Reseña de “Los sufrimientos del joven Werther”, de J. W. von Goethe

 

No es coincidencia el hecho de que este año ya tenga dos lecturas de Goethe (Clavijo fue la anterior), pero lo que me parece más gratificante y curioso es que tomar nuevamente “Los sufrimientos del joven Werther”, después de haberlo leído hace media vida, me ha dado una grata experiencia (todo gracias a mi compañero de lectura, quien lo propuso para la discusión).

💘Mi primera lectura (preliminar, sin spoilers):

Una adolescente con un trastorno depresivo no especificado se refugia, cuando su mente se lo permite, en los libros, para evadir un momento la carga del mundo real. Se le enreda este título en la biblioteca, pues había tenido alguna referencia favorable del autor en su clase de literatura.

Se encuentra con un romanticismo mucho más digerible que el de María, de Jorge Isaacs (aquellas lecturas obligatorias del bachillerato), y no tarda mucho en sentirse identificada. Si bien la adolescente no se rasga las vestiduras por temas de romance, la expresión del dolor, la angustia y la desesperación de Werther le llega hasta el alma. Muchas referencias le llevan, inevitablemente, al llanto, y entiende que, al menos, no es ni ha sido la única persona en el mundo en sentir este tipo de sensaciones.

“Dios sabe cuántas veces me voy a la cama con el deseo, incluso con la esperanza, de no volver a despertar, y por las mañanas abro los ojos, vuelvo a ver el sol y me siento miserable”.

Así, me recuerdo a mí misma lo importante que es sentir empatía al leer, pues este simple rasgo puede hacer el camino para que un libro guste o no a su lector, pues mi veredicto de aquellas épocas sobre esta novela estaba en un nivel de 5/5, haciendo referencia, supongo que exclusivamente, al modo en que me casé con su contenido.

En conclusión, Werther es una historia bonita para quien guste del romance y de la tragedia en su más pura expresión. Veamos qué obtuve en mi relectura.

👀Mi segunda lectura (no resumo, pero está lleno de spoilers):

Ya con algo más de madurez y con un contexto totalmente diferente por parte de la joven-adulta lectora, primero comento a quienes leen mi reseña que esta historia está inspirada en algún episodio de la vida de Goethe. Este fue un autor alemán que, como se puede apreciar en esta novela, fue una de las máximas figuras del denominado “Sturm und drang”, movimiento artístico que dio paso al afamado romanticismo.

El contexto de la lectura se da, en correspondencia con lo anterior, a razón de un amor imposible: Werther se enamora de quien le dicen que, ni por el carajo, se vaya a enamorar, porque es una mujer comprometida. Y, nada más decirlo, a los dos minutos el hombre quedó encantado con Charlotte, una jovencita que, con el fallecimiento de su madre, había quedado encargada de sus pequeños hermanos. Y él ya no tenía vida más que para ella:

«¡Voy a verla!», exclamo por la mañana cuando me despierto y, lleno de alegría, contemplo el hermoso sol. «¡Voy a verla!». Y en todo el día ya no deseo nada más. Todo, todo se cifra en esa expectativa.

Según pude interpretar al inicio del texto, Werther se había alejado de la casa de su familia para ir a un pueblo lejano y con un ambiente más tranquilo, debido a lo que yo considero que podía haber sido algún trastorno de carácter nervioso –o depresivo- que hubiese presentado con anterioridad. Lo intuyo por algunos detalles iniciales de la narración.

Señalaba como fundamental tener claro lo que mencioné acerca del Sturm und Drang porque esta novela tiene todos esos elementos que hacen gala de la emocionalidad, con independencia del racionalismo que se marcaba con enorme fuerza en aquella época, así como de la moral común. En varias ocasiones en las que Werther tiene discusiones con otros personajes, deja clarísimo su carácter pasional y transgresivo; esa vocación tendiente a las emociones, como, por ejemplo, al hablar con Albert (casualmente, el prometido de Charlotte):

«Pero eso es algo completamente diferente —repuso Albert—, porque un hombre que se deja llevar por sus pasiones pierde el juicio por completo y se le considera un borracho, un loco».

«¡Ay, vosotros, los juiciosos! —exclamé riendo—. ¡Pasión! ¡Embriaguez! ¡Locura! ¡Qué tranquilos estáis, sin compasión, vosotros, los virtuosos! Censuráis al bebedor, despreciáis al insensato, pasáis de largo como el sacerdote y dais gracias a Dios como los fariseos por no haberos hecho como a uno de ellos. Yo me he emborrachado más de una vez, mis pasiones nunca han estado muy lejos de la locura, y no me arrepiento de ninguna de las dos cosas, porque a mi manera he aprendido que de todos los hombres excepcionales que han hecho algo grande, algo que parecía imposible, siempre se ha dicho que eran unos borrachos y unos locos. Pero también en la vida cotidiana es intolerable tener que oír prácticamente a todo el mundo exclamar ante una acción libre, noble, inesperada: “¡Este hombre está borracho! ¡Éste está loco!”. ¡Avergonzaos vosotros, los sobrios! ¡Avergonzaos vosotros, los sabios!».

