ubicación temporal de esta lectura, que el cielo que juzga es el mismo que se alza al interior de cada cual (y, desgraciadamente, somos poco propensos a la autocompasión).

© K. Sánchez (24/11/21)

Reseña de Kaiki: cuentos de terror y locura (autores japoneses)

Se trata de una colección de cuentos bastante variados, a pesar de que todos corresponden al calificativo de “kaiki”, el cual es usado para definir lo tétrico y sobrenatural. También la variedad de autores es muy interesante, así como el contexto (tiempo y lugar) en el que se narran las historias. Encontré algunas que me parecieron maravillosas, otras que son más bien normales y, también, algunas que no llamaron para nada mi atención.

👵El demonio del cabello blanco (de Kidō Okamoto) es una historia de horror sobrenatural, pero me decepcionó el hecho de que nunca se comentó aquello que dio origen a los sucesos. Pero la forma de narrar me pareció impecable.

🐲Kaiiki: un relato de espíritus marinos (de Kyōka Izumi) tiene elementos tanto psicológicos como sobrenaturales, y la combinación resultó muy exitosa, en mi opinión. La narración es buena, bien estructurada a pesar de su corta extensión y el final le da el toque secreto.

👺La cara dentro de la hornilla (de Kōtarō Tanaka) sólo se enfoca en lo sobrenatural . Es uno de esos relatos que resultan adecuados para aquellos interesados en leer acerca de maldiciones y espíritus malignos.

😩Una noche de primavera (de Ryūnosuke Akutagawa), desgraciadamente es uno de los relatos que menos me gustó del libro . Si bien hay una pequeña impresión del elemento sobrenatural, no logró causarme ningún tipo de impresión.

🐍La serpiente (de Ōgai Mori) es una de esas historias a las que les falta un poquito para ser consideradas realmente historias de horror, en mi perspectiva, pues si bien se desenvuelve en el contexto de una maldición (por una mujer que no es buena con su suegra y termina enloqueciendo), el final desdibuja todo el asunto añadiéndole un elemento racional que explica, en buena parte, lo sucedido. En resumen, no me gustó.

👹Jinmensō: el bubón con rostro humano (de Jun’ichirō Tanizaki) es, en definitiva, la historia más repugnante de toda la colección. También relacionada con una maldición, con un argumento muy similar a muchos de los que se ven en películas en terror de la década de los noventa e inicios del nuevo siglo. Me encantó, a pesar de lo desagradable del argumento, y hasta me hizo reír.

👻La momia (de Atsushi Nakajima) me hizo recordar la historia de Robert Bloch denominada, precisamente, “Los ojos de la momia”. Vale la pena resaltar que aquí no estamos hablando de Japón. Es curioso, pero nada demasiado maravilloso a mi parecer.

🐟 Una historia de apariciones (de Rohan Kōda) me resultó aburrido y difícil de entender, pues está ubicado en un escenario de pesca y el autor se extiende demasiado haciendo precisiones innecesarias sobre peces y cañas de pescar. Tampoco me causó impresión el desarrollo de la historia.

🚢El muchacho de los naufragios (de Kyūsaku Yumeno) también tiene de base una maldición. Interesante para los que gusten de las historias de barcos (que usualmente me resultan difíciles de entender por el lenguaje técnico que usan). Tampoco me gustó mucho.

Revenge of ghosts , ca. 1849-1953 by Utagawa Kuniyoshi
Ahora, mi top 3 de las mejores narraciones del libro:

💗En tercer lugar está La lengua del diablo (de Kaita Murayama), relato con el que inicia el libro. Narra una historia de muchos años en un espacio bastante corto, pero el enlace de los acontecimientos está muy bien hecho y genera bastante inquietud. El tema principal (canibalismo) está muy bien balanceado, cosa que uno como lector no sabe qué creer sobre lo sucedido. Da miedo y es divertido.

💖En segundo lugar, El infierno está en el espejo (de Rampō Edogawa). Considero que es la narración más hermosa de toda la colección. Sentí que las descripciones dadas por el autor eran todas muy pertinentes e ilustrativas, y de un modo tan sutil como para describir bien cada parte de la historia y no quitarle en ningún momento ese candor casi lírico que tanto me gusta. Es un precioso relato de terror psicológico.

