Un reinvento. Es una muestra de reconciliación con mi propia existencia, la cual quiero enseñar por medio de mi producción literaria. Ficciones y realidades conviviendo en paz, con la misma esencia de siempre, pero con nuevos enfoques. ¡Siempre lírica, siempre bizarra!
Hasta el
momento no me había encontrado con una obra de Camus que estuviera dotada de un
carácter manifiestamente personal. En los textos que conforman este libro, escritos
a mediados del año 1950, Camus hace referencia a muchas impresiones que tiene,
para el momento de plasmarlo en letras, acerca de lugares, pensamientos y
experiencias en su pasado, enlazadas de modo encantador con el absurdo que
representa su filosofía, y que dota a sus disertaciones de un ánimo que se mueve
constantemente entre lo reflexivo, lo artístico y la nostalgia.
Como es de
esperarse, constantes alusiones a Grecia y a su mitología (que, tengo que
admitir, me quedo corta en muchas ocasiones porque no tengo suficiente
recorrido al respecto). Reconozco que una de las fuerzas más grandes que tienen
estos textos está muy relacionada con los paisajes descritos (impresión
particular) y, especialmente, con la significación simbólica del verano.
Todos estos
textos tienen un no-se-qué que me resulta muy encantador, ya que encontré
contrastes que me resultaron en emociones muy vívidas en demasiados momentos de
la lectura:
El Minotauro o el alto de Orán (1949), Pequeña guía para ciudades sin pasado (1947) y Retorno a Tipasa (1953) son los textos en los que se denota un
mayor énfasis en lo que evocan ciertos lugares para el autor, teniendo en
cuenta las experiencias de lo ya vivido en comparación con lo actual.
De Prometeo en los infiernos (1946) y El exilio de Helena (1948) no puedo decir mucho a fondo, pues, como
mencioné, es trascendental para su entera compresión tener claridad en cuanto a
muchos puntos de la mitología griega.
El enigma (1950) –mi favorito de la colección- y El mar, aún más cerca (1953) son textos
que, primero, alabo ¡porque tienen una prosa bellísima! El encanto de la
sensibilidad absurda, llena de aparentes contradicciones en sí misma, dotada de
un carácter excesivamente humano, me resultó fascinante.
“En la medida en que es posible, a mí me
hubiera gustado ser, por el contrario, un escritor objetivo. Llamo objetivo a
un autor que se propone temas sin tomarse jamás a sí mismo como objeto. Pero el
furor contemporáneo de confundir al escritor con su tema sería incapaz de
admitir esa relativa libertad del autor. Así se convierte uno en profeta del
absurdo. Y, sin embargo, ¿he hecho yo otra cosa que razonar sobre una idea que
he encontrado en las calles de mi tiempo? Que haya alimentado esa idea (y que
una parte de mí siga alimentándola), con toda mi generación, no hace falta decirlo.
Simplemente, he tomado respecto a ella la distancia necesaria para tratarla y discernir
su lógica. Cuanto he podido escribir desde entonces lo muestra suficientemente.
Pero es más cómodo explotar una fórmula que un matiz. Se ha elegido la fórmula:
aquí estoy, igual de absurdo que antes”.
El gran Gatbsy era uno de esos libros que tenía en mi lista
de pendientes hace muchos años. Al terminar la lectura, después de ese limbo en
el que uno queda después de leer ciertos libros, sólo pude recriminarme el
hecho de no haberlo leído antes.
Se trata de
una novela que gira en torno a los contrastes: entre los personajes, entre las
clases sociales, entre las zonas geográficas, entre los comportamientos, las
maneras de pensar, los propósitos de vida, la fragilidad de los vínculos, etc.
Así, es muy notorio como los personajes se encuentran muy bien marcados y
delimitados, partiendo, en mi opinión, desde su clase social.
Se
distingue perfectamente la dificultad imperante en relación con el racismo en
los Estados Unidos de inicios/mediados del siglo XX, haciéndose referencia en
algún aparte a cierta hipótesis extraña al respecto. Es manifiesto también el
modo en que se ilustra con suficiencia el machismo y los roles de género, así
que es muy fácil encontrar una cantidad de estereotipos a lo largo de la
historia, como lo analizaré más adelante. Importante tampoco dejar fuera del
análisis el contexto económico general, en el cual se marcaba ya la depresión del
29 y la relevancia de fenómenos como el contrabandismo.