«Ésta es otra de tus locuras —dijo Albert—, tú lo llevas todo al extremo y, al menos en este asunto, no tienes razón al comparar el suicidio, que es de lo que estamos hablando ahora, con grandes acciones, puesto que el suicidio no se puede pensar que sea otra cosa que debilidad. Claro que es más fácil morir que soportar con entereza una vida llena de penurias».

Ahora, conociendo Werther que Charlotte estaba comprometida, no optó por alejarse de ella sino, al contrario, permaneció fiel a su lado (sin preocuparse mucho por el futuro), siendo visitante asiduo de su casa, amigo de sus hermanos y cercano también a su padre y a Albert. Posteriormente, la relación con él se volvió difícil (este conocía sus sentimientos por su prometida); la vida de Werther, como tal, empieza a complicarse cada vez más a razón de su manera extremista y vehemente de ver y sentir el mundo y las relaciones en la sociedad (algo que podría verse como si fuera un sujeto afectado por un trastorno límite de la personalidad, peeeerooo… vuelvo a traer a colación la bandera del Sturm und Drang, abogando para que no se le juzgue desde la racionalidad).

Se ve entonces cómo el protagonista empieza a decaer y, tal como suele pasar en casos de depresión, sufre el efecto bola de nieve que arrasa con absolutamente todo. En un momento, para tomar cartas en el asunto y enfrentarse a su destino de no tener posibilidad alguna con su amada, decide irse a hacer su vida en otro pueblo, muy a su pesar. Allí las cosas tampoco funcionan y termina regresando, ya totalmente perdido y desesperado:

“¡Trepar una escarpada montaña es entonces mi alegría, abrir un camino a través de un bosque infranqueable, a través de los zarzales que me hieren y las espinas que me desgarran! ¡Así me siento algo mejor! ¡Algo!”.

En un momento de la narración, se relata que Werther conoció a un criado que, al haberse enamorado de su patrona, decidió cometer un asesinato. Es muy ilustrativo conocer sus pensamientos al respecto, ya que, así se haya tratado de una conducta muy extrema, él decía entender los motivos del criminal y no le juzgaba por haber cometido tal acto. Esto lleva a pensar que, probablemente, Werther habría sido capaz de llevar a cabo alguna acción semejante.

Hay un punto muy interesante y es, justamente, una de las razones que me desencantó de la novela (la bajé del pedestal en el que la tenía). Si bien la historia inicialmente se entiende mediante cartas que Werther envía a Wilhelm (un amigo que nunca apareció), hay un momento en el que la narración deja de ser en segunda persona y pasa a tercera: llega un narrador omnipresente a mitad de la historia para terminar de contarla, y sigue agregando algunas cartas ocasionalmente. Esa estrategia no me resultó satisfactoria ni adecuada estilísticamente.

Acerca de los sentimientos de Charlotte hacia Werther, aquel narrador salido de la nada comenta que, si bien Albert y Charlotte conocían los sentimientos de este, no habían definido exactamente cómo tratar el asunto: Werther era un amigo de la familia y Charlotte no tenía corazón para pedirle que se alejara, aparentemente. De todos modos, me resultaban extrañas sus muestras de afecto hacia él y la condescendencia con la que lo trataba y, efectivamente, hacia el final del libro hay un pequeño episodio en el que ella admite para sí misma sus sentimientos hacia él, mas no es capaz de cambiar el estado de cosas en el que se encuentra.

Después de dicho encuentro, Werther hace los preparativos correspondientes para acabar con su vida: salda sus deudas, escribe algunas cartas, visita ciertos lugares y toma prestada un arma de Albert, la cual le fue proporcionada por las mismas manos de Charlotte, quien, seguramente, temía lo que vendría después.

“Dile a mi madre que tiene que rezar por su hijo y que le pido perdón por todos los disgustos que le he ocasionado. Porque ése era mi destino, afligir a aquellos a los que sólo debía alegría. ¡Que te vaya bien, queridísimo amigo! ¡Que te vaya bien!”.

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La narración del suicidio es desgarradora y, coincidiendo con mi versión de hace media vida, he llorado a más no poder. Cada una de las escenas que se pintan son totalmente conmovedoras.