💘Y decidí dejar en primer lugar a La sombra de la muerte (de Jūran Hisao), porque la expresión de mi rostro al finalizar la lectura fue de total satisfacción. Es un cuento supremamente entretenido y logra atrapar con facilidad al lector. Sólo es terror psicológico, pero me encanta la experticia con la que el autor juega con la psique del personaje principal, y resulta que cada pedacito de la historia resulta siendo completamente creíble.

Traté de no hacer ningún tipo de adelanto para que, a quien llame la atención alguna de las temáticas, tenga la oportunidad de leer alguno de los cuentos que acabo de reseñar. Si están interesados en adquirir el libro, pueden ingresar a la web de Quaterni

© K. Sánchez (08/11/21)

Reseña de “Encuentros secretos” de Kōbō Abe

Se trata de mi primera lectura de Kobo Abe, al que llegué por Akutagawa. Kōbō Abe fue un escritor japonés de pleno siglo XX y que, según tenía como referencia, tenía un toque bastante particular para explorar la individualidad del ser humano, así como la sociedad, desde un punto de vista más bien surrealista y kafkiano. A mí no me gusta mucho el surrealismo, pero sí tengo especial afición por lo siniestro, así que fue una buena oportunidad para salir de mi zona de confort.

Al iniciar la lectura, me pareció tan compleja y tan extraña que estuve a punto de abandonar el libro después de unos 10 minutos de lectura. Pero apareció este párrafo y me animé:

“Ahora, no me importa que después supriman este preámbulo en el caso de que les parezca innecesario. Dejo la decisión en manos del caballo”.

Portada del libro (editorial Eterna Cadencia)
¿Dejar la decisión en manos del caballo? ¡Del caballo! Pudo más mi curiosidad y tuve que leer el libro hasta el final. Era algo demasiado raro como para dejarlo pasar.

Tengo que admitir que es una historia de la que no podría hacer un recuento lineal o entendible, tal como suelo hacerlo en el “modo resumen” de mis reseñas, porque tanto la manera de narrar como la temporalidad que se maneja en la narración juegan bastante con uno como lector. Es normal terminar sesiones de lectura y sentir que uno no sabe qué es lo que está leyendo, ni poder soltarlo fácilmente en palabras. Y cuando uno es aficionado a la lógica, este tipo de lecturas cuestan un montón.

En un resumen absurdamente global, esta es una historia en la cual llega una ambulancia a la casa de un matrimonio y se llevan a la mujer para el hospital, sin existir de por medio justificación alguna. La novela narra lo sucedido al hombre durante toda la odisea (y la palabra se queda cortísima) a la que se enfrentó en su búsqueda. Puede parecer simple, pero les aseguro que es todo lo contrario.

Es una locura, tanto así que a quien lee el libro le toca estar siempre atento para no perder detalles sobre el contexto. Se trata de un hospital que, además de ser como una república independiente, es un espacio dedicado a la práctica experimentos sexuales, y en el cual se pasa totalmente por alto la privacidad individual, esto con miras a obtener placer. Está repleto de laberintos (no me sería posible trazar un mapa ni nada parecido para orientar), de funcionarios misteriosos y corruptos (incluyendo el caballo) y de enfermedades difíciles de imaginar, como la algodonosis:

“Al día siguiente se hospitalizó, pero al parecer ya era tarde. El cuello, las nalgas, las orejas, las tetas, todo el cuerpo estaba lleno de algodón. El médico nos dijo que deberíamos quitárselo antes de que se expandiera, y papá y yo nos dedicamos durante varios días seguidos a recolectar algodón. Los brazos y las piernas se veían grotescos como si los huesos se vistieran con guantes y calcetines estirados. A medio año de hospitalizada, murió con el corazón invadido por el algodón, pobrecita. Nos dejó tres cajas repletas de algodón y decidimos hacer con eso una cobija. Yo la quería para mí, pero papá la donó al museo a cambio de un diploma, diciendo que era un objeto demasiado siniestro. Parece que todavía la exhiben en el museo, pero es mía”.