Encontré en
esta novela un hilo muy marcado por el individualismo y la ideación
materialista de sus personajes en general. Quedé impregnada de la sensación de
que todos estaban avocados a vivir vidas muy ligeras, recayendo en la base de
que el dinero y las posesiones materiales pueden satisfacer cualquier
existencia burda y vacía, sin ningún sentido de responsabilidad o verdadera
empatía hacia los demás. Del único personaje del que se podría hacer un análisis
medianamente distinto sería del narrador, que es de quien se escuchan algunas
reflexiones, pero que pasa a ser simplemente el vehículo para contar la
historia de nuestros personajes principales. De todo este contexto se espera
entonces, fácilmente, que se desprenda mucha posesividad y violencia en las
relaciones que se establecen.
👀 Resumen cortito de la historia:
Nick
Carraway, narrador, sobre los años 20, decide hacer su vida en
Long Island, en una casita más bien humilde. Su vecino tenía una mansión
esplendorosa y ofrecía fiestas increíbles cada fin de semana, a las que iba
cualquier cantidad de personajes. Pero nadie tenía conocimiento realmente de
quién era Gatsby, el anfitrión de tan lujosos y extravagantes eventos, que ni
siquiera parecía tener interés en el desarrollo de los mismos; existían muchas
habladurías respecto a su historia y al origen de su riqueza.
Ahora, Nick
tenía también otros vecinos: su prima Daisy y su esposo, Tom Buchanan, un
atleta proveniente de una familia adinerada. Nick no tardó en darse cuenta de
que Tom tenía un romance con la señora Myrtle Wilson, quien, a su vez, era esposa de
un mecánico. Al frecuentar la casa de Daisy, Nick conoció a la joven Jordan
Baker, con quien tuvo un romance más bien discreto a lo largo de la
novela.
Gatbsy buscó
entonces entablar contacto con su vecino, Nick, al enterarse de que este era primo
de Daisy: sólo quería que le ayudara a volver a hablar con ella, pues, hacía
algunos años, antes de que él se fuera para la guerra, ellos se habían
enamorado, pero su familia no le permitió establecer una relación con un simple
soldado. Por lo tanto, un muchacho de cuna humilde como Gatsby, al ver que le
arrebataban la posibilidad de ser feliz junto a Daisy, decidió partir para buscar cómo lograr convertirse en un hombre realmente digno de ella.
Al
regresar, entonces, la encontró ya casada, e incluso con una pequeña hija. Fue
así como se estableció en la mansión más maravillosa de todo Long Island, se
adornó con todas las riquezas y extravagancias posibles para llamar la atención
de su amada y, justo por este motivo, ofrecía el tipo de fiestas al que ya me
referí: todo para volver a verla, para volver a hablar con ella y ofrecerle
todo lo que ahora tenía, sólo para poder estar con ella.
Escena de la adaptación cinematográfica de 2013.
Nick
accedió a facilitar el primer encuentro entre Gatsby y Daisy, invitándoles a
tomar el té en su casa (sin que ella supiera de la presencia de Gatsby, claro).
Después de un encuentro lleno de nostalgia e incomodidad, Daisy accedió a
visitar su mansión. Allí demuestra con exagerada suficiencia que se encontraba
maravillada con todas las cosas que poseía Gatsby (tanto así que llega a llorar
sobre sus camisas porque eran “hermosas”). Y, sí, ella también le fue entonces
infiel a Tom.
Tanta
cercanía sólo podía generar problemas. Daisy y Gatbsy se tornaron demasiado
evidentes con su romance, de lo cual claramente se enteró Tom. Este, indignado,
propició un escenario bastante incómodo en el que decidió enfrentarles y saca a
la luz el secreto de que Gatsby tenía tal fortuna sólo debido a nexos con el
contrabando. Daisy no se define frente al asunto.
Camino de
regreso, Daisy volvía junto a Gatsby conduciendo su auto, en un estado de
alteración que le lleva a atropellar a una mujer en el camino, la cual murió
después del accidente: Myrtle Wilson, amante de su esposo. Según comentó a
Nick, este estaba dispuesto a asumir toda la culpa para que Daisy no sufriera
las consecuencias. De todos modos, Tom hizo lo suyo y, de alguna manera, el
señor Wilson, al enterarse de que el auto que atropelló a su mujer era de
Gatsby, dedujo que este era su amante y decidió inmediatamente asesinarle,
suicidándose inmediatamente después.