😎Para finalizar:

Linda historia para conocer los elementos de la narrativa del Sturm und Drang y adentrarse un poco en el romanticismo y el naturalismo del siglo XVIII. La forma de narrar es hermosa, muy sentida y emocional; imprime mucha fuerza en los paisajes, sentimientos y situaciones que revela. Es un libro lindo y adecuado para conocer a qué se parece la depresión.

Un lector poco empático, con gusto por las acciones inmediatas y que no se sienta cómodo con disertaciones de carácter emocional y las descripciones típicas del naturalismo, no se va a sentir cómodo con esta historia. Alguien que no se meta en la época y en el movimiento literario tampoco va a resultar convencido.

Mi veredicto para la relectura fue de 3/5 (¡Cómo cambia la perspectiva!).

Reseña de "La dama pálida" de Alexandre Dumas (padre)

 

“La dama pálida” es un relato corto que fue escrito en 1849. Vampírico, de corte gótico –efectivamente, romanticista–, sin mucho que envidiarle (en la forma) a otros como "Carmilla" de Sheridan Le Fanu. Su lectura me evocó, en varias ocasiones, a "Drácula", de Bram Stoker, en su totalidad.

Empiezo, entonces, con un resumen de la historia y, luego, doy mi opinión general acerca de la misma para quienes desean leerla, o ya la ha leído, para que comparemos puntos de vista.

Resumen de la historia (si no te gustan las historias de vampiros, pero tienes curiosidad 👀):

Se encuentra ambientado en los montes Cárpatos, en un contexto de guerra en el cual la princesa Hedwigia, quien corría peligro, fue enviada a un monasterio lejano para que no pereciera junto con su padre y hermanos.

Camino al monasterio, es asaltada por un grupo de bandidos un tanto salvajes que dan de baja a sus protectores y, por fortuna, en medio de la batalla estos son detenidos por un caballero que, al parecer, es hermano de quien comanda a este grupo. Así, se presentan en la historia Kostaki (el jefe de los bandidos) y Gregoriska, su hermano mayor (quien detiene la batalla), y este último y la Hedwigia, casualmente, se enamoran casi de inmediato. Y también, casualmente, Kostaki se enamora de ella.

Acuerdan llevar a Hedwigia a su castillo para que sea custodiada por la princesa Brankovan, madre de los dos jóvenes, quien la recibe cordialmente. En vista de la complejidad de su situación, se le recomienda no salir del castillo. Mientras tanto, el amor de Hedwigia y Gregoriska crece y, por su parte, la obsesión de Kostaki con ella, también.

Giulia Pagano and Christopher Bernau in the Passion of Dracula, cropped
-Gotfryd, Bernard, photographer.
Hasta que, un buen día, Gregoriska declara su amor a Hedwigia y le propone escapar. Ya correspondidos, concertan la huida para el día siguiente. Aparentemente, Kostaki presiente que había algo extraño de por medio y sale en búsqueda de su hermano, con quien tiene un duelo que resulta perdiendo.

Con la muerte de Kostaki, Hedwigia empieza a recibir visitas nocturnas que le producen enorme dolor en el cuello; le dejan pequeñas heridas, como de alfiler, y le producen palidez y agotamiento de muerte, que cada día le hacían más desdichada y amenazaban su vida. Le comenta a Gregoriska todo aquello y este confirma la idea de que estaba siendo atacada por un vampiro.

Planean entonces un contraataque en el cual, finalmente, Gregoriska se enfrenta con el vampiro –Kostaki de ultratumba. Realizan un extraño ritual con la sangre que brotó del corazón de este para deshacer la maldición en Hedwigia, pero este enfrentamiento también le costó la vida a su amado, y era esta la manera en la que se daba por finalizada una maldición que había caído sobre la familia, al extinguirse el linaje.

Fue así como, según lo prometido y evitando males posteriores, huyó a Francia, conservando su palidez cadavérica luego de la experiencia.

Puntos para el debate de la historia:

❤Puntos a favor: la narrativa es bellísima, un estilo gótico que califico como intachable. La musicalidad y la elegancia de la prosa hacen que, de por sí, el texto valga la pena. Por otra parte, me ha llamado la atención el hecho de que, a pesar de la corta extensión del mismo, se expone de maravilla el buen manejo que tiene Dumas para crear ambientes llenos de intriga y suspenso (resalto, sobre todo, un escenario en el que se siente una tensión absoluta).

Y bien, como ya había mencionado, tiene buen manejo de los elementos de la tradición vampírica en la literatura, siguiendo ya el folclore de historias como Drácula, por ejemplo.

👻Puntos... no tan a favor: bueno, hay que partir del punto de que es una historia del romanticismo, que tiene elementos góticos y que es una historia de vampiros, antes de que llueva la sarta de críticas.