En esta obra está impregnada una fuerte irreverencia hacia cualquier principio o convención social, sobre todo en el ámbito sexual, y hay cosas exageradamente retorcidas (como el caballo, nuevamente) y repugnantes; se hace también una referencia a la pederastia. Es bastante explícita, sobre todo, en este sentido.

Llamó también mi atención encontrar entre líneas numerosas alusiones a la soledad. Si bien el protagonista se encuentra totalmente solo en su búsqueda, rodeado por personas en las que no puede confiar y que buscan sólo obtener su tajada, me quedó la sensación de que esto sucedía con cada personaje. Y así, en esa extrema soledad, es cuando se devela toda esa fatiga existencial que se empieza a presentar por la excesiva desconfianza y la confusión misma de todo el cuento. Me agradaron todos esos reveses expresados en ironías descarnadas:

Oye, eres un hueso duro de roer. ¿Cuándo vas a comprender lo feo que puede resultar un cuerpo sano? Mientras la historia de los animales es un proceso de evolución, la Historia Humana no es sino una evolución retrógrada. ¡Vivan los monstruos, que son encarnaciones de los grandes débiles!”.

Quedo maravillada con todas las cámaras ocultas que se encuentran regadas en cada línea, que muestran sin piedad un tono cada vez más decadente hasta llegar a un final desolador y terriblemente realista.

© K. Sánchez (26/10/21)

¿Realmente hay vidas dañadas? Reseña de “Indigno de ser humano”, de Osamu Dazai

Terminé la lectura de Kokoro hace un tiempo y me topé con esta recomendación, y como me gustan los dramas y los ambientes depresivos, me animé a su lectura. Lenguaje sencillo, sin necesidad de adornos excesivos, pero con pasajes que invitan al lector a la introspección constantemente. Y sí, realmente es trágico. Aunque no sorprende el final, creo que uno siempre está esperando a ver qué es aquello tan terrible que hizo el protagonista para calificarse a sí mismo como “indigno de ser humano”.

Imagen del manga "Uzumaki" de Junji Ito.
Sobre su autor, Osamu Dazai, es la primera vez que lo leo (ya había comentado que apenas estoy explorando la literatura japonesa), y me parece apropiado y suficiente comentar en este momento que hay muchos apartes de su vida que se encuentran entremezclados en esta novela.

Me he enterado de que hay un cómic de la novela, este del artista Junji Ito, y una serie de anime llamada “Aoi Bongaku”, cuyos 4 primeros episodios están basados en esta novela (los 8 restantes en otras obras de literatura japonesa, incluyendo a Kokoro).

👀💗 Si vas a leer el libro:

Es una novela corta (se lee en una tarde) con un ambiente más bien invariable, impregnado de disertaciones que evocan la desesperanza, el miedo y la frustración en general, y cómo este tipo de situaciones pueden llegar a ser tremendamente caóticas, especialmente cuando hay de por medio seres humanos de carácter más bien débil y pusilánime.

Considero que lo importante en esta obra no reside realmente en el transcurso de la historia, que se va volviendo sumamente predecible durante la trama, sino que tiene sus raíces puestas en la manera de ver el mundo y de sentir de Yozo, el protagonista. Su propia percepción es lo que forma la narración (en primera persona), lo cual resulta fundamental para entender el fondo de la historia (la cual pasa a un segundo plano): no todas las personas percibimos las cosas del mismo modo.

Creo que es un libro curioso cuando quien lo lee ha sufrido de depresión. Es más fácil ponerse en los zapatos del otro (en este caso, de Yozo) cuando uno se ha enrollado en este tipo de espirales que cada vez depredan con más voracidad los pequeños atisbos de luz que da la existencia ocasionalmente; hay momentos en los que es más fácil huir con medidas pasajeras, en vez de dar la cara a nuestros demonios. Y hay muchas personas que no logran salir con vida.

Así, si el lector está interesado en el tema y gusta de una lectura sórdidamente pesimista, desesperanzadora y brutal, llena de disertaciones crudas sobre la existencia humana, podría tener un rato agradable.