😎Personajes a resaltar:
Jay Gatsby 💕(que no es su nombre real –antes fue James
Gatz): un sujeto de cuna humilde, con una infancia y adolescencia bastante dura
en temas económicos. Aparentemente vive tratando de superar dicha situación y
tener una vida cómoda. Considero que su porcentaje de autoestima a raíz de esta
causa era enorme, cosa que haya llegado a enceguecerse tanto como para buscar,
por cualquier medio posible, enriquecerse SÓLO para ser “el indicado” para
Daisy.
Así, hizo
todo lo que estuvo a su alcance para conseguir la riqueza que deseaba, pero no
para él sino para complacerla a ella. Eso, en sí, puede que sea absurdo, pero
hay que reconocer que, de una u otra manera, lo logró, y lo logró con creces. Era
su meta y, por ese sólo hecho, no considero que sea dado criticarla.
“Cuando fui a despedirme vi que la expresión de
perplejidad había vuelto a la cara de Gatsby, como si acabara de sentir una
duda levísima acerca de la calidad de su felicidad presente. ¡Casi cinco años!
Incluso aquella tarde tuvo que haber algún momento en que Daisy no estuviera a
la altura de sus sueños, no tanto por culpa de la propia Daisy, sino por la
colosal vitalidad de su propia ilusión. Su ilusión iba más allá de Daisy, más
allá de todo. Y a esa ilusión se había entregado Gatsby con una pasión creadora,
aumentándola incesantemente, engalanándola con cualquier pluma que cogiera al
vuelo. No hay fuego ni frío que pueda desafiar a lo que un hombre guarda entre
los fantasmas de su corazón”.
Daisy Fay Buchanan 😒: el personaje que más odié de toda la novela.
Una mujer extremadamente egoísta, pusilánime e irresponsable, quien sólo tenía
interés manifiesto en el dinero, el prestigio y no asumir absolutamente nada
por su propia cuenta; persona inconsecuente e inestable, a quien su esposo
trata como un trofeo. El nivel de descaro en el actuar de este personaje es
indescriptible. Era de esperarse que no iba a ir al funeral de Gatsby, pero, de
todas maneras, eso no deja de doler.
“Mientras expresábamos nuestra admiración,
Gatsby siguió sacando camisas y el suave y suntuoso montón fue cobrando altura:
camisas a rayas y con arabescos y estampados de color coral, verde manzana,
lavanda y naranja claro, con monogramas de un tono añil. De repente, entre ruidos
ahogados, Daisy hundió la cara en las camisas y empezó a llorar sin consuelo.
—Son unas camisas tan maravillosas —sollozó, y
los pliegues, la tela, le apagaban la voz—. Lloro porque nunca había visto
unas… unas camisas tan maravillosas”.
Tom Buchanan 😬: otro personaje sumamente odioso y, a mi
parecer, muy icónico debido al estereotipo que representa: el macho,
deportista, racista, blanco, alto y que, por ese mismo hecho, creía que podía
pasar por encima de todo y de todos, y, entre tanto, que las mujeres también
hacían parte de su dominio. Concreta la idea de la materialización de la mujer
y la exhibe con orgullo.
“No podía perdonarlo ni demostrarle simpatía,
pero entendí que, para él, lo que había hecho estaba completamente justificado.
Sólo era desconsideración y confusión: Tom y Daisy eran personas
desconsideradas. Destrozaban cosas y personas y luego se refugiaban detrás de
su dinero o de su inmensa desconsideración, o de lo que los unía, fuera lo que
fuera, y dejaban que otros limpiaran la suciedad que ellos dejaban…”.
Myrtle Wilson: la amante de Tom Buchanan, que, en lo poco que
se cuenta, también fue víctima de maltrato físico por parte de este. Su esposo,
George Wilson, también era una persona sumamente inestable y posesiva, quien
perdió la cabeza cuando se enteró de su infidelidad.
Jordan Baker: la joven golfista, amiga de Daisy, que resultó
saliendo con Nick y, efectivamente, cansándose de él. Se mostraba un poco más
reflexiva e inteligente que su amiga, aunque también con ciertos tintes superficiales
que, finalmente, terminaron siendo manifiestos. Una de las conversaciones que
más recuerdo de la novela fue la siguiente, que tuvo con Nick:
“—Pero fuiste tú el que me dejó —dijo Jordan de
improviso—. Me dejaste por teléfono. Ya no me importas lo más mínimo, pero
aquello fue para mí una nueva experiencia, y durante un tiempo me sentí un poco
desorientada.