Siendo plenamente consciente de que me muevo en este terreno, no puedo dejar de decir que se siente mucha ligereza en la historia y que, desgraciadamente, se vuelve predecible (yo esperaba, en cada ocasión que lo permitía, que siempre pasara lo peor, pero nunca fue así). Por ejemplo, la muerte y transformación de Kostaki en vampiro me resultó ligerísima; la contraposición entre los dos hermanos –como representación del bien y del mal absoluto– me resultó indignante ya que había un momento en el que parecía que cada uno tenía su culpa; ah, y qué decir del enamoramiento a primera vista y la rivalidad que, entre los hermanos, aumentó aún más debido a este factor. Tan típico, tan aburrido…

Lamenté también encontrar cabos sueltos, como la constante repetición por parte de la princesa Brankovan de que “Kostaki ama Hedwigia”, que fue algo que no resultó tener ni la más mínima relevancia. Me decepcionó sentir que este personaje, que tenía un potencial increíble para darle más fuerza a la historia, terminó siendo apenas un adorno del que se podía prescindir. Podría nombrar muchos más elementos que considero que fueron un desperdicio, así como algunas incoherencias que no me pasaron desapercibidas.

Tampoco me quiero pronunciar sobre el final, porque tiene una referencia que no puede explicarse por sí misma.

En conclusión, si el lector es ávido de historias de vampiros, es necesario, por cultura general, tener esta experiencia. Por lo demás, no creo que se estén perdiendo de mucho.

© K. Sánchez (14/03/22)

Reseña de “Antes del fin” de Ernesto Sabato

 

No soy muy dada a la lectura de escritos de carácter autobiográfico, pero este libro me ha hecho querer acercarme nuevamente a ellos. Yo, de la obra de Sabato, sólo me había atrevido a acercarme a El túnel, y, por cosas de la vida, no se me había dado la oportunidad de volverle a leer hasta que, por recomendación de un estimadísimo amigo (y, de muy buen criterio literario, lo cual puedo ya certificar), di con esta preciosidad.

Añado, además, que llené el texto de banderitas porque había cantidad de cosas súper inspiradoras para mi gusto, así como parrafillos que, realmente, merece la pena repasar varias veces, y con toda la atención posible.

Este libro, que es un conjunto de reflexiones que no sigue una cronología lineal, tiene un montón de cosas llamativas, ya que son chispitas de recuerdos e inspiraciones que brotaron del autor a sus 86 años, haciendo ya una pequeña retroalimentación de las impresiones de su vida. La primera cosilla que quiero resaltar es que, si bien es un libro escrito en medio del ánimo nostálgico que denota ese ocaso de la vida humana, es un llamado a la juventud para que continúe en la resistencia; en esa que se puede llamar, de alguna manera, la búsqueda de un absoluto, a pesar del trajín con el que cargan las nuevas generaciones debido a todos los influjos que se han ido generando con la historia y todo lo que esta conlleva (a nivel político y económico, principalmente).

Aparte tomado de... alguna página del libro.

Además de ser notoria su sensibilidad hacia la niñez y hacia la juventud, hace múltiples referencias también a la lucha y a la resistencia, contando al lector algunas situaciones en relación con sus inclinaciones políticas y la militancia. No deja de lado (pues se encarga de hacer notar lo estrechamente relacionado que está) el amor que nos liga con este mundo y sus seres para que cada acto sea auténtico, y, a su vez, lo expresa también mediante variadas anécdotas que relacionan a sus padres, a Matilde, a sus hijos, a sus amigos y benefactores, e incluso señala las luces y el ánimo que recibió por parte de varios escritores que también me son bien preciados (y que no pensé que tuvieran relación alguna con él).

Foto ilustrativa de la nota "Borges y Sabato juntos por primera vez",
publicada en la portada de la revista Gente, nº 499
Hace también muchas referencias en cuanto a sus conocimientos científicos (pues, de base, él era físico) artísticos, filosóficos y literarios, que dotan a esas reflexiones de buen grado de elegancia y una profundidad. Admito que se me iluminaron los ojitos y el corazón en algunos capítulos en los que hablaba sobre el oficio de escribir.

Es hermoso. Es inspirador. Me sentí sumamente conmovida con su lectura y, definitivamente, declaro que es de esos libros que es bueno releer en varias etapas de la vida (bueno, siempre y cuando se sienta empatía con el autor y los trocitos de su historia que se permite compartirnos).

© K. Sánchez (08/03/22)

Puntos para el debate sobre la despenalización parcial del aborto en Colombia

Si bien la decisión tomada el día de ayer en sede de la sala plena de la Corte Constitucional en Colombia acerca de la despenalización parcial del aborto ha traído muchas opiniones diversas, este debate, de radical importancia para las mujeres, no es nuevo al interior de la sociedad. Da la impresión de que esta nunca fuera a estar lista para ello, como de que “no estamos listos para esa conversación”.