👾 Si no vas a leer el libro, te lo cuento:

Probablemente haya lectores interesados más en el desarrollo de las historias y las aventuras de los protagonistas, por lo cual me queda muy claro que esta lectura no sería apta para cualquier público, pues, como ya he dicho, su esencia está en la manera en la que Yozo plasma su manera de ver las cosas.

“Me pregunto si soy feliz. Desde pequeño me han dicho muchas veces que soy afortunado; pero mis recuerdos son de haber vivido en el infierno. Esos que me tildaron de dichoso, al contrario, parecen haber sido incomparablemente más felices que yo”.

La novela recoge acontecimientos claves desde la niñez hasta la adultez de Yozo. Se califica a sí mismo como un niño enfermizo, que solía pasar numerosos meses en cama (es posible, incluso, que su personalidad pudiera ser fruto de alguna enfermedad); temeroso de la dureza del corazón humano, constantemente preocupado por agradar a los demás, en busca de una máscara perfecta para esconder sus verdaderos sentimientos de temor. Nunca se calificó a sí mismo como un ser desalmado o criminal, que es lo que uno podría esperar cuando se encuentra con el título del libro. Al contrario, se puede afirmar que era una persona muy empática y que podía captar cuando otros tenían vidas similares a la que él llevaba:

“Existe la palabra “marginados”, que denota a los infelices, a los fracasados y a los descarriados en la sociedad humana; pero yo creo que lo soy desde el momento en que nací. Por eso, cuando me cruzo con alguien calificado de “marginado”, de inmediato siento afecto por él. Un afecto que llena todo mi cuerpo de un arrobamiento de ternura”.

A medida que crecía se encontraba cada vez con que el ser humano era peor de lo que imaginaba. Incluso narra haber sido víctima de abuso por parte de una criada cuando era niño. Aprendió entonces, desde una corta edad, a ocultar sus sentimientos y pensamientos reales haciendo reír a los demás con múltiples bromas intencionales (y le causaba un horrible pánico cuando sospechaban que todo era una actuación). Pero de este modo logró sobrellevar la vida en la niñez y en la adolescencia, siendo la pintura el único mensaje que traducía su realidad, a pesar de que nunca hizo públicas sus creaciones por miedo a levantar sospechas ante otros sobre su verdadero ser.

Quiso estudiar pintura en la universidad, pero al ser otro el designio de su padre, no tuvo problema en obedecer. Fue a Tokio entonces para hacer sus estudios universitarios y convertirse en funcionario. Así llegó la época de las malas decisiones, de esas que no tienen vuelta atrás: prostitutas, tabaco y alcohol, esto en compañía de un hombre llamado Horiki, también estudiante, que le enseñó este mundo y gozó a sus expensas.

De mucha importancia saber que, en muchas ocasiones, a las personas a las que les cuesta sentirse tranquilas para expresarse, relacionarse con otros y no sentir presión en el intento, les viene muy bien el alcohol debido a sus efectos desinhibitorios, que crean una atmósfera de alegría pasajera. Por la misma razón, estas son personas con alguna potencialidad para hacerse adictas, por ejemplo, al alcohol, el cual encontró en Yozo a una víctima perfecta.

A propósito de este tipo de conductas autodestructivas, Yozo resultó tomando todo el dinero que le daban sus padres para satisfacer sus deseos y, de paso, siendo usado por Horiki para el mismo fin. Siendo hijo de una familia bien acomodada, vivía en una posada con menos de lo necesario, y buscaba dinero sólo para comprar sake barato. La adicción era brutal e inminente.

Es también curioso conocer cómo transcurrió su vida con las mujeres. Muchas se enamoraban de él, quien parecía no darse cuenta o decidía ignorarlas conscientemente. No estaba hambriento de sentimientos de amor ni buscaba una relación de pareja, aunque hubo mujeres presentes en muchos acontecimientos importantes en su vida. Y las mujeres solían sentir hacia él algún tipo de cariño parecido a aquel que lleva a querer proteger a otros (un instinto maternal, podría ser).