Nos estrechamos la mano.
—Ah, ¿te acuerdas —añadió— de una conversación
que tuvimos una vez sobre conducir un coche?
—No, no me acuerdo.
—¿No dijiste que un mal conductor sólo está
seguro hasta que se encuentra con otro mal conductor? Bueno, pues yo me
encontré con otro mal conductor, ¿no? Quiero decir que, si me equivoqué tanto,
fue por mi propio descuido. Creía que eras una persona bastante honesta y
sincera. Creía que ese era tu orgullo secreto.
—Tengo treinta años —dije—. He rebasado en
cinco años la edad de mentirme a mí mismo y llamarle a eso honor.
No me contestó. Enfadado, medio enamorado de
ella y tremendamente dolorido, di media vuelta y me fui”.
Nick Carraway: no podría defender la idea de que sea el
personaje con mayor juicio entre los demás, pero tengo que rescatar muchas de
sus reflexiones, de su sensibilidad y de sus motivaciones para realizar interacciones
dentro de la historia. Apreciaba realmente a Gatsby (a pesar de que le costara
tanto confiar en él y en su extraña historia) y le consideraba su amigo, y se
comportó de acuerdo con ello.
Creo que,
teniendo este contexto, me es dado justificar lo que anteriormente señalé y
hacer énfasis en que el vacío era una constante en la vida de todos estos
personajes. Si bien la figura de narrador daba un poco más para que a Nick se
le considerara como el más “cuerdo” de todos, este tampoco se salva de lo
inevitable.
Entiendo
que esta trama pueda parecer simplista o predecible a algunos,
pero me quedo con la impresión de que es una novela escrita con una finura
inigualable. Me agrada (a pesar de que me enoja) el cliché de los personajes y
los estereotipos que representan (y que, ay, ¡por favor! esto todavía es muy
vigente), y me resultó una lectura muy hermosa y bien dotada de sensibilidad.
Así, sería ese el parámetro a revisar, primero (además del contexto que resumí
previamente), antes de saber si este libro puede agradar al lector.
Y bien,
como decía, me quedo con el trasfondo que hace, incesantemente, referencia a
los fines y las metas que cada cual se plantea. Pusilánimes, insensibles,
determinados o crueles, tenemos la potestad de elegir, abandonar, retomar y
usar los medios que deseemos para llegar a cualquier “luz verde” que
consagremos en nuestro horizonte.
“Y, allí, pensando en el viejo mundo
desconocido, me acordé del asombro de Gatsby cuando descubrió la luz verde al
final del embarcadero de Daisy. Había hecho un largo camino hasta aquel césped
azul y su sueño debió de parecerle tan cercano que difícilmente podía
escapársele. No sabía que ya lo había dejado atrás, en algún sitio, más allá de
la ciudad, en la vasta tiniebla, donde los oscuros campos de la república se
extienden en la noche.
Gatsby creía en la luz verde, el futuro
orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros. Se nos escapa ahora, pero
no importa, mañana correremos más, alargaremos más los brazos y llegarán más
lejos… Y una buena mañana…
Así seguimos, golpeándonos, barcas
contracorriente, devueltos sin cesar al pasado”.
Unos versos de esta canción son citados en la novela :)
No es coincidencia el hecho de que este año ya
tenga dos lecturas de Goethe (Clavijo fue la anterior), pero lo que me parece
más gratificante y curioso es que tomar nuevamente “Los sufrimientos del joven Werther”, después de haberlo leído hace
media vida, me ha dado una grata experiencia (todo gracias a mi compañero de
lectura, quien lo propuso para la discusión).
💘Mi primera lectura
(preliminar, sin spoilers):
Una adolescente con un trastorno depresivo no
especificado se refugia, cuando su mente se lo permite, en los libros, para
evadir un momento la carga del mundo real. Se le enreda este título en la
biblioteca, pues había tenido alguna referencia favorable del autor en su clase
de literatura.
Se encuentra con un romanticismo mucho más
digerible que el de María, de Jorge
Isaacs (aquellas lecturas obligatorias del bachillerato), y no tarda mucho en
sentirse identificada. Si bien la adolescente no se rasga las vestiduras por
temas de romance, la expresión del dolor, la angustia y la desesperación de
Werther le llega hasta el alma. Muchas referencias le llevan, inevitablemente,
al llanto, y entiende que, al menos, no es ni ha sido la única persona en el
mundo en sentir este tipo de sensaciones.