Una de las luchas más arduas del feminismo en esta época ha sido estructurada, precisamente, por la despenalización del aborto. El hecho de catalogar el aborto como un delito se entiende como una limitación de papá-Estado a la libre determinación de la mujer sobre su propio cuerpo y se inmiscuye desmesuradamente su poder de decisión, esto es, su autonomía, la cual tendría que entenderse como un derecho fundamental. Es interesante ver la argumentación de la Corte en 1994, luego en 2006 (cuando se admitieron las tres causales), y ahora quedamos expectantes a la de 2022.

Se encuentra, entonces, esta configuración liberal de garantizar el derecho de la mujer en contraposición al ideario de que “toda vida es sagrada”. No son desconocidos los argumentos de parte y parte, motivo por el cual me dispongo a poner de presente algunos puntos básicos para que tengan en cuenta dentro de sus discusiones. Seré breve:

1.    La sacralidad de la vida como criterio de doble moral:

Muchas cosas para tener en cuenta. La vida es un derecho fundamental, primero. Seguido de ello, hay que tener en cuenta que el homicidio es un tipo penal que no aplica para el nasciturus (el no nacido), pues este no ostenta, jurídicamente, la calidad de persona humana como tal, lo cual implica que no es preciso pensar en este tipo penal al hablar de un aborto. Si bien hay tipos penales que tutelan los derechos de la madre gestante, esta es una cuestión independiente.

La cuestión de la doble moral, entonces, la resalto debido a que la pretendida sacralidad de la vida se encuentra, en esta sociedad, como un concepto que sólo se usa cuando conviene. No es un secreto para nadie la indignidad de condiciones en la que viven miles de personas en nuestro país (hambre, inaccesibilidad al agua potable, analfabetización, acceso limitado a la educación y otros básicos para formar dignamente a los seres en la integridad que representan –o que deberían representar), además del irrespeto proclamado que nos ha acostumbrado a ser testigos de asesinatos, desplazamiento forzado, violaciones, entre otros.

Que la vida sea sagrada es un idealismo. No tenemos las condiciones para tal. Como sociedad no somos coherentes con ese amplísimo postulado. La carencia de coherencia es innegable.


2.    La prioridad de la mujer en el debate:

No podría criticar, de ninguna manera, el hecho de que los hombres, quienes también conforman la sociedad, tengan algo que decir al respecto, pues todos tenemos derecho a formarnos nuestra propia opinión. Lo verdaderamente cuestionable (y que, según he visto en muchas ocasiones) es que pretendan argumentar que, quienes estamos a favor de una causa como el aborto, estamos equivocadas (porque el discurso va en contra de la mujer) porque somos irresponsables, porque carecemos de principios o porque somos “asesinas”. La opinión del hombre no es más objetiva ni más fiable que la de la mujer, ni tiene más valor que esta, de ninguna manera.

Es una muestra muy clara del patriarcalismo que nos invade. Se habla, se reniega y se insulta, pero muchos son incapaces de reconocer que somos nosotras quienes, en realidad, debemos tener aquí la última palabra.

Son nuestros cuerpos los que están involucrados, es la maternidad la que está en escena; es ese rol que históricamente hemos llevado las mujeres, en vista de la marcada ausencia del hombre en su ejercicio de la paternidad y que, evidentemente, ha marcado la vida de las madres, muchas forzadas a continuar con un embarazo por miedo o por presión social, entre otros.

Quiero traer a colación el tipo penal del embarazo forzado, delito que se da en contextos de conflicto armado (art. 139C de la Ley 599 de 2000). ¿Por qué lo menciono? Para que, si es útil, consideren la idea de que el embarazo también ha sido usado como objeto de dominación por parte de la figura de poder que puede representar el hombre en conjunto con su virilidad, y que trata de imponer a la mujer, sujeto históricamente vulnerable, la procreación misma porque esta es su voluntad. ¿Será el conflicto armado el único contexto en el que se han dado estas conductas?

 

3.    El arraigo primitivo al punitivismo:

Es particular ver cómo la sociedad tiende a encargar al Estado el castigo de montones de cosas que podrían prevenirse sin necesidad de acudir a amenazas de corte penal. El afán de castigar y penalizar cualquier conducta sólo demuestra la poca responsabilidad que el ser humano quiere tener sobre sí mismo, requiriendo amenazas para considerar la posibilidad de aplacar su comportamiento.

Además, el contentillo que se les quiere dar a las masas mediante la penalización sin medidas (la pena de muerte, la creación de nuevos tipos penales o la agravación de algunos ya existentes) sólo constituye un arma del populismo punitivo que funciona a quienes desean acomodarse mejor en épocas de elecciones.