Conoció a una mujer llamada Tsuneko, que, según su percepción, era tan miserable como él, y fue el único momento de su vida en el que sintió algo como el amor:

“Aunque esa mujer no dijo: “¡qué tristeza!”, su cuerpo estaba envuelto en una profunda tristeza silenciosa, una corriente de miseria de unos tres centímetros que circulaba sobre ella. Al acercarme a ella, mi cuerpo quedaba también envuelto en esa corriente, mezclándose con la de mi punzante melancolía “como una hoja muerta que se pudre en el fondo del agua”. Por fin me había librado del miedo y la angustia”.

Y en una noche que pasaron juntos decidieron suicidarse en conjunto lanzándose al mar en Kamakura (episodio con raíces autobiográficas). Tsuneko murió y a Yozo lo llevaron al hospital, lo cual generó un alborozo en la prensa local porque él venía de una familia de renombre. Cuenta haber llorado mucho después de lo sucedido, aunque tuvo suerte de que le diagnosticaran una dolencia pulmonar y le dejaran libre de asuntos judiciales luego de lo sucedido.

No siendo capaz de mantenerse por sí mismo, ya que su adicción no se lo permitía, encontró personas que lo mantuvieron. Así, su próxima relación con una mujer se dio debido a esta necesidad. Ya que tenía alguna habilidad para el dibujo, gracias a ella logró que publicaran algunas tiras cómicas obscenas de su autoría en periódicos de bajo rango. Entonces podía comprar su propio sake y seguir retorciéndose en su propia miseria diariamente:

“Por la ventana se veía una cometa atrapada entre los cables eléctricos, azotada y rasgada por el viento polvoriento de primavera; y aun así parecía aferrarse a los cables, agitándose como en movimientos afirmativos. Cada vez que la veía no podía evitar sonrojarme con una sonrosa amarga. Incluso se me aparecía entre sueños”.

Tuvo otra relación importante con una mujer llamada Yoshiko, a quien se describe como una mujer joven, ingenua y muy confiada (tanto que nunca llegó a dudar siquiera de Yozo). Y así, un pequeño relámpago de felicidad le iluminó brevemente: quiso casarse con ella y tratar de buscar así “la felicidad”. Así lo hizo, a pesar de lo complicado que fuera en la práctica.

Aparece nuevamente Horiki buscando dinero para beber y, como es evidente, Yozo no es de esas personas que puedan decir no, lo cual es más impensable si se trata de alcohol. Este aparecía y desaparecía constantemente, mas esta vez Yozo se atreve a pensar lo siguiente:

“Tuve un sobresalto. En el fondo, Horiki no me trataba como a un ser humano sino como a un deshonrado que escapó a la muerte, un fantasma imbécil, un cadáver viviente; y su amistad sólo consistía en utilizarme al máximo para sus placeres. Por supuesto, estos pensamientos no fueron nada agradables; pero, pensándolo bien, era comprensible que Horiki me viese de esa manera, ya que desde niño era indigno de ser humano, y quizá fuera muy razonable que hasta él me despreciara”.

Así es. También es típico de perfiles de baja autoestima justificar a las personas que les maltratan. Y bien, a falta de tragedias y malos ratos, para completar este recorrido lleno de desgracias, un hombre violó a Yoshiko en su propia casa, mientras él estaba presente, bebiendo con Horiki. Es también de no creer su reacción, pues no hizo absolutamente nada, además de sentarse a llorar y seguir bebiendo.

Después de la deshonra cometida, el matrimonio empezó a decaer, pues Yoshiko vivía ahora fundida en sobresaltos y temores permanentes, e incluso se sentía atemorizada en presencia de Yozo; ya no sonreía y andaba muy ensimismada, como avergonzada. Yozo, a su vez, se refiere a este momento como decisivo en su vida, relatando que a partir de ello perdió totalmente la seguridad en sí mismo y su temor hacia la humanidad creció de un modo insuperable.