“Dios sabe cuántas
veces me voy a la cama con el deseo, incluso con la esperanza, de no volver a
despertar, y por las mañanas abro los ojos, vuelvo a ver el sol y me siento miserable”.
Así, me recuerdo a mí misma lo importante que
es sentir empatía al leer, pues este simple rasgo puede hacer el camino para
que un libro guste o no a su lector, pues mi veredicto de aquellas épocas sobre
esta novela estaba en un nivel de 5/5, haciendo referencia, supongo que
exclusivamente, al modo en que me casé con su contenido.
En conclusión, Werther es una historia bonita
para quien guste del romance y de la tragedia en su más pura expresión. Veamos
qué obtuve en mi relectura.
👀Mi segunda lectura (no
resumo, pero está lleno de spoilers):
Ya con algo más de madurez y con un contexto
totalmente diferente por parte de la joven-adulta lectora, primero comento a
quienes leen mi reseña que esta historia está inspirada en algún episodio de la
vida de Goethe. Este fue un autor alemán que, como se puede apreciar en esta novela,
fue una de las máximas figuras del denominado “Sturm und drang”, movimiento artístico que dio paso al afamado romanticismo.
El contexto de la lectura se da, en
correspondencia con lo anterior, a razón de un amor imposible: Werther se
enamora de quien le dicen que, ni por el carajo, se vaya a enamorar, porque es
una mujer comprometida. Y, nada más decirlo, a los dos minutos el hombre quedó
encantado con Charlotte, una jovencita que, con el fallecimiento de su madre,
había quedado encargada de sus pequeños hermanos. Y él ya no tenía vida más que
para ella:
«¡Voy a verla!»,
exclamo por la mañana cuando me despierto y, lleno de alegría, contemplo el
hermoso sol. «¡Voy a verla!». Y en todo el día ya no deseo nada más. Todo, todo
se cifra en esa expectativa.
Según pude interpretar al inicio del texto,
Werther se había alejado de la casa de su familia para ir a un pueblo lejano y
con un ambiente más tranquilo, debido a lo que yo considero que podía
haber sido algún trastorno de carácter nervioso –o depresivo- que hubiese
presentado con anterioridad. Lo intuyo por algunos detalles iniciales de la
narración.
Señalaba como fundamental tener claro lo que
mencioné acerca del Sturm und Drang
porque esta novela tiene todos esos elementos que hacen gala de la
emocionalidad, con independencia del racionalismo que se marcaba con enorme
fuerza en aquella época, así como de la moral común. En varias ocasiones en las
que Werther tiene discusiones con otros personajes, deja clarísimo su carácter
pasional y transgresivo; esa vocación tendiente a las emociones, como, por
ejemplo, al hablar con Albert (casualmente, el prometido de Charlotte):
«Pero eso es algo
completamente diferente —repuso Albert—, porque un hombre que se deja llevar
por sus pasiones pierde el juicio por completo y se le considera un borracho,
un loco».
«¡Ay, vosotros, los
juiciosos! —exclamé riendo—. ¡Pasión! ¡Embriaguez! ¡Locura! ¡Qué tranquilos
estáis, sin compasión, vosotros, los virtuosos! Censuráis al bebedor,
despreciáis al insensato, pasáis de largo como el sacerdote y dais gracias a Dios
como los fariseos por no haberos hecho como a uno de ellos. Yo me he
emborrachado más de una vez, mis pasiones nunca han estado muy lejos de la
locura, y no me arrepiento de ninguna de las dos cosas, porque a mi manera he
aprendido que de todos los hombres excepcionales que han hecho algo grande,
algo que parecía imposible, siempre se ha dicho que eran unos borrachos y unos
locos. Pero también en la vida cotidiana es intolerable tener que oír
prácticamente a todo el mundo exclamar ante una acción libre, noble,
inesperada: “¡Este hombre está borracho! ¡Éste está loco!”. ¡Avergonzaos
vosotros, los sobrios! ¡Avergonzaos vosotros, los sabios!».
«Ésta es otra de tus
locuras —dijo Albert—, tú lo llevas todo al extremo y, al menos en este asunto,
no tienes razón al comparar el suicidio, que es de lo que estamos hablando
ahora, con grandes acciones, puesto que el suicidio no se puede pensar que sea
otra cosa que debilidad. Claro que es más fácil morir que soportar con entereza
una vida llena de penurias».