Ahora bien, recuerden que se trata de una despenalización parcial. Y tengan presente que los castigos nunca han sido disuasorios ni ejemplares.

 

4.    La absurda falta de educación sexual:

El primer paso para saber cómo actuar frente a determinado fenómeno consiste en conocerlo a cabalidad. En este contexto tenemos desde padres que no saben ilustrar a sus hijos acerca de la naturaleza del sexo (por falta de tacto, por tabú o porque no les interesa) hasta carencias en las instituciones educativas de programas integrales sobre el tema.

También se conocen muchos casos en los que resulta difícil (y se omite) enseñar a los niños las señales de alarma sobre posibles actos sexuales abusivos que puedan cometerse en su contra, porque los parientes, en ocasiones, suelen estar llenos de un miedo absurdo hasta a enseñarles a sus pequeños que tienen pene o vagina. El acceso carnal violento se empieza a prevenir desde la niñez.

Esa es una muestra de que el sexo sigue siendo un tabú en muchos casos. Hay padres que reprenden a sus hijos si encuentran que estos cargan condones, o humillan a sus hijas cuando se enteran de que estas usan algún método anticonceptivo. El diálogo a tempranas edades sobre el tema también es fundamental, pues es necesario enseñar la naturalidad del deseo y de las relaciones sexuales, lo cual conlleva asumir responsabilidades y conocer las consecuencias de nuestros actos.

 

5.    La falibilidad de los métodos anticonceptivos:

La puesta en escena del tema del aborto pone de manifiesto la fuerte ignorancia que existe sobre el tema hasta en personas que son “educadas”. Ningún método anticonceptivo es 100% efectivo, pero hay personas que dicen que, si una mujer no quiere hijos (recargando nuevamente a la mujer la responsabilidad) debería “cerrar las piernas” (pero muchos juzgan desde la posición en la que evaden su responsabilidad o su participación en el acto sexual).   

En muchas ocasiones los condones se rompen (incluso está el caso en que los sabotean intencionalmente), y hay casos también en los que la píldora del día después tampoco resulta eficaz. ¿Qué hay que tener en cuenta, entonces? Que en muchas ocasiones no es falta de voluntad o de responsabilidad por parte de la mujer (¡y qué desgracia tener que admitir que este sea un peso que carguemos sólo nosotras, cuando ni siquiera nuestras parejas sexuales suelen saber sobre nuestro ciclo menstrual!).

 

6.    El desconocimiento del cuerpo femenino y los múltiples efectos secundarios de los métodos anticonceptivos hormonales:

Reitero la desgracia que padecemos las mujeres al tener que asumir la responsabilidad por la planificación y todo lo que esta implica. Es tema largo que reduciré a que ni siquiera muchas de nosotras sabemos, a ciencia cierta, cómo funciona aquello de la ovulación; no sabemos que apenas son unos pocos días en los que somos susceptibles de quedar en embarazo, y nos vemos subyugadas, desde que iniciamos nuestra vida sexual, a acudir a un método de planificación hormonal que no conocemos del todo, pero con el que sabemos que estaremos más seguras, al menos lejos de un embarazo no deseado (si es que tenemos la fortuna de conocer y de acceder a edad adecuada a métodos anticonceptivos).

Muchos desajustes a nivel hormonal, los cuales tienen consecuencias a nivel físico y mental, se dan a propósito del uso de anticonceptivos hormonales. Soportamos depresión, ansiedad, aumento de peso, cambios en el estado de ánimo, síndrome premenstrual, sangrados anormales, entre otros, que nos hemos visto forzadas a normalizar, mientras que, por lo general, nuestras parejas sexuales no se dan por enteradas. ¡Cargamos con mucho, mujeres!

 

7.    El temor impertinente a que se acuda al aborto como “método anticonceptivo”:

Supongo que las personas que tienen esta percepción imaginan que acudir al misoprostol como método abortivo equivale a tomar una píldora anticonceptiva. Sólo pongo de presente que tomar la decisión de someterse a un aborto es doloroso, porque, sea cual sea la ideología, principios o creencias de la mujer, siempre se está ante diferentes perspectivas y ante lo que implica ese “podría ser”.

Las implicaciones físicas que tiene un aborto son también bastante fuertes, pues, además de tomar una decisión y someterse a un procedimiento (ya suficiente carga moral), este genera suficientes malestares, y puede llegar a tener consecuencias complejas si no se realiza bajo el acompañamiento de un profesional en la materia. No voy a repetir lo que ya sabemos acerca de la cantidad de mujeres que mueren tratando de practicarse abortos clandestinos.