Días después trató de suicidarse con una sobredosis de medicamentos, pero no lo consiguió. Y no había pasado mucho tiempo cuando empezó a vomitar sangre. Se preocupó por su salud y fue a una farmacia cercana, cuya dueña era una mujer lisiada que, también, se sintió atraída por ese no-sé-qué que tenía Yozo y que tan útil era para endulzar a las mujeres. Le recetó entonces algunos medicamentos, indicándole que no volviera a beber y que, a cambio, podría inyectarse morfina.

Error evidente y ya se vislumbraba más próximo el muro de este callejón sin salida: efectivamente, Yozo dejó el licor y se hizo adicto a la morfina. A pesar de que cada día necesitaba más, la mujer de la farmacia conseguía las que él le pedía, y ya su deuda era enorme con ella. Como último recurso, escribió una carta a su padre buscando dinero, pero nunca recibió respuesta.

Y la historia se cierra aquí cuando lo llevan al manicomio. Fue retirado por uno de sus hermanos después de la muerte de su padre. Yozo hace referencia a que éste había sido el causante de todo su sufrimiento (aunque no se hacen referencias explícitas a esto durante toda la narración). Fue llevado a vivir a una casa a las afueras de un pueblo, con una mujer mayor a su servicio. Cuenta, entonces, haber perdido cualquier deseo de luchar o de sufrir a partir de todo aquello:

“En mi existencia ya no existe la felicidad o el sufrimiento. Todo pasa. Esa es la única verdad en toda mi vida, transcurrida en el interminable infierno de la sociedad humana. Todo pasa. Este año cumpliré veintisiete. Tengo ya tantas canas que aparento haber pasado los cuarenta”.

No se dice nada acerca de su muerte ni de lo sucedido a partir de ello. Sólo queda el vacío en el corazón de quien lo lee, de quien medita largamente en las constantes confesiones del autor; de aquel a quien no le puede quedar más que la plena certeza de que, probablemente, en este mundo hay vidas que, por alguna razón, están dañadas 💔

© K. Sánchez (22/10/21)

Reseña de "Los tres impostores" de Arthur Machen

Esta obra me llamó muchísimo la atención y me pareció sumamente divertida, tanto por su forma como por su contenido. No había tenido ocasión de leer un libro que estuviera formado por relatos de horror independientes (todos de muy buena calidad, tengo que admitirlo) que sirvieran como excusa para entretener al lector, porque no tienen absolutamente nada que ver con la “carne” del relato como tal.

Si bien la historia de base resulta muy sencilla, esto no significa que se pueda descalificar por este motivo. No hay que prestar excesiva atención para entender lo sucedido, aunque uno tiende a desconfiar y a volverse paranoico al leer este tipo de libros.

Así, el astuto relleno de la historia central se encuentra conformado por varias mini-historias:

- La novela del valle oscuro
- La novela del sello negro
- La novela de la doncella de hierro
- La novela del polvo blanco

Todas con buena carga de horror, de diferentes tipos, pero la segunda y la cuarta me parecieron maravillosamente logradas (pronto les obsequio una en el blog), esto sin dejar de reconocer la bellísima pluma de Machen para darle entera pulcritud a lo sobrenatural, a lo angustiante e, incluso, a lo repugnante.

Estas narraciones son contadas por diferentes interlocutores, los cuales cuentan con algún interés especial dentro del tema central. Cada personaje cobra interés especial y todo logra tener sentido luego de que se narra “La historia del joven de anteojos” y, para cerrar, se debe regresar al inicio del texto para poder decir "ya terminé la lectura". Esa jugada siempre me parece brillante cuando se sabe hacer.

📚 Comentarios para el potencial lector:
  • La recomiendo para quienes gustan del cuento y del horror (sobrenatural y psicológico).
  • Es una apuesta muy interesante por la manera en la que se entremezclan los cuentos en la historia, sin ninguna necesidad de limitarse a una colección.
  • Impresionante y siempre recomendada la literatura de Machen. Seguro agrade a lectores de H.P. Lovecraft, entre otros.

© K. Sánchez (22/10/21)

La inherente miseria humana y el papel de la fatalidad – Reseña de “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Tibuleac

Esta lectura (de Tatiana Țîbuleac, novela escrita en 2016) tiene mezcladas una buena cantidad de cosas complicadas y súper. Ofrece, además d...