Ahora, conociendo Werther que Charlotte estaba
comprometida, no optó por alejarse de ella sino, al contrario, permaneció fiel
a su lado (sin preocuparse mucho por el futuro), siendo visitante asiduo de su
casa, amigo de sus hermanos y cercano también a su padre y a Albert.
Posteriormente, la relación con él se volvió difícil (este conocía sus sentimientos
por su prometida); la vida de Werther, como tal, empieza a complicarse cada vez
más a razón de su manera extremista y vehemente de ver y sentir el mundo y las relaciones
en la sociedad (algo que podría verse como si fuera un sujeto afectado por un
trastorno límite de la personalidad, peeeerooo… vuelvo a traer a colación la
bandera del Sturm und Drang, abogando
para que no se le juzgue desde la racionalidad).
Se ve entonces cómo el protagonista empieza a
decaer y, tal como suele pasar en casos de depresión, sufre el efecto bola de
nieve que arrasa con absolutamente todo. En un momento, para tomar cartas en el
asunto y enfrentarse a su destino de no tener posibilidad alguna con su amada,
decide irse a hacer su vida en otro pueblo, muy a su pesar. Allí las cosas
tampoco funcionan y termina regresando, ya totalmente perdido y desesperado:
“¡Trepar una escarpada
montaña es entonces mi alegría, abrir un camino a través de un bosque
infranqueable, a través de los zarzales que me hieren y las espinas que me
desgarran! ¡Así me siento algo mejor! ¡Algo!”.
En un momento de la narración, se relata que
Werther conoció a un criado que, al haberse enamorado de su patrona, decidió
cometer un asesinato. Es muy ilustrativo conocer sus pensamientos al respecto,
ya que, así se haya tratado de una conducta muy extrema, él decía entender los
motivos del criminal y no le juzgaba por haber cometido tal acto. Esto lleva a
pensar que, probablemente, Werther habría sido capaz de llevar a cabo alguna
acción semejante.
Hay un punto muy interesante y es, justamente,
una de las razones que me desencantó de la novela (la bajé del pedestal en el
que la tenía). Si bien la historia inicialmente se entiende mediante cartas que
Werther envía a Wilhelm (un amigo que nunca apareció), hay un momento en el que
la narración deja de ser en segunda persona y pasa a tercera: llega un narrador
omnipresente a mitad de la historia para terminar de contarla, y sigue
agregando algunas cartas ocasionalmente. Esa estrategia no me resultó satisfactoria
ni adecuada estilísticamente.
Acerca de los sentimientos de Charlotte hacia
Werther, aquel narrador salido de la nada comenta que, si bien Albert y Charlotte
conocían los sentimientos de este, no habían definido exactamente cómo tratar
el asunto: Werther era un amigo de la familia y Charlotte no tenía corazón para
pedirle que se alejara, aparentemente. De todos modos, me resultaban extrañas
sus muestras de afecto hacia él y la condescendencia con la que lo trataba y,
efectivamente, hacia el final del libro hay un pequeño episodio en el que ella
admite para sí misma sus sentimientos hacia él, mas no es capaz de cambiar el
estado de cosas en el que se encuentra.
Después de dicho encuentro, Werther hace los
preparativos correspondientes para acabar con su vida: salda sus deudas,
escribe algunas cartas, visita ciertos lugares y toma prestada un arma de
Albert, la cual le fue proporcionada por las mismas manos de Charlotte, quien,
seguramente, temía lo que vendría después.
“Dile a mi madre que
tiene que rezar por su hijo y que le pido perdón por todos los disgustos que le
he ocasionado. Porque ése era mi destino, afligir a aquellos a los que sólo
debía alegría. ¡Que te vaya bien, queridísimo amigo! ¡Que te vaya bien!”.
La narración del suicidio es desgarradora y, coincidiendo con mi versión
de hace media vida, he llorado a más no poder. Cada una de las escenas que se
pintan son totalmente conmovedoras.
😎Para finalizar:
Linda historia para conocer los elementos de la narrativa del Sturm und
Drang y adentrarse un poco en el romanticismo y el naturalismo del siglo XVIII.
La forma de narrar es hermosa, muy sentida y emocional; imprime mucha fuerza en
los paisajes, sentimientos y situaciones que revela. Es un libro lindo y
adecuado para conocer a qué se parece la depresión.