 

8.    El aborto como privilegio de clase:

Por último, si bien las condiciones en las que se dictaminó la despenalización parcial del aborto lo hacen más asequible para todas las mujeres en el territorio colombiano, se requiere de políticas públicas específicas para que este derecho pueda ser garantizado en términos prácticos, sin trabas institucionales; sin esperar tres meses para que la EPS atienda el caso, tiempos largos que pueden afectar nuestra salud física y mental si no estamos en condiciones para dar a luz.

Por otra parte, es innegable que, en vista de las condiciones del sistema de salud, será más fácil el acceso al aborto para aquellas mujeres con cierta capacidad económica (que puedan costearse un médico particular, dado el caso). A su vez, será una opción plausible para aquellas mujeres que cuentan una educación más liberal y más íntegra. Hay muchas que no saben lo que es el feminismo y que, incluso, hasta le temen; hay muchas que no han sido tocadas en su vida diaria por esta lucha.

No considero que el confesionalismo sea el enemigo, pero sí la ciega adoración. No está mal tener un guía espiritual, pero sí es peligroso no cuestionarle. La iglesia católica, estamento descaradamente patriarcal, está enfurecida porque nos extienden un derecho a las mujeres (esta iglesia que no permite sacerdotisas, por ejemplo), y sigue engalanándose en el uso desmesurado del poder que implica inmiscuirse en la conciencia de sus seguidores.

Cabe resaltar que, habiendo puesto de manifiesto lo anterior, este escrito no tiene un propósito de parcializar o convencer a nadie de ninguna posición en particular. La invitación sólo consiste en tener en cuenta que la opinión propia no es absoluta, que no es dado imponer una moral en particular a todos los sujetos (quienes contamos con libertad de autodeterminación); que, independientemente de que estemos o no de acuerdo con el actuar de otras personas, la idea de limitar ciertas conductas penalizándolas no constituye ningún tipo de garantía.

Celebro el debate y que se reconozca a la mujer el poder de decisión en cuanto a asuntos que le competen directamente, y que históricamente ha sido cercenado por la pretendida autosuficiencia del patriarcalismo que nos ha invadido hasta la médula.

Seguiremos pasando por tiempos complicados y seguiremos siendo juzgadas por la puesta en práctica de nuestra libre determinación en estos casos. Siempre habrá quien nos irrespete o quien nos quiera convencer de lo contrario, pero también habrá quién nos apoye en este tipo de circunstancias.

Cada día estamos menos solas y, en casos como este, mujeres, debemos tener el carácter suficiente para hacer valer nuestras decisiones, las cuales, desde siempre, nos han tratado de imponer desde afuera. Tengamos valor, eduquémonos y fortalezcamos nuestro criterio. No temamos a ejercer el papel más activo sobre nuestras propias vidas.

© K. Sánchez (22/02/22)

Reseña de “El demonio del movimiento y otros relatos de la zona oscura”, colección de cuentos de Stefan Grabinski

A pesar de que soy asidua lectora y me considero una buena conocedora del género del terror en la literatura, admito que no conocía a Stefan Grabinski, escritor polaco de inicios del siglo XX, otro de esos muchísimos casos de escritores que, a pesar de su talento, mueren desconocidos, abandonados y en extrema pobreza, dudando de la genialidad de sus creaciones y hasta de su misma cordura:

“(…) Porque, como es sabido, el ideal está en la muerte. El peso de la obra oprime al creador; los pensamientos plenamente realizados pueden volverse amenazantes y vengativos, sobre todo, cuando los pensamientos son descabellados. Abandonados a su suerte, sin ningún punto de apoyo en la realidad, pueden llegar a ser fatales para su creador” (fragmento de “El amo de la zona”).

Polski: skan książki PL (1919) - CBN Polona 
Conocí el libro porque fue publicado por en la colección “Gótica” de Valdemar, que es de mis favoritas; vi entonces su portada y con el nombre me bastó para tener curiosidad inmediatamente por su contenido.

El libro consta de dos partes. La primera contiene nueve historias que están enfocadas, haciendo honor al título, en cuestiones relativas a la física y a los posibles misterios del mundo del movimiento. La mayoría de historias de esta parte del libro (si no todas) se relacionan con trenes, lo cual me pareció supremamente novedoso en relación con la ficción en el terror. Conocía, por ejemplo, en cuestiones de ciencias físicas y literatura de horror, a Leopoldo Lugones y su colección de cuentos denominada “Las fuerzas extrañas”, la cual, debo reconocer, tuve que abandonar porque llegaba a ser agobiante por la cantidad de terminología y conceptos que, para una persona que no tiene conocimientos previos en física y otras ciencias, no llegan a ser del todo comprensibles. Difícilmente deslumbraba algunos de sus panoramas en mi imaginación.