Un lector poco empático, con gusto por las acciones inmediatas y que no
se sienta cómodo con disertaciones de carácter emocional y las descripciones típicas
del naturalismo, no se va a sentir cómodo con esta historia. Alguien que no se
meta en la época y en el movimiento literario tampoco va a resultar convencido.
Mi veredicto para la relectura fue de 3/5 (¡Cómo cambia la
perspectiva!).
“La dama pálida” es un relato corto que fue
escrito en 1849. Vampírico, de corte gótico –efectivamente, romanticista–,
sin mucho que envidiarle (en la forma) a otros como "Carmilla" de Sheridan Le Fanu. Su lectura me evocó, en varias ocasiones, a "Drácula", de Bram Stoker, en su totalidad.
Empiezo, entonces, con un resumen de la
historia y, luego, doy mi opinión general acerca de la misma para quienes
desean leerla, o ya la ha leído, para que comparemos puntos de vista.
Resumen de la historia
(si no te gustan las historias de vampiros, pero tienes curiosidad 👀):
Se encuentra ambientado en los montes Cárpatos,
en un contexto de guerra en el cual la princesa Hedwigia, quien corría peligro,
fue enviada a un monasterio lejano para que no pereciera junto con su padre y
hermanos.
Camino al monasterio, es asaltada por un grupo
de bandidos un tanto salvajes que dan de baja a sus protectores y, por fortuna,
en medio de la batalla estos son detenidos por un caballero que, al parecer, es
hermano de quien comanda a este grupo. Así, se presentan en la historia Kostaki
(el jefe de los bandidos) y Gregoriska, su hermano mayor (quien detiene la
batalla), y este último y la Hedwigia, casualmente, se enamoran casi de
inmediato. Y también, casualmente, Kostaki se enamora de ella.
Acuerdan llevar a Hedwigia a su castillo para
que sea custodiada por la princesa Brankovan, madre de los dos jóvenes, quien
la recibe cordialmente. En vista de la complejidad de su situación, se le
recomienda no salir del castillo. Mientras tanto, el amor de Hedwigia y
Gregoriska crece y, por su parte, la obsesión de Kostaki con ella, también.
Giulia Pagano and Christopher Bernau in the Passion of Dracula, cropped -Gotfryd, Bernard, photographer.
Hasta que, un buen día, Gregoriska declara su
amor a Hedwigia y le propone escapar. Ya correspondidos, concertan la huida
para el día siguiente. Aparentemente, Kostaki presiente que había algo extraño
de por medio y sale en búsqueda de su hermano, con quien tiene un duelo que
resulta perdiendo.
Con la muerte de Kostaki, Hedwigia empieza a
recibir visitas nocturnas que le producen enorme dolor en el cuello; le dejan
pequeñas heridas, como de alfiler, y le producen palidez y agotamiento de muerte,
que cada día le hacían más desdichada y amenazaban su vida. Le comenta a
Gregoriska todo aquello y este confirma la idea de que estaba siendo atacada
por un vampiro.
Planean entonces un contraataque en el cual,
finalmente, Gregoriska se enfrenta con el vampiro –Kostaki de ultratumba.
Realizan un extraño ritual con la sangre que brotó del corazón de este para
deshacer la maldición en Hedwigia, pero este enfrentamiento también le costó la
vida a su amado, y era esta la manera en la que se daba por finalizada una
maldición que había caído sobre la familia, al extinguirse el linaje.
Fue así como, según lo prometido y evitando
males posteriores, huyó a Francia, conservando su palidez cadavérica luego de
la experiencia.
Puntos para el debate
de la historia:
❤Puntos a favor: la narrativa es bellísima, un estilo gótico
que califico como intachable. La musicalidad y la elegancia de la prosa hacen
que, de por sí, el texto valga la pena. Por otra parte, me ha llamado la
atención el hecho de que, a pesar de la corta extensión del mismo, se expone de
maravilla el buen manejo que tiene Dumas para crear ambientes llenos de intriga
y suspenso (resalto, sobre todo, un escenario en el que se siente una tensión
absoluta).
Y bien, como ya había mencionado, tiene buen
manejo de los elementos de la tradición vampírica en la literatura, siguiendo
ya el folclore de historias como Drácula, por ejemplo.
👻Puntos... no tan a favor: bueno, hay que partir del punto de que es una
historia del romanticismo, que tiene elementos góticos y que es una historia de
vampiros, antes de que llueva la sarta de críticas.
Siendo plenamente consciente de que me muevo en
este terreno, no puedo dejar de decir que se siente mucha ligereza en la
historia y que, desgraciadamente, se vuelve predecible (yo esperaba, en cada
ocasión que lo permitía, que siempre pasara lo peor, pero nunca fue así). Por
ejemplo, la muerte y transformación de Kostaki en vampiro me resultó
ligerísima; la contraposición entre los dos hermanos –como representación del
bien y del mal absoluto– me resultó indignante ya que había un momento en el
que parecía que cada uno tenía su culpa; ah, y qué decir del enamoramiento a
primera vista y la rivalidad que, entre los hermanos, aumentó aún más debido a
este factor. Tan típico, tan aburrido…
Lamenté también encontrar cabos sueltos, como
la constante repetición por parte de la princesa Brankovan de que “Kostaki ama Hedwigia”, que fue algo que
no resultó tener ni la más mínima relevancia. Me decepcionó sentir que este
personaje, que tenía un potencial increíble para darle más fuerza a la
historia, terminó siendo apenas un adorno del que se podía prescindir. Podría
nombrar muchos más elementos que considero que fueron un desperdicio, así como
algunas incoherencias que no me pasaron desapercibidas.
Tampoco me quiero pronunciar sobre el final, porque tiene una referencia que no puede explicarse por sí misma.
En conclusión, si el lector es ávido de
historias de vampiros, es necesario, por cultura general, tener esta
experiencia. Por lo demás, no creo que se estén perdiendo de mucho.
No soy muy dada a la lectura de escritos de
carácter autobiográfico, pero este libro me ha hecho querer acercarme
nuevamente a ellos. Yo, de la obra de Sabato, sólo me había atrevido a
acercarme a El túnel, y, por cosas de la vida, no se me había dado la
oportunidad de volverle a leer hasta que, por recomendación de un estimadísimo
amigo (y, de muy buen criterio literario, lo cual puedo ya certificar), di con
esta preciosidad.
Añado, además, que llené el texto de banderitas
porque había cantidad de cosas súper inspiradoras para mi gusto, así como
parrafillos que, realmente, merece la pena repasar varias veces, y con toda la
atención posible.
Este libro, que es un conjunto de reflexiones
que no sigue una cronología lineal, tiene un montón de cosas llamativas, ya que
son chispitas de recuerdos e inspiraciones que brotaron del autor a sus 86
años, haciendo ya una pequeña retroalimentación de las impresiones de su vida. La
primera cosilla que quiero resaltar es que, si bien es un libro escrito en
medio del ánimo nostálgico que denota ese ocaso de la vida humana, es un llamado
a la juventud para que continúe en la resistencia; en esa que se puede llamar,
de alguna manera, la búsqueda de un absoluto, a pesar del trajín con el que
cargan las nuevas generaciones debido a todos los influjos que se han ido
generando con la historia y todo lo que esta conlleva (a nivel político y
económico, principalmente).
Aparte tomado de... alguna página del libro.
Además de ser notoria su sensibilidad hacia la
niñez y hacia la juventud, hace múltiples referencias también a la lucha y a la
resistencia, contando al lector algunas situaciones en relación con sus
inclinaciones políticas y la militancia. No deja de lado (pues se encarga de
hacer notar lo estrechamente relacionado que está) el amor que nos liga con
este mundo y sus seres para que cada acto sea auténtico, y, a su vez, lo
expresa también mediante variadas anécdotas que relacionan a sus padres, a Matilde,
a sus hijos, a sus amigos y benefactores, e incluso señala las luces y el ánimo
que recibió por parte de varios escritores que también me son bien preciados (y
que no pensé que tuvieran relación alguna con él).
Foto ilustrativa de la nota "Borges y Sabato juntos por primera vez", publicada en la portada de la revista Gente, nº 499
Hace también muchas referencias en cuanto a sus
conocimientos científicos (pues, de base, él era físico) artísticos,
filosóficos y literarios, que dotan a esas reflexiones de buen grado de
elegancia y una profundidad. Admito que se me iluminaron los ojitos y el
corazón en algunos capítulos en los que hablaba sobre el oficio de escribir.
Es hermoso. Es inspirador. Me sentí sumamente
conmovida con su lectura y, definitivamente, declaro que es de esos libros que
es bueno releer en varias etapas de la vida (bueno, siempre y cuando se sienta
empatía con el autor y los trocitos de su historia que se permite compartirnos).