Caso contrario y muy gratificante el haber encontrado en Grabinski una lectura que, independientemente de estar enfocada en la física del movimiento, no deja perder al lector en ningún momento. Me agradó enormemente haber encontrado una temática que no había visto trabajar antes con tanta insistencia, con tanta gracia y con un nivel de desarrollo tan sólido (a pesar de lo fantástico); siempre considero valioso apreciar el contexto y, para el caso, me causa gran admiración que la velocidad y el movimiento de los trenes, imperantes para el desarrollo en el contexto de la vida del autor, hayan sido causa de curiosidad y de inquietud tan grande para generar este tipo de historias.

Así, mediante esta cuestión principal, Grabinski hace mezclas interesantes con temas de tipo sobrenatural, parapsicológico y hasta eróticos (buena jugada, por ejemplo, en “En el compartimento”), y juega de modo muy interesante con cuestiones como puertas interdimensionales (como en “El tren encantado”) y algunos fenómenos relativos a la temporalidad. Incluso hace muchas disertaciones en cuanto a la vida del ser humano y a la percepción que tiene de sí mismo, a la vida después de la muerte (como en “Última Tule”), y también llega a cuestiones como la locura y otras típicas en el plano del horror.

Destaco como mis favoritos, justamente por su fuerte contenido de nostalgia trágica y reflexiva, “El demonio del movimiento”, que fue una muy buena introducción como primera historia de la colección, “El pasajero perpetuo” y “La vía muerta”:

“Allí, no muy lejos, los trenes pasan veloces, las locomotoras corren hacia el ancho y hermoso mundo; aquí, la obtusa frontera de un montículo cubierto de hierba. Es la añoranza que siente un desfavorecido. ¿Lo comprende usted? Una añoranza sin la esperanza de su cumplimiento conduce a un resentimiento que se va reconcentrando hasta que la fuerza del deseo logra imponerse a la realidad complaciente… del privilegio. Nacen energías ocultas; las fuerzas destructoras se van acumulando a lo largo de los años” (fragmento de “La vía muerta”).

En cuanto a la segunda parte del libro, ya con otros centros temáticos, allí se encuentran ocho relatos ya en la vida fuera de los trenes, pero manteniendo el resto de sus inquietudes intactas.

En “Estrabismo” y en “Saturnin Sektor” (ambos espectaculares) tenemos una historia muy original sobre un doppelgänger; en “Gases” hay una historia de brujería; “El amo de la zona” combina cuestiones de temporalidad con algunas criaturas monstruosas, así como “La venganza de los elementales”; “La mirada”, básicamente, habla sobre un trastorno obsesivo de orígenes cuestionables y, por su parte, “El cuento del enterrador” narra la vida de un personaje digno de ser temido. Dejo para el final “La amante de Szamota” porque quería resaltar que, según me he enterado, cuenta con una adaptación cinematográfica llamada “Evil streets”, de 1998 (no la he visto).

Por último, no puedo dejar de destacar la sutileza de la prosa de Grabinski, que no llega en ningún momento a ser vulgar, independientemente de que trate de temas un tanto complejos en ocasiones:

“En un reflejo desesperado, se arrojó a la ventana para saltar por ella. Pero una legión de manos resbaladizas y frías le agarraron por la cintura, le clavaron los ganchos de sus manos en la cabeza, le rodearon el cuello. Wrześmian forcejeó varias veces. Unas uñas se incrustaron a su garganta, otros labios se adhirieron a su sien…

Se tambaleó, apoyó la espalda sobre el marco de la ventana, se inclinó hacia atrás… Sus temblorosos brazos estirados se abrieron en un gesto de sacrificio, y en sus pálidos labios apareció una sonrisa de realización; ya estaba muerto” (fragmento de “El amo de la zona”).

Lleno de fragmentos esplendorosos escondidos en las grietas de ficciones especulativas, algo místicas y siempre empapadas de melancolía:

“Eran las cuatro de la madrugada. Las apariciones nocturnas sobrevolaban en procesión la ciudad, preparándose de mala gana para el viaje de vuelta. Los fantasmas diabólicos plegaban con tristeza sus fantásticas alas, mientras los pensativos ángeles de la guarda, inclinados sobre las camas de los niños, les daban besos de despedida en sus pequeñas frentes” (fragmento de “La venganza de los elementales”).

© K. Sánchez (18/02/22).

La inherente miseria humana y el papel de la fatalidad – Reseña de “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Tibuleac

Esta lectura (de Tatiana Țîbuleac, novela escrita en 2016) tiene mezcladas una buena cantidad de cosas complicadas y súper. Ofrece, además d...